Nació en el sur de Estados Unidos pero vivió sus primeros años en Venezuela, el país natal de su mamá. Estudió arte en el San Francisco Art Institute, terreno que obviamente le sirvió de pelotero para poder experimentar con diferentes disciplinas: escribir, dibujar, etcétera, pero (paradójicamente) no la de hacer música. Tal vez ese sea el motivo que antes de ir a clases optaba por quedarse en su casa tocando la guitarra. Antes de poder vivir de la música, tuvo trabajos como el resto de los mortales: lavar platos en un restaurante o vender sus dibujos en una galería de arte.
A los primerizos 21 años empezó a editar interesantes discos de la mano del sello Young God Records. Allí cosechó novedosos y frescos trabajos que alertaron a los críticos de rock, recibiéndolo con los brazos abiertos. Grababa las canciones en baja fidelidad y se lo empezaba a etiquetar como el padre de un nuevo estilo de folk (dejaremos de lado la cuestionada etiqueta “freak folk”).
Un poco más adelante, el músico siguió puliendo su sonido y engendró su mejor trabajo: Cripple Crow. Este cuarto álbum de estudio reveló ser más mancomunado que los anteriores. En un terreno distinto (vía el sello XL Recordings), disparó numerosas canciones que hablan desde comer peras en Portugal, de como se siente un niño para todo, de su deseo de tener hijos chinitos y hasta de la música que le gusta. Las influencias de su música son palpables con tan solo una primera escucha: Caetano Veloso, Tyrannosaurus Rex, Atahualpa Yupanqui y Nick Drake. En el 2007 bajo el mismo sello, veía la luz Smokey Rolls Down Tunder Canyon, con colaboraciones de la talla de Gael García Bernal, Nick Valensi (The Strokes) y Vashti Bunyan. Acá Banhart vuelve a fusionar ritmos latinos con anglosajones modelando otra vez su propio estilo: un catálogo que incluyó rock, samba, doo-wop, reggae, y folk que se combinaron formando adictivas canciones como “Carmensita” y “Samba Vexillographica”.
Dos años más tarde, Devendra adoptó una decisión que hizo ruido: su último disco salió bajo el inmenso sello Warner. Y las críticas no tardaron en llover: que se había vendido, que quería ser mainstream, que era un careta y algunas otras cosas más. La experiencia fue suficiente pero no del todo satisfactoria.Tal vez, coincidió que semejante pase de sello se potenció con su cambio de look: se cortó la super barba, el pelo, abandonó las tunicas hiponas y se calzó la campera de cuero.
Devendra confesó una vez: “no estoy hecho para los estadios, yo siempre voy a tocar para esa única persona“. Lamentablemente no canta más para esa sola persona, a menos que ésta se encuentre sola en su cuarto con auriculares. Su nicho de fanáticos engordó a pasos agigantados. Por más que vuelva al sello chico, ya es un artista grande (y bien merecido), estando más cerca del mainstream y más lejos del indie. Banhart ya terminó de grabar su último disco y se rumorea que antes de fin de año pisará tierra argentina por tercera vez para presentarlo y repasar toda su carrera. A cruzar los dedos.
Dijiste que tu nuevo disco va a ser predominantemente oscuro, aunque tendrá sus cositas alegres y bailables. ¿En qué parte del proceso está? ¿Qué nos podés anticipar?
-Lo que yo pienso y la realidad no son muy buenos amigos. Terminamos mezclando el álbum hace unos días y yo estaba seguro que hice uno “oscuro” con unas cancioncitas felices por aquí y por allá, pero como siempre, ¡la realidad es completamente al revés! ¡Coño! Es súper feliz con momentitos melancólicos. La verdad es que me salió el álbum que debería haber hecho hace 4 años.
En el futuro álbum están vos y Noah únicamente. ¿Se puede decir que es casi un disco fraternal tipo CocoRosie? Devendra Georgason y Noah Banhart? ¿Vuelven al sonido low-fidelity de la primera época?
