La salida de Marchena y la crisis del gobierno: una señal de alerta

"Siempre las pujas intestinas, llevadas a este extremo, ya sea entre dirigentes o entre sectores partidarios, ha derivado en un empeoramiento de la gestión y en la consecución de objetivos que favorezcan a todos los mendocinos".

La partida de Juan Marchena del gabinete de Celso Jaque abre numerosos interrogantes sobre la suerte y la continuidad de la gestión del gobernador. En especial porque quien se va no es un ministro cuya especificidad técnica pueda ser rápidamente reemplazada. Por el contrario, la función del renunciante ministro es la de ser el articulador político del gobernador: aquel que representa y expresa la voz del gobierno en los asuntos más candentes, ya sea de índole institucional, en su relación con los poderes Judicial y Legislativo, con la oposición, con los intendentes, con los sindicatos, con los credos y con la gran mayoría de los actores destacados de la provincia.

Por esta razón, se presume que el dolor de cabeza del gobernador debe ser significativo. Pues, y si bien hay que analizar cuáles han sido las razones que determinaron su alejamiento, Marchena expresa el perfil del dirigente político respetado y respetuoso de institucionalidad y de los protagonistas de esta Mendoza compleja.

Su experiencia política y su habitual trato con hombres y mujeres de distintos orígenes e ideas lo hicieron un dirigente de diálogo y consenso. Su característica simbólica como presidente –nada más ni nada menos- que del partido de gobierno, es decir del Partido Justicialista, hace que el entramado que encierra su salida se haga más que espeso.

Especialmente, porque todas las miradas confluyen en el secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán, a quien las voces en on y en off sindican como el impulsor de una puja política que terminó debilitando al ahora ex ministro.

Sin dudas, el gobierno provincial enfrenta ahora un delicado desafío, que se suma a las dificultades exhibidas en distintas áreas de la gestión, y agravadas con las complicaciones de los últimos días, que se han manifestado en los reclamos de los intendentes por más fondos para llevar adelante sus obligaciones.

Más allá de cómo pueda resolverse la situación y cómo se llenen ahora los espacios vacíos, es importante advertir que no se puede confundir la gestión de la Provincia con las urgencias internas del partido de gobierno. Siempre las pujas intestinas, llevadas a este extremo, ya sea entre dirigentes o entre sectores partidarios, ha derivado en un empeoramiento de la gestión y en la consecución de objetivos que favorezcan a todos los mendocinos.

Es de esperar que el gobernador sepa encauzar esta crisis y de ahí en más conducir un proceso que le permita alcanzar sus objetivos de gestión, pero más allá de ello, solucionar los problemas de los mendocinos. Es Jaque quien debe imponer su autoridad para liderar con racionalidad y mesura este particular momento, que a menos de un año de inciada su gestión, complica aún más, el panorama político.

Si esta señal de alerta no se percibe y no se lee con inteligencia, la lucha por los espacios de poder puede transformar la función de gobierno en una mera carrera por ocupar lugares de privilegio. Y eso, a todas luces, es lo que Mendoza menos necesita.