Celso Jaque: el liderazgo y el desafío

MDZ analiza la problemática que enfrenta el gobernador: la provincia, la política, su proyección, aliados y enemigos, la prensa y las cuentas pendientes

 

Una condición innata de los líderes debe ser la convivencia armoniosa con la soledad. Sucede que se los supone al frente, en la vanguardia, punta de lanza en la avanzada de las pretensiones masivas. Sentando presencia en lugares decisivos, el líder asume que su palabra toma el carácter de última palabra. Por eso, para que un líder sea tal, debe llevarse bien con sí mismo. Esto exige el imperio del equilibrio respecto de un mundo interior que lo sostiene y de un mundo exterior que lo pone a prueba y le otorga experiencia. Y no es que no tenga contradicciones, pues todos las tenemos: el verdadero líder enfrenta sus contradicciones y busca armonizarlas gracias a su estado de equilibrio. Las respuestas a esta clase de problemas definen su carácter final y el impacto que sus acciones provocan en las personas por él guiadas.

Ahora bien, cierto es que hay líderes naturales: son aquellos que naturalmente encabezan deseos colectivos, incluso, muchas veces, contra su propia voluntad e incluso, muchas veces más allá de lo que las masas podrían asumir como razonable. Los líderes naturales no fabrican discursos para el convencimiento: ellos mismos, con su ejemplo y su mirada, son el mensaje por todos repetido.

Sin embargo, hay otra clase de líderes: son aquellos que no nacieron naturalmente vanguardistas, pero que soñaron con liderar y trabajaron para ello; aquellos que ganaron condición de liderazgo con el tiempo y que, como Hércules, para entrar al Olimpo debieron sortear durísimos trabajos. Y algo más: debieron hacer un viaje. Siguiendo una definición clásica, no hay líder (o héroe) que llegue a ser tal si antes, no realiza un viaje y vuelve de él con una respuesta para su pueblo. Si no hay viaje, no hay respuesta y si no hay respuesta, de nada sirve el viaje.

En esto está, hoy por hoy, el gobernador de Mendoza Celso Jaque, un hombre que, como muy pocos, ha debido trabajar como abeja obrera para ingresar a un Olimpo en el que descubre que, como alimento, la Reina recibe más amargura que miel. No obstante, atención: si aprende a crecer con lo amargo, la dulzura no será más que un premio exagerado. 

Celso Jaque no nació líder natural. Comenzó su viaje en Malargüe y allí creció en medio de sus sueños de liderazgo, rodeado de silencio y acunado por una ciudad sencilla, que deja ver el cielo. Se destacó como intendente, hizo lo propio como legislador y asumió una campaña con una férrea convicción (y generosos recursos) que lo llevó hasta el último de los rincones de Mendoza. Y ganó la elección y fue gobernador, pero como no encarna el liderazgo por naturaleza, lo que ganó es un cargo y una histórica oportunidad, una prueba de fuego para convertirse, ahora sí, en líder de los mendocinos. Hay algo que juega a su favor: conoce al rebaño, debiera conocerlo, porque no nació privilegiado, sino como uno más remontando el horizonte desde el imposible Malargüe hasta el cuarto piso de un edificio en el Barrio Cívico. 

De cómo convertirse en líder, tratan estos días de Celso Jaque. Y no es fácil: debe administrar el día a día y también proyectar a Mendoza hacia una recuperación institucional y económica. Debe ser gobernador y también aprender a confiar en el gabinete que armó para que ejercite su propia versión del liderazgo. Debe empezar a lidiar con serios problemas estructurales de Mendoza que aún no aborda y con problemas cotidianos, como el caso Rico, que vincula a su gestión con una de las épocas más oscuras de la Argentina y que también desnuda el escaso apoyo que le dispensa el imperio “K”, al que el malargüino ofreció en sacrificio la Dirección de Estadísticas y Censos, la fiscalización y el control de precios locales y la aceptación del huso horario impuesto desde Buenos Aires. 

Mientras Jaque busca su equilibrio, ejercita su soledad y aguarda que su gabinete aprenda a caminar solito, a su alrededor, todo un tablero se despliega en estos días: los caciques pejotistas se le rebelan por lo bajo (sólo Bermejo en Maipú es incondicional y sólo Giménez en San Martín es amigable); Cristina no sólo no lo consiente, sino que lo abandona (es el caso de los demorados $40 millones para seguridad y la publicación de la investigación del “kirchnerista” diario Página 12 sobre Rico); el PJ mendocino (será conducido por Marchena a partir de marzo) en estos momentos, no exhibe envergadura política para fortalecer la gestión; el cobismo –dicen– le “opera” en contra (Marita Perceval, por ejemplo, es quien promueve la reunión de organizaciones de DD.HH con Cristina); San Juan y San Luis cobran protagonismos desusados en Cuyo y la Nación, en un desaforado ejemplo de unitarismo, concentra la inmensa mayoría de los recursos (dirigidos especialmente a la Provincia de Buenos Aires), parte de los cuales, en sus repetidos viajes, Jaque no logra o aún no sabe destrabar. 

A fin de cuentas, el panorama es turbio, Celso Jaque está solo y Mendoza, maltratada. No obstante, es en estos momentos cuando los que no nacieron líderes se pueden recibir de tales. De hecho, el gobierno ya ha comenzado a exhibir algunas pistas para transmitir a la población que, efectivamente, “habrá equipo”, como ocurrió en Uspallata, donde, al menos, se practicó la "concentración" que todo plantel debe ejercitar.

Si miramos el vaso medio lleno, hay tan poco hecho y tanto por hacer que, actuando con convicción y plan de gobierno definido, se puede empezar a marcar diferencias.  

Hace poco, junto a nuestros lectores elaboramos un “Documento para el nuevo gobernador”, que, en breve, esperamos entregarle a nuestro máximo representante. En él están contenidas algunas de las ideas que pueden, según nuestra estimación, marcar un salto de calidad en la gestión jaquista, que será, en definitiva, la gestión de la provincia de Mendoza durante cuatro años. 

Sus puntos fuertes: un plan de seguridad democrático, la educación como instrumento de inserción social y de proyección mundial, reforma política y fortalecimiento de las estructuras partidarias, puesta en valor del Poder Judicial, concursos para empleos públicos, redefinición del sistema de transporte público, ordenamiento territorial provincial, abordaje de la emergencia en salud, desarrollo sustentable minero, transparencia de las finanzas públicas, explicitación de las políticas cultural, turística, deportiva y de vivienda, plan de participación municipal y fuerte política relacional con el gobierno nacional. 

Volviendo al inicio, es claro que Celso Jaque, nuestro gobernador, ya sabe de la soledad y del viaje. Ahora, enfrenta momentos en los que, definitivamente, se mostrará a sí mismo y nos mostrará a todos los mendocinos, si saca chapa de líder. Si así lo logra, conseguirá torcer con la lógica histórica de los cien primeros días de romance popular: a él, como prototipo fiel del malargüino sufrido, todo parece costarle más. Es sólo que ahora el costo de su aprendizaje podemos llegar a pagarlo o a disfrutarlo a futuro todos los mendocinos. 

Al final de su viaje, los líderes reciben su recompensa: el reconocimiento popular. Ojalá, y por el bien de todos, este gobernador logre lo que otros no supieron conseguir.