En abril de 1884, el reverendo Sneyd-Kynnersley, quien dirigía el internado de Saint George en Ascot, escribió una carta a la madre de uno de sus alumnos. Además de incluir las mediocres notas del joven de 9 años, la carta contenía un comentario sobre su comportamiento: «Muy malo. Es una molestia constante para todo el mundo». A pesar de los reproches, al final el reverendo acababa reconociendo que el joven tenía «muy buenas aptitudes».
Ese niño que de pequeño traía de cabeza a sus profesores era Winston Churchill, el político y estadista inglés más celebrado de la Historia que acabó trayendo de cabeza a muchos otros, como a Adolf Hitler antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
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