Los mendocinos despiden a Juan Manuel Valverde

El último adiós al psiquiatra mendocino que dejó su huella en la gente y en la ciencia. Un trabajo de Yésica Robert y el apoyo de Raúl Lilloy.

 La presente nota es a modo de homenaje de personas relacionadas con la cultura o la ciencia que han escritos unas palabras en honor a este gran figura mendocina y algunos fragmentos de su obra.

Fue autor del libro “Reflexiones de un psicoterapeuta latinoamericano” y de innumerables trabajos académicos y artículos.

Dentro de sus actividades podemos resaltar: Ex-Jefe de Servicio “Infanto Juvenil Hospital el Sauce”. Coordinador de los infantos juveniles de la provincia en Salud Mental. Profesor titular en la Facultad de Psicología de la “Universidad Católica de Cuyo” en Psicología General I y II, Biotipología y Caracterología. En Enfermería Universitaria: Profesor Titular Clínica Psiquiátrica. En “Facultad de Antropología Escolar”: profesor titular Sistemas Psicológicos Contemporáneos I y II. “Universidad Nacional de Cuyo: Profesor invitado para desarrollar Ontoanálisis. Director del gabinete de investigaciones psicológicas de “Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Cuyo”.

A pocos días del fallecimiento del Dr. Juan Manuel Valverde reconocido psicoterapeuta mendocino algunos personajes de la cultura y de la ciencia o quisieron dejarlo partir sin un homenaje, y por ello escribieron estas palabras en su honor y en su memoria.

Comentarios de personas que conocieron a Juan Manuel


Siempre presente, te amamos viejo querido de Juan Manuel, Eduardo, Roberto y Dolores Valverde

Los padres dejan legados. Siempre. Difícilmente un padre no deje un legado en un hijx. Ese legado puede tener mil formas, mil caras, posiblemente formas tan distintas como maneras de “ser padre” hayan construidas y se puedan construir.

Tu legado te trasciende y nos trasciende porque tu mensaje es presente, pero también es futuro. Escucharán tus nietxs de forma permanente de boca de sus padres y madre la importancia de “elegir en libertad” de “encontrarnos con el otro y para el otro” de “ser haciéndonos ser” porque somos siempre hombres y mujeres en “devenir” porque somos “seres inacabados” intentando siempre encontrar las decisiones que nos acerquen a una vida colectiva justa, lejos de la avaricia, el egoísmo y la lógica perversa del capitalismo salvaje y el “sálvese quien pueda”.

Tus hijxs de distinta forma hemos intentado (y seguiremos intentando) caminar por senderos de libertad. Nos diste herramientas para ello. Nos permitiste elegir nuestras actividades (hoy) profesionales sin ningún tipo de condicionamiento más que el enorme deseo de vernos “recibidos”. Jamás nos juzgaste en absolutamente nada. Siempre nos acompañaste. Casi siempre con pocas palabras, las justas y necesarias. A veces solo con tu mirada y tu sonrisa suave. Nos abrazaste cuando lo necesitamos, pero también supiste abrir esos mismos brazos para permitirnos elegir, aun sabiendo que a veces nos equivocábamos. Porque de los errores también se aprende.

Nos enseñaste que un título no te hace más que nadie. Sencillamente fue la posibilidad que tuvimos de formarnos donde otros quizás no la tuvieron. Y que ese título deber servir para que todos puedan estudiar si es que así lo desean.

Nos enseñaste que la palabra ética es algo que debe practicarse de manera cotidiana. Y que la práctica de aquella permite descansar sin deberle nada a nadie y te permite mirar a los ojos a tus hijxs sin tener que bajar JAMAS la mirada.

Nos enseñaste que lo importante, lo realmente importante no es cuanto se tiene en términos económicos, sino quienes somos, y que siempre somos con otros. Y que si esos “otros” no pueden ser, entonces nosotros debemos comprometernos para que puedan ser. No tener. Ser.

Nos dejas mucho más que un “apellido”. Nos dejas el valor de tus ideas y el ejemplo inalienable de tu práctica.

Gracias Viejo querido “nosotros llevamos tu sonrisa como bandera”.

Mi primo Cacho, Por Ernesto Suárez

Para muchos fué y será el doctor Valverde, para mí, mi primo Cacho

Comprometido con su ideología, llorando junto a mí la desaparición de su hermano Eduardo de la mano de los milicos.

