“No puedo enseñarles violencia dado que yo mismo no creo en ella. Sólo puedo enseñarles a no inclinar sus cabezas ante nadie aún a costa de sus vidas”.
Mahatma Gandhi.
“Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra... Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios... Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos”.
Jesucristo.
“Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario”.
Ernesto Che Guevara.
A continuación, diálogo textual en Facebook de un grupo de jóvenes mendocinos “bien”, ilustrando sobre las distintas maneras de eliminar “cuidacoches” (se aclara que los muchos errores ortográficos, gramaticales y sintácticos fueron corregidos para hacer más apropiada la lectura).
A - Opino que deberíamos hacer un pozo, meter a todos los cuidacoches de la Arístides y prenderlos fuego o usar sus órganos para alimentar a los perros callejeros.
B- Eso nomás?
A - Y hacerles caca en la cara...
C - Pobres perritos...
B - Yo los mataría y antes de que se le enfríe el cuerpo me los violo, jajajajaja...
D - Jajaja, ¿qué te pasó..?
E - Yo creo que tendríamos que ponerlos atados a todos en pelotas en el edificio más alto de Mendoza, el día más soleado del año y ponerles aceite y Coca-Cola, que se ardan bien ardidos hasta que se desmayen del dolor y después de eso tirarles aceite caliente para despertarlos y mandarlos a dormir con ácido en la garganta.
A - Fui a Johnny Be Good, gloriosamente encontré un lugar en la puerta y una mesita al lado de mi autito. Se acercó rápidamente el joven con zapatillas deportivas con resorte y me dijo “son 20 pesito madre” y le dije, JAAA JAJA, voy a tomar algo acá y lo cuido yo, 20 es lo que tengo para tomarme una cerveza, te puedo dar 5 cuando vuelva. “Pa' la comida amiga, son 20 pe, me va a pagar o no”. ¡NO HERMANO! Estoy estacionando y se pone en el medio del lugar, y bueno, nada, lo tuve que pisar un poco para que se corra. Mala suerte que no se quedó, porque JURO que lo aplastaba.
D - Jajajajaja...
F - ¡Son una plaga! ¡Son peores que las cucarachas! El único cuidacoches buena onda fue el que me dijo “lo que me dé es lo que tenga, todo sirve”. Y de esos hay uno cada mil. Los demás hay que matarlos del modo más doloroso y amputándoles los miembros con material oxidado.
A - Son tan prepotentes, te juro que me nace una bronca que creo que podría sacarles el pito de un tirón, jajajaja...
F - Tendríamos que armar una patrulla anti-trapitos y secuestrarlos y tenerlos en una finca a todos y torturarlos todo el día poniéndoles música clásica y hacerlos caminar con zapatos lustrados.
A - Jajaja... sería genial...
G - Yo creo que deberían ser alimento para dinosaurios.
A - Jajaja.... ¡cortala!.
F - ¡Es buena! Si los enterramos vivos dentro de 100 años se van a convertir en petróleo...
El citado diálogo -enviado por Liliana una dedicada lectora de nuestro diario- es obra de un grupo de jóvenes de Mendoza que ha recibido, largamente, los beneficios que caracterizan a la clase media de buen pasar. No podremos, esta vez, acusarlos de negros de mierda, villeros, pobres o inadaptados de siempre.
Así el asunto, digamos: qué mal estamos haciendo las cosas, si aquellos que fuimos educados, aquellos a los que nos fue mejor, aquellos que supimos de la buena dieta y el amor, de la fe y de la piedad, de la nobleza y los ejemplos familiares, de la vacación y el calor en el invierno, de las escuelas bilingües y los perfumes importados, del rosario colgando del espejo retrovisor y los desfiles de moda a beneficio, del futuro esperanzado y del hermoso pasado, de la caricia nocturna y el sólido apellido, si aquellos que -al fin- fuimos creados en el amor, terminamos así de ciegos, indolentes y violentos, pues entonces, amigos, como raza, hemos perdido definitivamente la batalla.
Digamos lo obvio para que ciertos foristas obvios no se detengan en lo obvio: hay inseguridad, siempre la hubo pero ahora somos más y lo que hacemos halla más eco. A nadie le gusta que lo choreen, que lo estafen o que lo asesinen y si tales cosas le pasan a uno o a un pariente, sí, provoca gran indignación y temor.
A nadie le gusta y, sin embargo, cierto es que prácticamente todos -directa o indirectamente- hemos sido robados, engañados, violentados o asesinados. La inseguridad acapara tanto desvelo en el mundo, porque el peligro de humano contra el humano es una postal de todos y cada uno de los días. Y digamos algo más: muchos cuidacoches y limpiavidrios son insoportables y algunos son violentos; muchos otros son respetuosos y correctos (ciertamente, lo que ocurre con estos jóvenes, ocurre también con los comerciantes, los periodistas, los empresarios, los políticos, los curas, los mecánicos, los hinchas de fútbol o rugby y las señoras que toman té).
Ahora bien, de qué lado del cuchillo o el revólver se para uno ante la vida, habla de cómo somos. Insistamos. Repitamos. Volvamos a la charla citada:
- “Deberíamos hacer un pozo, meter a todos los cuidacoches de la Arístides y prenderlos fuego o usar sus órganos para alimentar a los perros callejeros y hacerles caca en la cara”... “pobres perritos”... “Yo los mataría y antes de que se le enfríe el cuerpo me los violo”... “que se ardan bien ardidos hasta que se desmayen del dolor”... “y bueno, nada, lo tuve que pisar un poco para que se corra”... “armar una patrulla anti-trapitos y secuestrarlos y tenerlos en una finca a todos y torturarlos”... “podría sacarles el pito de un tirón, jajajaja”...
Caín y Caín: aquí vemos, señoras y señores, a nuestros propios hijos -clase media, educación privada, algunos con empleos con buena paga y todos con buen pasar económico- querer matar a sus semejantes, a nuestros propios hijos no reconocidos. Jóvenes que quieren matar a otros jóvenes. Jóvenes que juegan a matar a sus semejantes, básicamente, porque son distintos a ellos.
De todo lo que se supone que el sistema social provee a los más privilegiados, al diálogo de personas indignas, bueno, hay una abismo y una gran sartén en la que todos estamos fritos.
¿Por qué? Porque se supone que si nos fue mejor, deseamos lo mejor; porque se supone que la educación es una herramienta para entender al otro y transformarlo; porque se supone que nos gusta estar más del lado de la solución que del problema; porque se supone que uno se puede convertir de pronto en lamentable víctima, pero no que se prepara para ser cruel victimario; porque se supone que la violencia sólo engendra más violencia; porque se supone que estamos dispuestos a cambiar el mundo; porque se supone que la inseguridad nos preocupa de verdad, tanto nos preocupa que estamos dispuestos a involucrarnos como única salida posible; porque se supone que los malos son ellos, no nosotros, pero no, mire, vea, no es así, no son ellos: somos todos.
- “¡Son una plaga! ¡Son peores que las cucarachas!”, lanzó un muchacho universitario en su participación en el nefasto diálogo.
Tenés razón, pibe, son muchos, muchos más que nosotros,: los pobres son más que nosotros. ¿Te imaginás si todos ellos fueran tan indolentes, maleducados, crueles y violentos como vos? El resultado sería llamado guerra civil o genocidio o desolación absoluta. Sin embargo, por suerte, aunque muchos como vos insistan con criminalizar la pobreza, todavía hay más gente dispuesta a sostener el mundo que a derribarlo. Por eso, aún permanece de pie.
Ulises Naranjo.