Crueldad empresarial y la venganza del desempleado

"Recursos inhumanos", del escritor francés Pierre Lemaitre, aborda las perversiones del sistema capitalista exacerbadas en la crisis laboral europea.

Foto: El Periódico
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Pierre Lemaitre sabe provocar al lector, con historias oscuras pero sólidas, que manifiestan las complejas y ambivalentes facetas del ser humano. En Recursos inhumanos (Alfaguara), su última novela traducida al español, el escritor francés navega en las perversidades del sistema capitalista y la turbulenta y viciosa relación entre empresarios y asalariados, con desempleados que se convierten en "expulsados", desdibujando las fronteras emocionales: lo bueno y lo malo terminan distorsionándose en una masa amorfa, realista y perversa.

Alain Delambre es un exdirector de recursos humanos carcomido por su estatus de desempleado de larga data. Con 57 años, le cuesta conseguir un trabajo estable y debe sobrevivir a base de empleos precarios y mal pagos. Arrebatadas sus esperanzas, y en medio de una crisis personal, Delambre recupera su antiguo vigor al quedar preseleccionado para un puesto de su viejo estatus en una poderosa empresa petrolera; sin embargo, la selección final será ambiciosa, cruel y controvertida: por medio de una falsa toma de rehenes, que los aspirantes deberán dirigir en las sombras. Alain resquebraja los lazos con su esposa e hijas, se endeuda a base de mentiras y pisotea sus últimos esbozos de dignidad, todo en pos de obtener el ansiado premio, pero sin advertir que se introduce en una espiral de violencia y locura que lo condenará al sufrimiento.

El autor se inspiró en un episodio real: en octubre del 2005, directivos de la France Televisions Publicité organizaron una falsa toma de rehenes entre sus ejecutivos para seleccionar personal y probar la "cohesión del equipo" de la agencia de publicidad estatal; cinco años después, los organizadores fueron condenados por la Justicia francesa. Lemaitre rescató de ello tanto los tenebrosos detalles como la esencia macabra de un capitalismo azotado por la crisis económica mundial, y traduce esa sensación de impunidad y marionetismo empresarial, el cual parece estar menos propenso en contribuir a un sistema seguro que en sostener las formas correctas por encima de sus truculentas maniobras en beneficio propio.

Delambre es una consecuencia del despiadado actual sistema laboral: un parado que es confinado a los extremos del espectro, donde su bronca no hace más que aumentar hasta convertirse en el germen de la resistencia, fomentando la negación a la cruel realidad y la ansiedad de recuperar lo perdido incluso rompiendo paradigmas, si es necesario. "He tenido mi dosis de desgracia durante unos años, creo razonablemente que ha llegado la hora de que las cosas cambien de rumbo", reflexiona Alain tras espiar a los futuros no-rehenes, los actores farsantes y sus potenciales empleadores. Lemaitre no lo presenta como un héroe social, sino como una víctima que se atrevió a materializar sus rencores, miedos y aparentes sencillas ambiciones, de manera poco ortodoxa y no carente de violencia, en pos de reestructurar su vida, sin percatarse demasiado sobre el impacto de sus acciones en su entorno al apostarlo todo. Un personaje muy creíble e identificable, incómodo e intimidante.

La crudeza narrativa sobre el comportamiento empresarial es chocante. En Recursos inhumanos la crueldad se personifica en la empresa, que trasluce un maquiavelismo peligrosamente expansivo en sus límites: tergiversa y pervierte el concepto de trabajo en pos del servilismo y la pleitesía a la dirección. Así, obtener o sostener un empleo progresivamente más escaso y con una oferta cada vez más competitiva, solo refuerza los aparatos estratégicos del poder económico para manipular a los asalariados desde la culpabilidad y la sensación del privilegio.

Esta novela negra es fiel al estilo que Lemaitre le imprime a sus obras. Sumerge al lector en una vorágine emocional, generando sentimientos volátiles y ambivalentes hacia los personajes gracias al excelente manejo narrativo; plantea tensiones extensas, incluso extremas, sin perder la solvencia ni la solidez argumental del texto; y apuesta a los golpes violentos físicos y psicológicos, a la negatividad imperante como traspolación de la realidad, a la representación de la venganza como una forma perversa de la Justicia y, algo más propio del autor que del género noir, a la deshumanización progresiva del presente.

Nicolás Munilla