El 20 de julio, en un editorial, advertíamos sobre la emergencia que vive Mendoza mientras sus dirigentes no saben aún qué hacer, o no pueden, o no quieren hacerlo. Mientras, la pobreza aumenta, el Estado se descompone, y la tensión social comienza a notarse en todos los sectores de la vida económica y productiva de la provincia.
Desde el mes pasado, aunque apenas han transcurrido algunas semanas, la situación es sensiblemente peor. En sólo un mes cronológico ha transcurrido casi un año político. El gobierno, ya débil por la derrota electoral, los tironeos sectoriales, y los condicionamientos de sus aliados; implosionó y quedó virtualmente paralizado durante varias semanas por el escándalo del contrato “trucho” con los Cadillacs, en el que por apenas 315.000 pesos los mendocinos pudimos ver cómo hace las tareas de la gestión esta administración, que tiene ahora a funcionarios imputados por fraude al Estado. A la vez, la Gripe A empezó a retroceder según las sospechosas estadísticas disponibles. Pero desde la portada de este diario la realidad nos sorprendió otra vez, y vimos cómo duermen tirados en el piso los pacientes psiquiátricos judicializados de El Sauce, mientras los funcionarios se echan culpas unos a otros. El ministro de Insalubridad Pública Sergio Saracco, en lugar de resolver este problema que somete a varios mendocinos –desde hace años- a condiciones infrahumanas; se puso a elaborar justificaciones.
Como indicaba todo el mundo sin que el Gobierno abriese los sentidos para anticiparse, el Dengue ya recomenzó la cuenta de víctimas fatales en el Norte argentino cuando aún no se aprende cómo hacerle frente a la pandemia de Gripe A.
El país, en poco más de un mes, ha visto cómo comenzó y terminó un diálogo político que no tuvo como consecuencia más que una foto, un recitado de intenciones y poco más.
El fútbol es, sin embargo, el principal desvelo de un Gobierno al que el propio Papa Benedicto XVI le advirtió que la pobreza en la que viven los habitantes de este país “es escandalosa”, por si no se había dado cuenta por sí sólo.
En este contexto, el discurso de la “distribución de la riqueza” con el que Néstor y Cristina Kirchner diseñaron la matriz de lo que se esperaba fuera el gobierno que “más redistribuyó la renta”, hoy se parece más a un chiste de mal gusto: el que no ríe, llora.
Los Kirchner recuperaron la iniciativa política a costa de tomar medidas que no ayudan al país, ayudados por una oposición desarticulada que sólo se mira en ombligo, ocupada en su internismo. Así, se asumieron medidas de alto impacto fiscal en un momento en que el país no tiene recursos. Vayan como ejemplos el retroceso en el tarifazo del gas (500 millones de pesos) y las transmisiones gratuitas del fútbol (otros 600 millones), o los planes para las cooperativas. Se trata de medidas que seguramente les caerán agradables a la mayoría, pero por las que se van a pagar altos costos económicos, cuando no judiciales y políticos, por no haber sincerado la economía cuando el viento de cola empujaba a la Argentina hacia delante. En este clima, es un pecado de inocencia esperar algún tipo de inversión que genere recursos y trabajo genuino.
Pedir plata en Buenos Aires, el último recurso.
Lo que sospechábamos como un rojo creciente ahora tiene nombre, apellido, y números: Se llama déficit fiscal, y el gobierno provincial necesita por lo menos 300 millones más de pesos para llegar a fin de año. Así, resultan comprometidos todos los pagos del Estado, y el funcionamiento operativo mínimo de varios ministerios. El déficit hace que los ministros ingresen a una interna feroz por el dinero, y brinden así un espectáculo público lamentable. Este déficit significa que la obra pública deberá reducirse casi a cero, con lo que el gobierno de Celso Jaque cumplirá dos años de gestión sin haber levantado ni una sola casa, todo un logro para una administración mendocina –y peronista-, por empobrecida que resulte.
Los escándalos condicionan la acción del gobierno. Al sonado caso de los Cadillacs, se agrega uno con menos prensa (sólo se ocupó MDZ) pero igualmente importante. El designado director de escuelas de la provincia, un contador sin conocimientos ni formación académica sobre Educación, tiene una empresa inmobiliaria y de negocios que entre febrero y julio de este año libró cheques sin fondos por casi un millón de pesos. El dato surgió al raspar apenas en la superficie el pliego del funcionario, que están estudiando los senadores para su aprobación. La oposición –además- ha dicho que el Director General de Escuelas es igual que otro ministro, cuando sobran argumentos constitucionales y políticos para demostrar que no es sólo un ministro político, sino mucho más. Serán también responsables por su designación, y por lo tanto por el futuro de la educación mendocina.
El gobierno sigue sin reacción. Los ministros y secretarios del gabinete que pelean por sobrevivir o por repartirse los restos, se envían mensajes por los medios, y los que tratan de confrontar internamente a Celso Jaque con la realidad terminan marginados, y sus nombres empiezan a formar parte de la ruleta rusa de las renuncias. Jaque decidió no escuchar ni al peronismo en general, ni a los intendentes, ni a nadie que le recite algo distinto a lo que quiere oír. Así, cada reunión en la que se intenta buscar un rumbo, fracasa.
