Si uno pregunta en qué se parecen un kirchnerista y un radical ortodoxo, puede estar dando inicio a un chiste (cuyo final, lamentablemente desconozco) o puede estar haciendo referencia al punto común e indiscutible entre estos dos sectores políticos: su odio encarnecido a Julio Cobos por considerarlo “traidor”. Y más allá de los comentarios que desde la cobardía del anonimato se realizan en los foros de distintos medios en este sentido, es mi intención plantear aquí el tema, no tal vez desde la valentía, pero sí con firma de autor.
En mi opinión, algunos dirigentes en los últimos años han visto a Cobos como a un señor prolijito que tiene buena imagen en la gente y que es fácil de manejar. Además de los conocidos casos de un ex Gobernador de Mendoza y de un ex Presidente que siguieron esta línea, hay que sumarle a la lista algunos políticos de un nivel no tan público que pensaron que, por considerarse a si mismo “inteligentes” (que no digo que no lo sean) iban a poder, luego de potenciarlo, manejar a gusto al Cleto para poder cerrar la ecuación presente en sus planes: “su” imagen y “mi” capacidad, son indestructibles. Pero como en todos los intentos de Pinky y Cerebro para conquistar al mundo, la cantidad de variables que tienen que encajar en la dirección correcta hacen que, más temprano o más tarde, algo falle y la tarea de controlar al planeta quede para mañana.
Y lo que falla con Cobos suele ser, básicamente, que el hombre no cambia. Sigue pensando como “antes”, con sus pro y sus contras, pero sin acusar recibo, al menos públicamente, del poder que posee. Así, volviendo al inicio del escrito, tanto kirchneristas como radicales ortodoxos lo eligieron porque era un “hombre común”, y después lo acusaron de traidor por no actuar de acuerdo a sus propios intereses. Si así lo hiciera, ¿no serían los hombres comunes del país los que deberían acusarlo (con razón) de haber traicionado sus ideales?
Me parece que, intentando evitar el facilismo de echarle la culpa al otro, deberían los dirigentes que se han acercado al Vicepresidente hacer un mea culpa: intenté convertirlo, y no pude. No es él un traidor por seguir siendo igual, sino que yo no soy tan inteligente como me creí.
Por otro lado, están los que apelan a echarle la culpa de todo lo que pasa en el entorno clético a la increíble suerte que tiene el hombre para caer siempre bien parado. Sepan disculpar, pero soy altamente racional, y no creo en la suerte. Sé positivamente que si tiro un millón de veces una moneda, la mitad de las veces va a caer cara y la otra mitad seca, y la posibilidad de que mi “suerte” haga que la mayoría de los tiros sean de una sola de estas opciones es (lo siento mucho) nula. Nuevamente, me parece, habría que reconocerle alguna virtud al hombre más allá de su común sentido común.
Así, en contra de lo anunciado entre líneas en varias noticias por estos días, el partido creado por Cobos (ConFe) no va a desaparecer y va a seguir contando con la presencia de ex miembros de la UCR, y el Señor Vicepresidente va a tener en este año un alto protagonismo, para nada casual. Y no es esta una predicción de adivinador, sino una simple lectura de la realidad: la semana pasada, la oposición del Senado llevó un reclamo de treinta y cinco Senadores a la Corte Suprema de Justicia. Esto es, uno menos de los treinta y seis necesarios para que, de estar todos presentes, deba el señor Vicepresidente desempatar en el recinto. O sea, como bien diría un astrólogo, nos espera un 2010 pleno de sesiones en el Senado con desempates del Vicepresidente.
Cada uno medirá si esto es bueno o malo según su punto de vista, pero eso sí, sin tener nada que ver las suertes, las traiciones, y las predicciones, las probabilidades de que esto suceda son altas, muy altas…