Cristina Kirchner inició este sábado su primer mandato sin la presencia de su esposo, Néstor Kirchner, su mentor y líder político. Su primera presidencia estuvo marcada por el conflicto con el campo, que Néstor lideró, por la crisis internacional de 2008 por la caída de Lehman y por la súbita muerte del ex presidente, el 27 de octubre del año pasado. Entremedio, Cristina continuó con el enfrentamiento con el Grupo Clarín, que se desató apenas asumió, y con el liderazgo de Hugo Moyano en la Confederación General del Trabajo (CGT).
Para darle pelea a Clarín, Néstor y Cristina elaboraron una serie de herramientas que usaron con distinta suerte. La Ley de Medios, la investigación judicial del traspaso de las acciones de Papel Prensa en plena dictadura, el impulso a la causa para determinar el origen biológico de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble y la suspensión de la licencia de Fibertel, la empresa proveedora del servicio de internet que es ahora la “nave insignia” del conglomerado de empresas que conduce aún Héctor Magnetto y más que nada, su futuro.
El permanente reclamo de Moyano de mayor espacio en el andamiaje del poder chocó de frente con la resistencia sin fisuras de la Presidente. Desde la Casa Rosada, de manera mucho más sutil que en el caso del conflicto con Clarín, el núcleo duro del kirchnerismo emprendió una serie de acciones que han puesto contra la pared al moyanismo, algunas de las cuales tienen en la mira el corazón del poder sindical porque han disparado investigaciones por el manejo de las obras sociales y ya tienen entre rejas a dos “popes”, Juan José Zanola y José Pedraza.
El discurso del sábado último de la Presidente ante la Asamblea Legislativa no tuvo el carácter de un discurso fundacional. Fue reivindicatorio de su gestión y de la impronta que dejó Néstor Kirchner, pero fue sí un “texto” que anticipa un nuevo/viejo relato: los próximos cuatro años serán los de la consolidación de lo que, desmañado o a empellones, se inició en 2003.
Sin deudas con terceros, CFK buscará solidificar el movimiento político que, aún en ciernes, debería garantizar la continuidad del “cristinismo” más allá de 2015. La Presidente no se imagina ni despedida del poder ni entregándoselo a un “socio” sin compromiso, como podría ser el gobernador bonaerense Daniel Scioli, según opinan los “ultras” cerca de la primera mandataria.
La construcción de este movimiento político estuvo representada, casi en estado puro, por las banderas que se vieron ondear en la Plaza de los Dos Congresos y luego en la Plaza de Mayo. Es verdad que “La Cámpora”, la agrupación creada por Máximo Kirchner, se mostró como nunca en los actos de reasunción de Cristina, y que avanzó en algunos espacios de poder. Pero no debería confundirse esta aparición escénica con lo que vendrá. Lo que vendrá tendrá el color del pragmatismo, como ha sido hasta ahora, aunque la fuerza de choque en el Ejecutivo y en el Legislativo deje ver las cabezas de los jóvenes con los que Cristina se sintió arropada en los meses que siguieron a la muerte de Néstor.
Para gobernar con un escenario internacional complicado harán falta otros recursos. La Presidente decidió para eso no innovar: los que la acompañaron para sortear la crisis de 2009 están todos en sus lugares. Guillermo Moreno, la “bete noir” del kirchnerismo, recibió un espaldarazo superior al imaginado y comendará la “supersecretaria” de Comercio, tanto interior como exterior. Está claro que se buscará manejar el “grifo” de las divisas como hasta ahora. Es de esperar que las cinco corridas provocadas después del 23 de octubre le hayan enseñado alguna lección a los inexpertos gestores del mercado cambiario.
El elenco estable de ministros y secretarios es más estable que nunca, lo que no quiere decir que nadie esté atornillado a su asiento. Desde el centro del poder, Cristina estará atenta a cada movimiento, cada declaración, con la obsesividad que ya se le conoce con el fin declarado de entregar la posta a un heredero que ya no pueda volver atrás el mecanismo de relojería política que Néstor y ella ayudaron a armar.
Los hombres de negocios, los locales y los extranjeros, pagan caro por tener certidumbres. No importa cuán malas sean las noticias, ellos solo quieren conocerlas de antemano. Está claro que nadie podrá decir que no sabía a qué atenerse.
*Director de gacetamercantil.com
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