No respira, casi no tose. Sin pulmones ni oxígeno genuino, el gobierno de Jaque va camino al trasplante. Infartados y estresados, sus funcionarios se avejentaron, en tan solo dos años. Volaron a más de 60 del ejecutivo, y plagaron de internas los ministerios. Un circulo áulico, una cámara del silencio en el cuarto piso impidió que la gestión provincial se aceitara.
Cazabán y Leiva tuvieron la llave y los números de la clave. Como un secreto bancario, ni los propios funcionarios pudieron ejercer cierto grado de autonomía para generar iniciativas que contrarrestaran la adormilada gestión de gobierno. Una relación histérica con el multimedio UNO, no ha hecho más que demostrar que el aguijón, este gobierno, lo tuvo clavado ni bien asumió. Los intereses a la cabeza, las concesiones a medida, la pauta publicitaria a pedido.
La más linda de la noche engatusó a un gobernador tibio e inseguro, y, como suele ocurrir, la más linda utilizó sus encantos con furia para planificar la destrucción, tanto como los utilizó para su seducción. Una viuda negra brillante se apoderó con su telaraña de la torpeza de un gobernador soez. Lo entornaron la contempomaria, Vila-Manzano, las mineras, los mazzones.
Los intendentes primero bancaron y luego, lo dejaron de a poquito que naufragara. Hicieron la suya. Se abrieron. Deslealtades peronistas hiladas por infieles y engañeros. Celso Jaque no delibera ni gobierna sino es a través de sus pretores. La pifiada del spot, el matrimonio frustrado con los gansos, el desfile de funcionarios, la indigestión cultural. El desmarque del vice que leyó que al mendocino le gustan los Cobos.
Sin doctrina ni conducción, como un iceberg a la deriva en el desierto. Rifado el peronismo para las próximas elecciones, los dos años larguísimos que le quedan al gobierno serán una Caja de Pandora. Explosión o implosión. Todos los juegos, el juego. Perfume casino. Escandaletes a lo Landete. Desprolijo por donde lo leas y lo veas.
Tan débil se ha mostrado Celso que se le animan todos al tiro al blanco. En su guarida, Jaque no hace más que escabullirse no sólo de la prensa sino de los sectores más críticos. Si tuviera claro dónde ir, le pondría el pecho a la discusión. Pero de ello adolece el gobierno. No hay cuadros afiatados que puedan plantarse y decir “queremos esto para la Mendoza que viene o va”. Hasta ahora, Mendoza vuelve, retrocede y eso no quiere explicarlo nadie. ¿Quién puede justificar el retroceso?
El gobierno necesita trasplante y transfusión de sangre
Sin doctrina ni conducción, como un iceberg a la deriva en el desierto. Rifado el peronismo para las próximas elecciones, los dos años larguísimos que le quedan al gobierno serán una Caja de Pandora.