-¡Qué cómica la comparación! En cierto sentido sí, es igual a CocoRosie, porque somos hermanos y tenemos bigotitos, pero creo que la similitud termina ahí. Aunque me encanta CocoRosie y súper respeto la manera que en los últimos años han implementado una gran variedad de disciplinas (video, coreografía, teatro, etcétera) en su música, la relación profesional que tengo con Noah es de escritor y productor, aunque el también escribe y yo también produzco.
Smokey Rolls Down Thunder Canyon, tu anteúltimo disco, tuvo colaboraciones estelares: Nick Valenti (The Strokes), Gael García Bernal y más. ¿El nuevo las tendrá?
-A su manera sí, aunque el 98 % del álbum es Noah, Joe Steinbrick (que toca la guitarra en mi banda, pero tocó el bajo en casi todas las canciones) y yo. También participaron Greg Rogove (batería y xilofón), Rodrigo Amarante (guitarra), Todd “Cadillac Slim” Dalhoff (bajo), mi novia Ana Kras (voz), Bram Inscore (cello) y Bernardo Risquez (voz), ¡Eso es todo! Le pregunté a Robert Wyatt si quería participar, ¡pero estaba escribiendo!
Marc Bolan, Caetano Veloso, Os Mutantes, la Tropicalía, Atahualpa, Víctor Jara y Simón Díaz, son conocidas influencias tuyas. ¿Que música te inspira actualmente?
-Todos ellos todavía, pero en los últimos años también Arthur Russell, Donnie & Joe Emerson, Hecuba, Stray Dog, Dip in the Pool, Francis Bebey, The Grown Ups, Raymond Scott, Helado Negro, Marine Girls, Bob Desper, Lhasa, The Blue Nile, Jimmy Giuffre, Liliput, Chabuca Granda y Jonathan Richman.
Toda la prensa habló de tu metamorfosis de “hippie” a más “rockero” en lo musical y en lo estético. ¿Qué opinás de eso?
-Mmm…. ahora que estoy viejito ya no lo hago tanto, pero de jovencito jugué mucho con la caricatura y la etiqueta de “hippie” que me puso la prensa. Pero no la culpo sólo a la prensa: después de todo, nadie me puso una pistola en la sien y me dijo “¡ponete pantalones oxford!” (risas). Siempre tuve la filosofía de tomarme en serio a la música y no a mí mismo. Una cosa que siempre me tomé en serio es mi arte: es lo que estudié y es mi background. Como dicen, lo de “rockero” es nuevo para mí. Claro, sé que viene de los últimos años que tocaba con banda completa y todo eso, pero en mi vida, mis intereses no son ni hippies ni rockeros. ¡Paso más tiempo en mi escritorio que prendiendo sahumerios o comprando camperas de cuero!
Pasaste por distintos sellos a lo largo de tu carrera, desde el independiente Young Records hasta el mainstream Warner. Ahora volvés al sello chico. ¿Qué ventajas y desventajas tienen esos polos?
-¿Polos? ¿O pollos? (risas) ¡Qué chiste tan malo! Para mí, sacar el último álbum no rompió ningún “código”. Lo único que haría eso es si el sello quiere que cambie mi música o mi arte por razones capitalistas. La verdad es que no fue que yo quería sacarlo en un sello grande más que en uno indie: pasa que lo me prometió Warner fue lo que yo quería (y a mi gran sorpresa no lo había oído de otro sello). La línea está tan borroneada hoy en día que los sellos ya no pueden verse como indie o mainstream: sólo se pueden ver como individuales, y eso me gusta mucho.
El libro de fotos de Lauren Dukoff refleja la gran familia que forman junto con otros artistas como Vetiver, Joanna Newsom, Little Joy, Vashti Bunyan y más. ¿Cómo son esas relaciones?
