Mendoza es una provincia con una importante cantidad de habitantes. Por lo pronto, es la cuarta en importancia en la República Argentina. Desde luego que el Gran Mendoza también se hace fuerte, porque más de un millón de personas se establecen entre Capital, Godoy Cruz, Guaymallén, Las Heras y Maipú.
En toda la provincia hay cuatro canales de televisión por aire; diez radios que transmiten en amplitud modulada; una infinidad de radios de frecuencia modulada; seis diarios en papel; varios on line (liderados por MDZ, obvio…); radios on line; una agenda de espectáculos importantísima, destacada por cuanto visitante llega a nuestra provincia, llena de artistas locales de trascendencia nacional; un equipo de fútbol en Primera División; otro en la inmediata categoría; hospitales y médicos a los que acuden desde cualquier parte del mundo; casas de altos estudios renombradas; calles repletas de bares, restó, pubs y con miles de chicas y chicos mostrando sus caras y sus ropas.
Con semejante movida y movimiento, ¿por qué no tenemos farándula local?
Define la Real Academia Española:
Farándula: mundillo de la vida nocturna formado por figuras de los negocios, el deporte, la política y el espectáculo.
Hace unos días, hablando con el periodista Pablo Pérez Delgado, apareció este tema como principal del la charla. Y quedó picando para esta columna.
La aparición de Pocho Sosa en la campaña de Diario Los Andes y de El Profesor Acaro en el Casino de Mendoza, junto con Hugo Torrente en la campaña de la Tómbola Combinada, son una buena muestra de que de a poco, nuestras caras famosas van copando los medios. Y está bien que así suceda.
Por años, los mendocinos nos hemos acostumbrado a ver caras foráneas cuando algún osado se animaba a llevar a cabo una campaña publicitaria. Es más, aún hoy se siguen viendo. Caras que no están relacionadas con nuestra cultura, con nuestra idiosincrasia, con nuestras calles y con nuestra tonada.
Desde luego que esto sucedió porque los mendocinos no tenemos farándula. Cierta vez, Felipe Staiti contó a quien escribe que el lugar donde más tranquilo se sentía era en Mendoza: “Puedo ir por la calle San Martín caminando o tomarme algo en la Peatonal sin que nadie, pero nadie se arrime”. Cosa imposible para un Enanito Verde en cualquier otra ciudad de América Latina, donde tiene que quedarse dentro del hotel para evitar el acoso.
Para nosotros es normal ver a Gabriel Canci “meditando” en la Fuente de los Continentes, o cruzarnos en el súper con Ricardo Mur, o ver en la puerta de un colegio a Cecilia Ranua esperando a su hijo, o ver entrar a un doyo de calle Colón a Daniel Quiroga para llevar a cabo su práctica de Aikido. Es más, los vemos como un vecino más.
¿Pero de quién es la culpa que nuestros famosos no formen esa farándula? ¿De ellos –que se muestran como humildes vecinos o de nosotros que no le damos el lugar que ocupan?
En la década del 50, los actores del radioteatro eran adorados por la población. No podían caminar sin que les pidieran autógrafos o les sacaran un beso.
Hoy, es casi inimaginable en un poblado como el mendocino.
Pero de a poco se va revirtiendo la situación. Hoy, nuestras conductoras de TV son contratadas para eventos privados y nuestros actores empiezan a animar fiestas empresariales.
Y eso es bueno, porque una industria grande como la artística se empieza a mover, de a poco.
Pero todo ese movida no alcanza para que ese "mundillo nocturno formado por políticos, empresarios y artistas" tenga la repercusión necesaria para ser una farándula menduca con todas las letras.
¿Por qué sera?
¿Será que no hacen el escándalo suficiente para llamar la atención?
¿Será que a nuestros artistas le sobra talento y se vuelven aburridos?
¿Será que la mediocridad de nuestros políticos no alcanza para salir en las fotos de los sociales?
Tal vez sea un poco de cada cosa, pero lo cierto es que perdemos tiempo viendo programas y gastamos plata en revistas con la farándula de Buenos Aires sin pensar que acá tenemos material de sobra para pintar nuestro cielo con estrellas mendocinas.