Rendición, la obra ganadora del Premio Alfaguara de novela 2017, se sitúa en un feroz conflicto bélico entre dos países, y tiene como protagonista a un hombre que, junto a su esposa y un niño llamado Julio, es obligado a abandonar su vida actual para ser acogido en una ciudad transparente donde la existencia es plena y feliz, un lugar en el cual la intimidad no existe y la igualdad prima sobre cualquier tipo de diferencias.
La novela, en forma de fábula distópica, muestra cómo los seres humanos vamos reaccionando ante el desprendimiento impuesto por la fuerza de la autoridad y, a su vez, somos inducidos a nuevos espacios que nos muestran otra forma de vida. Se trata de la adaptación como supervivencia, que entra en tensión con el miedo a olvidar nuestro pasado, a la incertidumbre del presente y al presunto optimismo del futuro.
"Si me gustaba más o menos el oficio que me tocaba, o la casa que me daban, o no oler a mi mujer como solía olerla, no viene al caso, porque lo urgente en una situación así, creo yo, es acomodarse lo antes posible y no andarle buscando tres pies al gato".
El saber quienes somos en medio de las transformaciones es crucial, dado que el desdichado hombre se aferra a esa idea mientras su antiguo mundo y sus afectos se diluyen entre paredes de cristal y extraños comportamientos de los habitantes de la ciudad transparente. Ese lugar, donde no parece existir una autoridad pero las preguntas incómodas están de más, pretende difuminar todo rastro del pasado, hasta la propia personalidad del individuo, al mismo tiempo que engulle lo negativo y cualquier obstrucción del progreso e impone una felicidad desmedida, omnipresente y apabullante.
Lejos de alguna posible analogía con lo actual, la guerra y el destierro en Rendición caben en un mundo que no trata de la condición del refugiado como persona desplazada por motus propio, sino que fluyen como conceptos vinculados a una metamorfosis de la vida, traslaciones propias que plantean cambiantes formas de enfrentar o asimilar lo que sucede, hasta lograr comprender nuestro propio ser. Algo similar ocurre con la paternidad: el protagonista deja que sus dos hijos vayan al campo de batalla, para luego adoptar un vínculo similar con Julio.
Una obra sin referencias temporales, geográficas y humanas (salvo el pequeño Julio quien, paradójicamente, no habla), con un final melancólico pero extremadamente reflexivo, y que maneja un estilo propio basado en la literatura inglesa fantástica (abundan las referencias a J.G. Ballard) y la narrativa latinoamericana de mediados del siglo XX, la última novela del escritor y periodista español Ray Loriga se pliega exitosamente a las corrientes contemporáneas y vigentes de la ficción.
Nicolás Munilla