-¡Justo acabo de hablar con Lo (Lauren) por teléfono! Es como mi hermanita. Wow, ya nos conocemos hace 16 años… ¡Coño! Escribo, hablo, almuerzo, ceno, o bailo con cada una de las personas en ese libro por lo menos una vez por semana.
En tus primeros discos estaba presente Andy Cabic, que luego fue reemplazado por Rodrigo Amarante. ¿A que se debió eso? ¿Fue por Vetiver?
-¡Sí! Vetiver viene tocando y grabando sin parar por ya casi diez años. Andy todavía es uno de mis mejores amigos y cuando tiene un poquito de tiempo toca conmigo, pero estuvo muy ocupado con Vetiver. Por fin este año, en octubre, vamos a hacer una gira por Japón, él y yo solos. Yo acompañándolo con sus canciones y él acompañándome en las mías.
Hay un video tuyo que demuestra tus habilidades para andar en skate. ¿Aprendiste de chico?
-Ayyyy, ¡qué vergüenza me da ese video! Fue muy de casualidad. Mi amigo Laban estaba filmando su show y estábamos todos andando en patineta y dijo: “Oye, ¿por qué no te filmamos? Inventa algo, ¡chamo!” Y así pasó, le digo todos los días “¡Coño, déjame practicar y filmamos algo mejor, pana!” Es el único deporte que hago y esos videos de Powell, Girl, Toy Machine, Chocolate de los 90′s me influyeron mucho.
Cada vez te quedan menos lugares para tatuarte. ¿Cuál fue el primero que te hiciste y cuál fue el último? ¿Te los tatuó Noah?
-Noah sólo tatúa calabazas y frutas gordas. Aunque yo soy una fruta gorda…. coño, ¡lo voy a llamar ahora para que me de mi tatuajito! El primero fue el de las líneas rojas en los brazos, tenía 17 ó 18. El último es de Rodrigo Amarante, es un mono viejo y lo tengo en una pierna, y en la otra tengo una banana que parece un calamar.
En 2005 tocaste vestido de blanco en el piso de la pasarela de Chanel. El año pasado protagonizaste la campaña de Oliver Peoples. ¿Cuál es tu relación con la moda?
-¡Me gusta la moda! Ahhhh, ¡qué dolor tan dulce admitirlo! Cuando es buena, es una disciplina de arte que respeto, no mucho, pero la respeto y la aprecio. En el mundo de la moda, para modelar o tocar en desfiles, casi siempre digo que no, o porque no me gusta la compañía o porque tengo otras cosas más importantes, pero si me gusta o soy amigo del diseñador o diseñadora, es un placer. Con lo de Chanel, dije que sí sólo si Karl me diseñaba un vestido del estilo de Coco Chanel, y con lo de Oliver Peoples, la verdad, ¡no sé qué estaba pensando!
Dibujaste la mayoría de las tapas de tus discos y expusiste en varias galerías. ¿En qué anda el proyecto de tu libro de arte?
-Sigo dibujando, ¡esperando por fin hacer un dibujo bueno! ¡Y puedo decir lo mismo de mi música!
No tenés ni Facebook ni Twitter, dos canales que muchos artistas utilizan para difundir y comunicar lo suyo. ¿Te aburre, no te hace falta, no tenés tiempo?
-¡Es que soy un ludita (los que odian las máquinas) y soy lento con esas cosas! ¡Acabo de abrir unTumblr porque mi manager me rogó! Para el resto, ¡dame 20 años!
¿Cuándo pensás volver a Buenos Aires? ¡Acá la gente te extraña!
-¡Invítame a tocar y me subo al próximo vuelo, che!
*Ping Pong :
¿Un disco? 24/24 music, de Dinosaur L
¿Una película? Paris Is Burning, de Jennie Livingston
¿Un libro? Space Chronicles, de Neil deGrasse Tyson
por Pancho Monti (vía www.dmagazine.com.ar)