Es importante sincerar los salarios públicos

Celso Jaque planteó la posibilidad de debatir, racionalmente, los sueldos que el Estado provincial les paga a sus funcionarios. Estas remuneraciones están lejos de acercarse a las expectativas de profesionales prestigiosos o con las capacidades necesarias para hacerse cargo del destino de todos los mendocinos. Hay que revertir esta lógica.

Hace días el gobernador Celso Jaque puso a debate el sinceramiento salarial de la Administración pública. Con buen criterio, ha planteado que el manejo de los recursos públicos necesita de gestores que no sólo sean eficientes y honestos, sino que también sus capacidades estén acordes con su remuneración. Y esto está muy bien.

Cuando les propusimos a nuestros lectores que opiniaran sobre este tema, mayoritariamente se expresaron en contra de algún tipo de adecuación de los haberes de los funcionarios de gestión. Y más allá de esa opinión, creemos que es valioso poner negro sobre blanco una escala que está atrasada, no sólo respecto de otras similares de otros estados provinciales, si no también, de personas que cumplen tareas de responsabilidad similar en el ámbito privado.

Hace muchos años atrás, durante la gestión de José Octavio Bordón, se planteó, creemos demagógicamente, una pauperización de los sueldos de los funcionarios políticos (directores, subsecretarios, ministros y asesores). Obviamente, una medida de estas características fue bien vista, y nadie se animó a plantear un criterio racional en otro sentido.

Tras el paso de los años, la actualidad nos encuentra con que aquellos profesionales capacitados que muy bien podrían hacerse cargo de áreas importantes, sensibles y trascendentes del gobierno provincial, hoy se niegan a formar parte de él. Uno de los motivos principales es que nadie quiere cobrar por una función que de por sí es complicada y exige mucho de vocación de servicio público, una remuneración que está lejos de lo que podría ganar por una tarea similar en una empresa privada.

Asimismo, esto genera que los profesionales jóvenes que ingresan al Estado no puedan plantearse una carrera que sea fuente de motivación y prestigio de cara al futuro. Por el contrario, muchas de estas personas hoy ven cerradas sus aspiraciones pues no logran ni reconocimiento, ni remuneraciones que puedan sostener esas expectativas.

Si a ello se le suma la responsabilidad que puede significar ser director de un área, o subsecretario y ni siquiera hablar de un ministro, más la investidura de un funcionario que representará a todos los mendocinos, la discusión casi se torna insostenible. Necesariamente el Estado provincial debe pagar mejores sueldos para que los mejores estén entre sus filas. El resto es hipocresía y demagogia.

Y ya sabemos, con esa lógica el horizonte de crecimiento sólo puede ser más mediocridad y frustración. Es imprescindible que todos los mendocinos demos un debate serio y racional sobre esta iniciativa que ha planteado el gobernador, y que de una buena vez sinceremos una situación que a la larga terminará siendo más económica y productiva que la actual que parece austera y no hace más que dejar huecos que se llenan con verdad y no con limosnas.