Moverse por otros sitios un tanto desconocidos, por más similitudes que existan con las ‘zonas de confort', se traduce en desafíos que pueden salir bien o mal (o más o menos, aunque sería el desenlace menos deseado por el creador). Javier Daulte, uno de los destacados dramaturgos y directores del circuito teatral argentino y popularmente conocido por ser el guionista de exitosas ficciones televisivas, publicó su primera novela El circuito escalera (Alfaguara), con una atracción que recae en una historia sólida y unos personajes que representan la radiografía de la sociedad argentina, las problemáticas existenciales de las personas y las relaciones dinámicas de las familias contemporáneas.
Una historia coral marcada por el ritmo de dos personajes: Walter, un director teatral y de televisión que, en sus cuarenta y tantos años, conoce las mieles del éxito. Casado con Cristina y separado de Marina, Walter intenta construir y comprender la relación con su hijo Martín, un púber de 13 años fruto de su relación con su ex, que inicia su tormentoso andar por la adolescencia; mientras él se autoconduce por el camino del dilema de la muerte. En cuanto a Martín, un viaje a Brasil con su madre representa un punto de inflexión, que marcará a fuego su destino, cuando sea espectador de una escena perturbadora y pese a guardárselo para sí mismo, al mismo instante que su padre atraviesa una experiencia no menos extraña y desconcertante.
El ritmo de la narración está pulsado por una sucesión de episodios que moldean a los personajes y sus vínculos en el transcurso de varios años: embarazos, viajes, amores, peleas, rencores, venganzas, incertidumbres, recuerdos, muertes, dudas y certezas ambivalentes. Tampoco faltan los condimentos que le otorgan la sazón necesaria, como el sexo, las drogas, el sarcasmo y algo de humor. Lejos de cualquier estereotipo, esta obra despliega una red de relaciones desmembradas por las preocupaciones cotidianas y las percepciones disímiles frente a esos hechos. En esa vorágine, Walter y Martín buscan comprender a los demás y comprenderse a sí mismos, ambos conectados mediante situaciones fortuitas que los unen mucho más de lo que ellos se pueden llegar a imaginar.
"Se deduce que la realidad sea independiente de nosotros y de nuestra conciencia es tan solo una creencia. Y esa creencia se debe a que ignoramos que estamos interconectados con otro interruptor (otra conciencia)".
El ambiente del teatro no podía estar ausente en la novela del dramaturgo. Walter no corresponde al formato del ‘personaje que manifiesta la autobiografía' del autor, y aunque pueda considerárselo un débil álter ego, más bien representa aquello que la escena teatral ofrece con cierta frecuencia irregular: una figura que construye su carrera y solidifica su talento en el ‘under' y que, en la plenitud creativa, descubre el éxito en lo ‘comercial', lo que le genera no pocas tensiones internas y externas provocadas por las contrariedades de ambos mundos, desde los recuerdos del pasado y las dudas del presente hasta la incertidumbre y los planteos del futuro.
Daulte elige un lenguaje eficaz, más cercano a la cotidianeidad pero que no se aleja demasiado de la escritura sofisticada; también apela a equilibrar diálogos con narraciones omnipresentes, correos electrónicos con dibujos simples que irrumpen en momentos claves y el manejo respecto a la aparición y desaparición de los personajes, entre la preponderancia de los protagonistas y las contribuciones de los secundarios que enriquecen e impulsan el sentido de la obra, aunque esa categorización sea puesta en duda más de una vez por el propio autor.
El circuito escalera es una pequeña joya literaria que nos hace interpelar a la realidad y las causalidades, y que, a su vez, retrata con perfecta deducción a la verdadera familia argentina.
Nicolás Munilla