Mi primo Cacho el que me dio una gran ayuda cuando andaba en la vía allá por Córdoba en los años de estudiante, con el repartimos al aire en el Teatro Pulgarcito los dos solos, las cenizas de mi gran maestro de teatro el Pepe Chiavetta y por pedido especial del artista.

Mi primo, el que se reía mucho de las tonterías que hablo, el que nunca dejó de ver un trabajo mío sobre las tablas.

Va una abrazo primo querido y un hasta siempre. Adiós y gracias, Por Mercedes Fernández

Hasta siempre, querido y admirado doctor Valverde. Tuve, por fortuna, la oportunidad de conocerlo personalmente. Fue médico de mi madre, fue mi ontoterapeuta y luego de mi marido, que fuera colega suyo. Muchas veces hablamos de temas inherentes al mundo de los símbolos, de la función de la memoria, de la conciencia del tiempo, de la condición humana. Le hice varias notas en el viejo y querido diario Mendoza-Hoy, que tuvieron gran convocatoria porque fue un hombre que, con la profundidad de una voz calma y baja, era capaz de pronunciar verdaderas sentencias sobre la libertad, la dignidad, la otredad.

Dicen los que saben, que todo hombre es lo que piensa. La defensa constante de los derechos humanos, una actitud que fue vital en la vida del doctor Valverde, lo calificaría entonces en parte, si esto fuera posible. De aquellas charlas recuerdo claramente que siempre él aportaba la luz del discernimiento y de la perspectiva que adquiriera a raíz de la terrible historia familiar que viviera con el hermano desaparecido. El bien sabía de los temas del dolor y el sufrimiento. Y supo por eso hacernos entender la diferencia entre estas dos situaciones. Escucharlo era estar frente a un hombre que al reflexionar acerca de la condición humana, buscaba pensamientos que estimularan. Entonces evoco ahora esas charlas perdidas en las que quienes lo conocimos, aprendimos que la mente teje las ropas que visten tanto en lo profundo del carácter como en lo externo de las circunstancias, y que si hasta ahora ha tejido ignorancia y sufrimiento, puede tejer claridad y tranquilidad.

Pero siempre las palabras que aparecen a raíz de encontrarnos de golpe con la noticia de la desaparición física de un buen amigo, suelen ser desacomodadas e incompletas. A veces, mejor dicho, generalmente, la aflicción no es buena atmósfera para escribir algo coherente y fundamentalmente, digno. Pero yo quisiera recordarlo siempre así: como un buen amigo cuyo rol fue el de ser fuente a la que se acudía para recuperar el anhelo de que la vida tuviera sentido. Y desde acá, desde la preocupación ante la existencia de vivir, hago silencio para recordarlo.

Lamento que ya no esté con nosotros. Hasta siempre, vuelvo a decir, querido y admirado doctor Juan Manuel Valverde. Y gracias por haberse detenido cada vez que lo necesitamos, a darnos la mano que resultaba imprescindible para entender estas cosas misteriosas del vivir, y con la palabra, su palabra, guiarnos por esa difícil senda de desarrollar en cada uno de quienes lo escuchábamos, la capacidad de entender el mundo.

A su manera, Por Liliana Bodoc

Hay muertes que nos recuerdan que estamos vivos, nos advierten sobre los riesgos del miedo, y nos proporcionan la posibilidad de renacer. Cuando las personas mueren caminando, su huella sigue.

Hace más de cuarenta años, una adolescente sombría y vestida de negro llegó al consultorio del doctor Valverde, cargada de enojos. Y ahí estuvo él, con su templanza y su sonrisa, con su palabra intensa, libertaria, humanista. Desde entonces, aquel modo de entender el mundo es parte imprescindible en cada una de mis decisiones.

Juan Manuel Valverde fue un intelectual de estricta honestidad, fue un pensador creativo que supo traducir en herramientas de cambio personal las más profundas concepciones existencialistas.

Somos muchos los que le debemos el reencuentro con lo mejor de nosotros mismos y con nuestra libertad.

Ahora nos dicen que ya no va a atender en su consultorio.

Por mi parte, seguiré pidiéndole turno cada vez que el miedo me atenace, cada vez que la tristeza me desaliente. La cita será en mi alma.

¡Discúlpeme, doctor, pero me voy a permitir usar esa palabra!

Al fin al cabo, el alma puede ser, ni más ni menos, el sitio donde los vivos y los muertos se sientan a tomar un café.