El partido del gobierno, divorciado del gobernador, gasta el tiempo en estériles planificaciones para recuperar el norte, que resultan inútiles porque –justamente- Jaque no las quiere escuchar, y decide encerrarse en su minúsculo grupo de funcionarios cuestionadísimos, esperando quién sabe qué. Mientras tanto se refrendan el tarifazo de luz, se interviene de manera desprolija Obras Sanitarias Mendoza y se aumenta la tarifa de agua, y se sigue ejercitando el kirchnerismo bobo para tratar de conseguir alguna milagrosa ayuda del poder central, más ocupado en su propia supervivencia que en ayudar al gobernador de la provincia en la que el peronismo kirchnerista sufrió la derrota más dolorosa del país. Así, pedir plata en Buenos Aires parece ser la única acción de gobierno concreta para mejorar las alicaídas cuentas provinciales.
Algunos dirigentes del peronismo intentan una reunión de “autocrítica” para tratar de tocar el fondo del abismo y luego buscar un futuro más amable, pero fracasan en el intento. Casi nadie quiso ir. La oposición tampoco aporta gran cosa. El de mayor responsabilidad, el Frente Cívico, está inmerso en sus propias internas y peleas sectoriales. Y no advierten que su obligación es colaborar en la gobernabilidad, y ayudar a Jaque. De lo contrario, el 11 de diciembre de 2011, si ganan, van a recibir tierra arrasada, y una parva inmanejable de problemas sin resolver. El Partido Demócrata, por su parte, está virtualmente “borrado”. Desde el 28 de Junio que no se les escucha nada importante.
Los intendentes, los peronistas y los que no, están sentados sobre una bomba de tiempo; por ser el área del Estado más cercana a la gente. Sus áreas sociales tienen cada vez más trabajo. En algunos municipios del Gran Mendoza se duplicó la entrega de bolsas de comida, y en otros –y de manera casi secreta- envían cartas a los supermercadistas solicitando “colaboración” para llenar los depósitos, que han quedado casi vacíos tras las elecciones. La presión social y los nervios se empiezan a sentir, como la pobreza más pobre. Ayer mismo, unas 500 personas de bajos recursos, la mayoría, ocupó por la fuerza terrenos fiscales en Maipú. También ayer, vecinos exaltados cortaron el acceso sur para que la Justicia y la policía busquen el cuerpo del chico Matías Cardoso (13), desaparecido el miércoles último de su casa. Creen que alguien lo atacó y cayó al Canal San Martín. Y decidieron interrumpir una de las vías de acceso y egreso más importantes del Gran Mendoza un domingo a la tarde. El caos fue memorable. La gente, se nota, está perdiendo la paciencia al mismo tiempo que retroceden sus posibilidades económicas, se precarizan las relaciones laborales, o se pierde más empleo.
Dijimos hace un mes y cuatro días que la provincia ingresaba a una emergencia. Pero nada ha cambiado desde las elecciones. Por el contrario, no hay más reacción que la que pueden aportar algunos funcionarios de manera aislada para apagar los incendios.
Aseguramos también, más de una vez, que aun el gobierno de Celso Jaque, con todas sus debilidades, puede corregir el rumbo para salvar lo que queda, y tratar de colocar a la provincia en mejores condiciones frente a la crisis atacando los problemas más urgentes: Pobreza, empleo, déficit fiscal, servicios públicos, seguridad, producción, y salud. Pero para que ello ocurra Celso Jaque debe evitar que su círculo íntimo siga haciendo negocios escandalosamente, escuchar al peronismo, a los referentes sociales, a las ONG que están cerca de los vecinos, y hacer cambios perceptibles, que signifiquen a la vez nuevas políticas. Debe ser un golpe de timón lo suficientemente importante como para generar cambios profundos, rápidos, y certeros. La política cosmética hecha hasta ahora, desde el comicio, sólo aportó un ministro-ambulancia en al área económica, y un contador cuestionado al frente de la Educación mendocina. Muy poco para una demanda social que crece a medida que la situación empeora. En este contexto, lo más urgente es un plan de emergencia para contener la crisis social por el desempleo y la pobreza en los barrios del Gran Mendoza, algo de lo que ningún gobierno peronista debería privarse.
La Reserva Federal de los Estados Unidos, el propio Barack Obama, algunos presidentes europeos y miembros del BID y del FMI, empiezan a ver señales alentadoras, que indican el principio del retroceso de la crisis internacional. Pero la Argentina en general y Mendoza en particular, están en muy malas condiciones frente a esta oportunidad en un mundo que demanda –especialmente- alimentos. Así como tardamos en comprender la dimensión del problema (la presidenta hablaba del ‘efecto Jazz’ ¿recuerdan?), no acertamos a tomar las medidas anticrisis que son necesarias, y por lo tanto tardaremos mucho más en salir, castigando de paso a la producción de consumibles que el planeta necesita. Mientras tanto, se seguirán perdiendo trabajo, exportaciones, negocios, clientes, y generando pobreza, el activo más peligroso en cualquier sociedad.
Hay quien dice que Jaque ha entendido la derrota y hará cambios. Ojalá sea verdad, porque si no tuerce el rumbo, abre el gobierno al peronismo, y hace una convocatoria social de la que surjan planes concretos para salir adelante, Mendoza estará condenada a sufrir esta crisis económica, y además social, más que ninguna otra provincia de Cuyo. Nos irá, tal vez, como a las más empobrecidas de la geografía nacional, aquellas que no tienen siquiera recursos naturales o mano de obra y profesionales calificados. Y esta provincia, que lo tiene todo, no tendrá nada.
Un destino que, estamos seguros, ningún mendocino desea.