Maximiliano y su piedra azul. Final

Walter Greulach es un sanrafaelino nacido en Jaime Prats; hoy reside en Miami y colabora con Mediamza.com a través de esta columna a la que él llama El Quijote Verde. Esta es otra de sus entregas dominicales.

Corría el primer mes del año 2009. La tarde se desteñía en un gris anodino, aplacando colores y encimando distancias. Unas cuantas gaviotas trataban infructuosamente de romper una caja con restos de comida. Serían las seis menos cuarto de un frio dia en South Beach y me disponía a cerrar la casucha de la playa. Apiladas las reposeras, guardados los colchones y las sombrillas, el trabajo de una mas que aburrida jornada había concluido.Busqué el cuaderno donde suelo garabatear ideas y lo guardé en el bolsillo interno de mi degastada mochila negra. La casi total ausencia de turistas me había permitido finalizar un relato de ciencia ficción olvidado por decadas. Estaba terminando la selección del material que integraría mi tercer libro, a salir quien sabe cuando. Las dos obras anteriores, “Luna arubiana” y “Historias de pueblo chico” se vendieron decentemente. Aunque no tan decente como para permitirme vivir de ello. Esta sería mi primera incursión en el genero fantástico.




    Intuyo que se estaran preguntando ¿qué diablos tiene que ver todo esto con el vagabundo y su piedra azul. Paciencia, hacia allí me dirijo, intentaba solo situarlos en tiempo y lugar.De Betico solo supe que, dias despues de nuestra charla nocturna, lo encontraron sin vida en una casona abandonada. Del anillo, pese a que realmente me interesé en averiguarlo, no hallé ni rastros. Pasado el tiempo, ni siquiera me pareció interesante publicar la historia. El tema de los seres de luz era poco original y ya no interesaba a nadie, si hasta mi amiga argentina había enfocado su interés hacia otra area del esoterismo.

    Nunca imaginé que la experiencia con el choller de Santa Cruz fuese a tener tan emotivo como inesperado descenlace.




    Mi hijo mayor vino a buscarme en su destartalado toyota corolla. Le pedí si podiamos, antes de ir a casa, pasar por una librería ubicada en la calle ocho de la pequeña Habana.. Había dejado allí en consignación unos cuantos ejemplares de “Historias…Me resisto a adornar pomposamente un hecho que, por su contundencia, no requiere mas que un simple y lineal relato. Una vivencia que trastocaría para siempre mis creencias sobre Dios y el universo.




    Casualidad…o destino. Esa nochecita, tres semanas atrás, regresabamos del centro por un camino alternativo a la autopista. La I-95 se torna intransitable en sus horas pico. Bajábamos por el Overtown, bordeando el sudeste. Al acercarnos a Camillus House, un albergue para indigentes, algo o alguien acaparó mi atención. Frente a las escaleras del bajo edificio, un hombre negro de pelo cano y bigote oscuro con candado, repartía ropas y comestibles a un nutrido grupo de homeless. Este hecho no hubiese tenido nada interesante si no fuera por el destellante objeto azul que colgaba sobre el pecho del caritativo individuo.

    Le indiqué a mi hijo que detuviera el auto. El corazón me aturdía con su loco tamborileo. El brillo narcótico de la alaha se me hacía insoportable. Subí tembloroso los dos primeros peldaños sintiendo otra vez el sensual cosquilleo. A dos metros de él, me detuve, observando fascinado su espalda generosa, coronada por un grueso cuello y una cabeza relativamente pequeña. Mi voz sonó frágil, asediada por el miedo y la exitación.

    —¿Maximiliano? —balbucié confundido.

    Se dio vuelta poco a poco. El reflejo azul iluminó su barbilla, unos ojos color miel me acunaron suavemente. No se parecía ni remotamente al rubio Betico de Aruba…aunque su mirada y la voz eran las mismas.

    —¡Diego, mi viejo amigo! —exclamó con una alegría inocultable, abriendo sus brazos.— Pensé que nunca vendrías…

 

    El dibujo es del artista plástico paranaense Gito Petersen y esta incluido, junto a una serie de once ilustraciones, en el libro Awqa Puma, Temporizador (Editorial Palibrio, U.S.A, 2012).

    Quería comentarles que a partir de agosto comenzara a publicarse en Piso Trece, una revista coproducida por argentinos y españoles, mi novela corta "Asesino serial del año". Saldrá en capítulos mensuales y espero que la sigan y la disfruten. http://www.pisotrece.com.ar/

     Gracias por malgastar minutos leyéndome

    Amanecerá y veremos Mendoza linda y querida...