Estamos tristes pero, usted me lo enseñó, no somos la tristeza.

Gracias doc.

De Liliana Bodoc. Familia Chiavetta Y seremos libres, Por Raúl Lilloy

Un par de días separan las muertes de David Bowie y Juan Manuel Valverde, ahora tripulan la nave SpaceOddity rumbo al Hades o la Nada, no saben bien.

David comanda la nave e intenta, vanamente, comunicarse con la torre de control. Juan Manuel sin embargo permanecerá imperturbable mirando por la escotilla el oscuro y centelleante universo mientras se fuma un habano. Ahora descansa, más imperturbable aún, sin pacientes, sin una dialéctica que arrope ese viaje a la nada, de la que tanto sabía.

La tierra es apenas una esfera celeste, ¿de qué tamaño?, una bolita, como con las que jugaba Juan Manuel siendo chico.

Fuimos los dos inadaptados y si no lo éramos, había que reinventarse como tal, como hizo David Bowie. Yo tenía 13 años, eran las vacaciones, había cursado el primer año en un liceo militar, me había llevado casi todas las materias y mi conducta militar daba pena, entonces no se bien por qué camino me llevaron a un siquiatra, que había sido liceísta, esa condición era tal vez la razón de llegar a Valverde, en su consultorio de calle Garibaldi, a unas cuadras del Hospital Central de Mendoza. Me hizo hacer unos dibujitos, me preguntó si mi padre no parecía un militar, no sé qué le contesté ni cuántas veces más asistí. A partir de allí iba y venía a su consultorio y dejaba de ir cuando me parecía. Después me echaron del liceo, de la facultad en el 76 y en todos esos momentos volvía a terapia y lo que siempre sentí, lo que él me hizo considerar, reflexionar, que ser rebelde no era una maldición, un signo de los perdedores, sino una fuerza, no para autodestruirme o aniquilar la sociedad sino para construir mi propio futuro. De mis visitas a su consultorio durante la dictadura de Videla-Santuccione, recuerdo cierta inquietud, cuando en la sala de espera me encontraba con militantes de los derechos humanos o familiares de desaparecidos que Juan Manuel recibía y daba contención.

Puedo decir de Valverde lo mismo que Tilda Swinton dijo de su amigo David Bowie: “Nos distes a los marginales una rara y extraña compañía. Una hermandad. Nos abrazaste y nos dejaste el brazo sobre los hombros. Y nos mantuviste abrigados y lo seguiste haciendo desde hace, no sé, siglos. Eras, sos uno de nosotros”. Palabras de Daniel Manino

A parte del cariño y afecto mutuo, encontré en Juan Manuel una persona íntegra, muy buen escuchador, observador y colaborador de los problemas y vivencias de sus amigos. Prevalecía el sentimiento, el afecto y la sensación era que tenías un aliado desinteresado. Un apasionado de sus pensamientos e ideales. Voy a extrañar al gran amigo, al profesional, pero por sobre todo a un gran ser humano.

Eternamente Juan Manuel

Juan Manuel Valverde, Por Jorge Barandica

Lo conocía de referencias. Lo había visto algunas veces. Sabía de su compromiso con los Derechos Humanos, de su práctica profesional desde una posición filosófica existencialista, de su amistad y apoyo a personas queridas como Miguel Bigetti, que su libro “Reflexiones de un Psiquiatra Latinoamericano” era texto obligatorio en la Residencia de Psiquiatría en Tucumán, pero desconocido por los responsables de las residencias locales. Pero no lo conocía personalmente.

Por cambios en las circunstancias políticas en el año 2000, fue trasladado al Hospital El Sauce y, allí, designado Jefe del Servicio Infantojuvenil en reconocimiento a su experiencia en el trabajo con adolescentes. En el trabajo cotidiano nos conocimos. Comprometido con las personas que atendía y con el Equipo Interdisciplinario de trabajo, respetuoso de las diferencias conceptuales y teóricas, promotor de debates, divertido, estudioso, tranquilo, siempre abierto a nuevas ideas y abordajes alternativos a las complejas situaciones que atendíamos. Descubrí a un hombre íntegro, coherente, comprometido, amistoso, Un MAESTRO.

Se ha ido un amigo querido, un referente teórico irreemplazable, un Maestro de la psiquiatría de Mendoza. Nos queda su pensamiento, su recuerdo, la fuerza de su presencia cálida en nuestras vidas.

