El exitoso marketing de Cristina

Foto: web
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Al jefe de marketing político de la campaña Cristina ya ganó hay que felicitarlo y reconocerle su esfuerzo y creatividad. El hombre ha aprovechado al máximo las cuestiones políticas y también las de la vida para concretar el milagro de la resurrección.

Ha conseguido, en menos de seis meses, corregir los terribles errores que venían cometiendo tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández de Kirchner, desde el comienzo mismo de la asunción de ella, cuando calificó la aparición de la valija de Antonini Wilson como una operación de la agencia de inteligencia norteamericana.

El cambio de humor social que produjo la muerte del ex presidente, la sentida y cuidada puesta en escena de la despedida final, la exaltación de la juventud militante como sinónimo de futuro, sus primeros discursos después de la pérdida haciendo referencia a "El" y su "sacrificio", la prolongación del luto como un recurso no forzado y la extensión virtual del verano como consecuencia de los nuevos feriados son sólo algunos de los hechos que sirvieron para poner a su favor a mucha gente que hasta entonces parecía no soportarla.

Todo esto es cierto. Pero sería injusto explicar la notable subida en las encuestas de la Presidenta sin reconocer, además, la enorme influencia que tiene la economía en el ánimo de los argentinos. Desde la acertada decisión de implementar la Asignación Universal por Hijo hasta la fuerte inyección de dinero que vuelca el Banco Central para multiplicar el consumo y generar, en la clase media, la sensación de que estamos mejor que nunca. Los encuestadores dicen que la intención de voto de Cristina está vinculada a la sensación de bienestar que produce tener algo de plata en el bolsillo. Contra esto, de nada sirve que la oposición advierta que los desequilibrios estructurales de la economía podrían generar una bomba de tiempo en un futuro no tan lejano. Y tampoco parece importar demasiado a una buena parte de la sociedad la teoría de que esto es posible porque un buen día el mundo le empezó a comprar a la Argentina toda la soja que jamás había imaginado vender, a precios exorbitantes.

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