El desgobierno escolar

La pobreza de la política y de la gestión educativa es evidente. El gobierno escolar encabezado por Carlos López Puelles se ha transformado en un trofeo para hacer partidismo. Y expulsa a aquellas personas que tratan de hacer algo para que la educación mendocina mejore. El gobierno necesita menos aplaudidores y más educadores.

Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Foto: Pachy Reynoso / MDZ

El domingo 12 de julio del año pasado, casi un año atrás y dos semanas después de perder las elecciones, el gobierno provincial anunciaba la salida de dos ministros cuestionados, para descomprimir la situación política generada tras la estruendosa derrota electoral a manos del Frente Cívico. Uno de los anuncios comprendía la nominación del contador público Carlos López Puelles al frente de la Dirección General de Escuelas. Se trataba del hasta entonces director administrativo del gobierno escolar, un hombre con escasos antecedentes académicos y cualidades desconocidas a la hora de ejecutar estratégicamente políticas educativas, y cuya experiencia en la gestión pública había abarcado un cómodo paso por la Municipalidad de la Capital, con horarios y tareas propias de una “beca” que le permitía desempeñarse a la vez en el ámbito privado.

A medida que fueron avanzando las semanas, a partir de aquella fecha, se supo más sobre al hasta entonces poco conocido López Puelles. Así, y especialmente a través de la investigación periodística de MDZ online, supimos que el candidato -un incondicional de uno de los hombres de confianza de Celso Jaque, el presidente del Instituto de Juegos Daniel Pereyra- tenía una gran predilección por las inversiones y los negocios inmobiliarios millonarios por cuenta propia y de terceros, y que había lanzado casi un millón de pesos en cheques sin fondos que fue cubriendo apuradamente con cifras muy altas, una vez que se lo nominó a la DGE. Y se supo además que su pliego –entonces a estudio de los senadores- era un compendio de desprolijidades.

Todo aquel proceso terminó en una audiencia pública escandalosa, plena de “aplaudidores” oficiales –empleados del casino provincial y de la DGE-, militantes rentados con sueldos públicos, que hicieron todo lo posible para que aquella audiencia fuese apenas una formalidad plena de mentiras e hipocresías, una completa burla a la sociedad mendocina. Con la complicidad de los legisladores de la oposición, que tienen la extraña idea de que el titular de la DGE es algo así como un ministro a disposición plena del Poder Ejecutivo; un contador con experiencia nula en Educación en serio y con extrañas costumbres administrativas fue entronizado en el gobierno escolar. Vale aclarar aquí que si el titular de la DGE debe pasar el filtro del Senado y de una audiencia pública, es porque su rango es Constitucional. Tan importante es que puede ser reelecto –el gobernador de la provincia, no- y sólo puede ser removido si se va, o con un jury de enjuiciamiento.

¿Y después?

Menos de un año más tarde, reconocidas personas de la educación, formadores de formadores que abrevan en el peronismo, comenzaron a irse del gobierno escolar. En pocos meses, tres renuncias resonantes resquebrajaron el habitual muro de silencio que recubre todo cuanto sucede en la DGE desde que López Puelles está a cargo. Así, nos enteramos que el SUTE, el sindicato de los maestros, comenzó a tomar relevancia y poder en la DGE a través de negocios políticos con López Puelles, quien a su vez empezó a hacer partidismo territorial con la educación mendocina. Delegados del gremio que pasaron a ser miembros del gobierno escolar o directamente representantes políticos del contador, son la prueba de cómo la frontera entre el gremio y la DGE que encabeza López Puelles se hizo difusa, tal como denunció la ahora ex directora Rosa Elvira “Rosi” Muñoz. Conceptualmente, la ex funcionaria, un importante cuadro del peronismo, dijo que había que devolverle el gobierno escolar al Estado. En la DGE, se sabe ahora, hay que hacer jaquismo. Algo a lo que cierta dirigencia gremial está bien dispuesta siempre que valga la pena a la hora de los beneficios políticos, o de los otros, teniendo en cuenta el reparto de cargos, viajes, y aumentos.

Celso Jaque termina su gobierno en 2011. Y Carlos López Puelles podrá ser recordado, posiblemente, como el peor titular de la DGE desde 1983 hasta aquí.

¿Qué otras sorpresas habrá en este desgobierno escolar? Hasta ahora parece haberse limitado a inaugurar escuelas con demasiados problemas edilicios, a las tareas rutinarias del día a día, y que ha hecho poco y nada por mejorar una educación en crisis, con maestros pobres, alumnos pobres, y escuelas que en algunos casos no tienen las condiciones mínimas de dignidad para poder trabajar en un ámbito educativo sano, serio, productivo, creativo y eficaz. Todo ello, conocido al detalle por el gremio.

Bastaba con ver los antecedentes de López Puelles para presumir que su gestión al frente de la DGE sería mala. El tiempo transcurrido parece afirmar esta idea. Las víctimas de este desaguisado serán los chicos que mañana no estarán preparados para los niveles educativos más altos, ni para el trabajo, en una Dirección General de Escuelas penosa, centrada en hacer política, en tejer acuerdos con dirigentes del gremio para repartir renta política mutua, y cuya gestión administrativa deberá ser cuidadosamente revisada por quienes se hagan cargo el próximo año: no son pocas las voces que alertan sobre funcionarios de la DGE que podrían tener dificultades para explicar las contradicciones entre sus ingresos y su nivel de vida. A este panorama hay que sumar, claro, conflictos enormes, designaciones dudosas, y papelones varios.

Flaco favor le hacen al gobierno funcionarios ineptos que envían saludos y felicitan por la trayectoria a próceres muertos, o irresponsables que salen de caza en las reservas con vehículos y armas policiales que deberían estar afectados a la seguridad de la población, para nombrar dos ejemplos recientes del show semipermanente de papelones, cuando no ineficacia, ineficiencia, o escándalos de tinte judicial como aquel de la contratación de los Cadillacs; que tienen a maltraer a Celso Jaque. Pero la gestión educativa fue mucho más abajo: se sabía que por falta de competencias, incapacidad profesional, o aun ignorancia, la nueva conducción educativa no iba a estar a la altura de los desafíos de la educación del Siglo XXI. Pero lograron dar un paso más hacia el abismo haciendo politiquería de escaso valor a costa de la educación.

Celso Jaque terminará su gobierno en diciembre de 2011. Es posible que  al final del balance, sea el que más escuelas haya construido comparando con las gestiones de Cobos e Iglesias, por lo menos; mérito -por otro lado- de quienes gestionan y planifican la obra pública provincial. Pero ello resulta insuficiente. La política educativa es otra cosa. Carlos López Puelles, que se ha insertado en el círculo íntimo del gobernador desplazando incluso a sus mentores, será recordado  posiblemente como uno de los peores, si no el peor, Director General de Escuelas que ha tenido la provincia desde 1983 hasta aquí. Cuanto hemos relatado e investigado en el último año, más la huida de importantes educadores del peronismo de éste gobierno escolar, abonan esta presunción que habíamos anticipado en soledad y predicando en el desierto desde el invierno de 2009.

Hoy el gobierno escolar es un coto de caza para hacer política clientelar y, tal vez, negocios. Ese es el resultado de esta gestión. Es justamente lo opuesto a lo que requiere Mendoza en el plano educativo, para ir desandando el empobrecimiento sucesivo y creciente que vivimos desde hace años.

El gobierno necesita menos aplaudidores, y más educadores. Tomen nota.