Solo el significado completo y complejo de la palabra mediocridad puede explicar el comportamiento de personas que se arrogan derechos de opinión sobre situaciones que desconocen y con las cuales no solo no aportan, sino que confunden y ensucian personas -y lo que es más preocupante-, instituciones.
Hasta este momento había optado por no responder ni entrar en polémicas inconducentes acerca de las acusaciones u opiniones vertidas en relación al lamentable fallecimiento del Dr. Humberto Lagiglia acontecido días atrás en San Rafael. Lo hice así por que entendí que responder a las mismas no hacía más que ensuciar la memoria de una de las personas más valiosas que ha tenido nuestra ciudad. Destacar su aporte al conocimiento, al cuidado del patrimonio, o su vocación de servicio seria redundar en aspectos muy bien conocidos por todos aquellos que viven no solo en San Rafael, sino también en el resto del país. Por lo tanto y como respeto su memoria voy a intentar dejar de lado todo comentario que lo incluya en una discusión en la cual él debería estar ajeno totalmente.
Sin embargo este auto impuesto silencio y la negativa a responder se ha hecho insostenible a la luz de la última nota publicada en este medio y firmada por el historiador Pablo Lacoste. En la misma se hace referencia tanto a mí como a mis compañeros de trabajo de una forma que considero injusta e inapropiada y plagada de información totalmente inexacta. Al leer esa nota titulada “La argentinidad al palo” sentí vergüenza por la mediocridad con la que un “intelectual” mendocino trata diversos temas referidos no sólo a la memoria póstuma de un ilustre ciudadano de Mendoza, sino también al uso de sus fuentes de información y a la idea de institución que se desprende de sus palabras.
En cuanto a sus fuentes, el Dr. Lacoste hace suyas las palabras de un desconocido relator, en las que se vierten una serie de apreciaciones completamente erróneas y mal intencionadas. Este manejo inapropiado de la información me hace dudar de su capacidad como investigador y si es esta la forma en la cual chequea su información se me abre un gran interrogante acerca de la calidad de su producción académica.
En segundo lugar y más graves aún, son sus concepciones de Nación e Institución. Al leer estas líneas vertidas por Lacoste solo se me sobrevienen pensamientos aciagos acerca de nuestro futuro como país. En un momento en que el pueblo argentino se aferra a la defensa de sus instituciones que día a día intentan ser tomadas por asalto por los políticos de turno, todavía hay profesionales que no entienden el significado de la palabra Institución. Defienden no solo una idea monárquica de las mismas dando a entender que estas pertenecen a las personas, sino también exigiendo el incumplimiento de las leyes y en última instancia del sentido de nuestra Constitución.
Es necesario que entendamos de una vez los argentinos que las instituciones públicas no pertenecen a las personas particulares, son de la comunidad. El Museo de Historia Natural de San Rafael es de los sanrafaelinos y el patrimonio que en el se encuentra depositado es patrimonio de nuestra provincia. En este sentido, y a diferencia de quienes opinan con total desconocimiento, es destacable la visión que supo tener el Dr. Lagiglia, que luchó para que el museo deje de ser una institución privada y pasara a manos del Estado. Esta es la idea que debemos defender porque es la única forma de que las instituciones perduren y sobrevivan a las personas. Es este sentido, es necesario aclarar que el Dr. Lagiglia no fue expulsado, sino que el municipio cumplió con la Ley de Jubilación redactada en nuestra Constitución, seis años después de que alcanzara la edad requerida para su retiro.
Nunca creí que alguien que prácticamente no me conoce se atreviera a expresar los conceptos que expresó y en la forma que lo hizo de mi persona. ¿Cómo pueden decir que mi tesis doctoral publicada en Inglaterra en el año 2002 y la cual no han ni siquiera leído, es el mismo trabajo que publicara Lagiglia en 1997?. Esta tesis doctoral fue dirigida y corregida por el Dr. Lagiglia por lo que es una barbaridad hacer semejante apreciación. Les pido por favor a todos aquellos que usan el nombre de un prestigioso investigador como Lagiglia para ganar una línea en un diario o un espacio en la radio que se detengan, y si necesitan prensa que sea por sus logros.
La hipocresía y la mediocridad parecen ser moneda corriente también entre los intelectuales y eso es algo que nos debe preocupar y hacernos reflexionar. Es increíble que quienes opinan y hablan de la situación actual del museo, sean personas que no lo visitan desde hace más de una década. Hace 16 años que trabajo allí y jamás se acercaron a colaborar seriamente, a poner el hombro y comprometerse con nuestra Institución pese a que ella los necesitó durante todo este tiempo.
Entre todas aquellas enseñanzas que nos dejo el “Tito”, una de las más valoradas es su idea de la creación de un museo de puertas abiertas y es por esto que llamo a todos aquellos que muestran su preocupación diariamente por los medios, incluyendo al Dr. Lacoste, a que se acerquen al mismo. El Museo de Historia Natural de San Rafael no tiene dueño, los necesita a todos y los espera con las puertas abiertas, especialmente a aquellos que vengan con ganas de trabajar y aportar, sin objetivos mezquinos, es tiempo de hacer y no de decir. Les aseguro que se puede hacer mucho sin necesidad de esperar la decisión de los políticos, los desafío a que no nos escondamos detrás de ellos y tomemos el ejemplo del Dr. Lagiglia que supo junto a cientos de sanrafaelinos construir una institución que es ejemplo en nuestra provincia.
Para terminar, solo quiero decir que quienes trabajamos a su lado por casi dos décadas tuvimos la suerte de disfrutarlo y aprender a su lado, reunir experiencias y gozar de su vitalidad y decencia. Este legado es un patrimonio personal nuestro que por más que se diga lo que se diga, nadie nos lo podrá quitar jamás, ni siquiera aquellos que nunca estuvieron y que hoy se arrogan derechos y sentimientos que no sólo nunca tuvieron, sino que tampoco fueron correspondidos por la persona que hoy dicen honrar.