Un amigo, Por Emilio Romero (psicólogo, Brasil)

Mi relación con Juan Manuel es reciente, pero desde el momento que nos encontramos en el Congreso de psicología existencial en Mendoza, 2013, nuestro entendimiento fue espontáneo y fluyente. No fue sólo una cuestión de temperamento ni de estilo personal, que son dos aspectos que generan la mutua simpatía entre dos personas. Existía entre nosotros por lo menos tres puntos más. 

En algunos aspectos teníamos algunas vertientes históricas comunes. Los dos habíamos sufrido los efectos de una dictadura; él en Argentino, yo en Chile. Yo precise emigrar para así reanudar mi proyecto de vida en cualquier lugar que me permitiera trabajar como psicólogo. Los dos abrazamos la causa de un socialismo democrático, sin las imposiciones de ninguna forma de dictadura, con pluripartidismo, elección es libres. Lo esencial era construir una nueva patria que beneficiara a todos los habitantes de una nación; para tan to era preciso justicia social, una de cujas consecuencias es la distribución equitativa de la riqueza.
Existía igualmente un otro punto de convergencia entre los dos: los dos éramos psicólogos y los dosalimentábamos la idea de construir una psicología que reflejase nuestra comprensión de los fenómenos mentales en su conexión con lo económico-social, por un lado y lo histórico existencial, por el otro. Juan Manuel ya había escrito todo en un libro que reflejaba esa postura inicial y numerosos artículos en revistas especializadas. Yo había hecho un trabajo en esta misma línea en mi patria adoptiva, Brasil. 

En aquel Congreso de 2013 trocamos nuestros escritos e iniciamos un intercambio epistolar que nos permitió esbozar algunas ideas que bien pudieran animar a mi amigo a superar las dificultades orgánicas que estaban afectándolo. Pienso que tal vez él consiguió dejar algo escrito en este sentido, aunque más de una vez lamentó no conseguir compenetrarse en su trabajo intelectual debido a sus inconveniencias.

Ciertamente que lo hecho por él da testimonio suficiente para que honremos su memoria y le rindamos el homenaje que tanto por su integridad humana como su competencia profesional merecen. 

Con todo el reconocimiento de nuestra amistad... Sus pacientes su compromiso, de Yésica Robert

Hace casi trece años conocí al Dr. Valverde, durante más de diez años trabajé para él como su secretaria, pero el vínculo humano que se estableció gracias a su calidez lo transformó de jefe en amigo y consejero.

La pérdida de un amigo es un dolorprofundo, hay una perdida nuestra en cada uno de los amigos que parten y más cuando es una persona como el Dr. Valverde, hombre de ciencia, de palabra y de compromiso con la verdad y con los otros.

Más de mil pacientes han pasado por su consultorio, más de miles han sido acariciados por su sabiduría y comprensión. Medico psicólogo y psiquiatra como le gustaba denominarse, "soy las dos cosas", decía, "más psicólogo que psiquiatra, te diría".

Hasta sus últimos días trabajo, atendiendo a sus pacientes (su compromiso y su sentido de vida) y leyendo, siempre en búsqueda de la verdad, de una verdad: la humana.

¿Cuantos pacientes lloraran o lloran su ausencia?

La psicología hoy llora su perdida, su aporte ha sido y es una luz hacia el encuentro con el otro, encuentroque todos los psicólogosdebemos atender en nuestra práctica.

Hombre único, su paso en este mundo, en este tiempo, nos ha enriquecido a todos. Nos enseñó hasta después de su muerte.

Recuerdo unas palabras de saludo de año nuevo que nos dijo a mí y a mi compañero hace unos años: "ojala puedan volar donde todos caminan".

Gracias Doctor, estará siempre vivo en nuestros recuerdos.

Les dejo unpárrafode uno de sus trabajos, que nos invitan a comprometernos cómo él lo hizo:

“… reinsertémonos en un proyecto donde el hombre pueda desarrollar sus potencialidades, donde encuentretrabajo, dignidad y proyecto. Donde la poesía pueble nuestro devenir. Donde la comprensión reine y la solidaridad sea su compañero. Donde el débil sea nuestro compromiso y el fuerte nuestro compañero en el mismo. Rescatemos las flores en su reinado y no marchitas como mercancías. Superaremos la violencia cuando, nuevamente, encontremos la belleza del amor. Cuando logremos ser artífices de lo humano dentro de la humanidad.¡Invito a todos asumir este compromiso!”