Escribo estas líneas afligido. Afligido en un triple carácter: como ciudadano, como católico apostólico romano y como admirador del grupo Les Luthiers, interpretado por Coral Lutherieces.
A nivel cívico, estoy apenado porque considero que todo acto de censura es despreciable. El hecho de impedir, aún con la amabilidad del Padre Pato, la libre expresión –artística en este caso, debe reprocharse y no puede justificarse bajo ningún concepto. Lamentablemente, Malargüe dio otro pequeño paso hacia atrás en esta materia.
En tanto católico, estoy contrariado, pues las palabras del Padre Pato durante la noche del Festival y con posterioridad en los medios de comunicación, no han hecho más que aumentar el ya elevado sentimiento crítico de la sociedad argentina hacia la Iglesia Católica.
Como seguidor de Les Luthiers, me molesta que hayan interrumpido una de sus geniales obras, pues la perspicaz creación del grupo coral merece ser respetada.
Si bien “Educación Sexual Moderna” narra en clave de humor la historia de un sacerdote católico que no asume su castidad, y ridiculiza la postura del Vaticano sobre la enseñanza sexual a los jóvenes, en un Estado laico y republicano como la Argentina es la Justicia el lugar apropiado para dilucidar si esa manifestación artística ha generado o no un daño moral.
Es criticable también la falta de proporcionalidad entre la reacción y la ofensa recibida. Convengamos que una burla al voto de castidad debe haber afectado al Padre Pato en lo más íntimo de su ser, como sucedería con cualquiera ser humano cuya condición sexual, racial o religiosa sea objeto de diversión ajena. No le pidamos que sea invulnerable. Pero él, en tanto sacerdote y ciudadano, debería recordar que Santo Tomás nos enseñó que la prudencia es la “madre” de todas las virtudes. Y no es prudente lo que hizo.
Mucho menos prudente resulta la comparación hecha entre los delitos de censura -entendida en su caso como defensa de la fe- y abuso sexual, en donde claramente confunde la Ley de Dios con las leyes del hombre.
Argentina tiene doscientos años. Llegará el día en que la Iglesia esté totalmente separada del Estado. Y llegará el día también en que los católicos seamos respetados como se respeta a las minorías sexuales o raciales en esta República.