¿Servirá este Pacto Social por la Seguridad realmente para barajar y dar de nuevo? ¿Será sólo una puesta en escena para mostrarse preocupados y calmar los ánimos de una sociedad caldeada por hechos cargados de un inusitado nivel de violencia? ¿Estamos asistiendo, realmente, al nacimiento de una Mendoza más activa y ocupada en solucionar los problemas de fondo cuya persistencia a lo largo de los años provoca violencia e inseguridad?
Es este tan sólo un puñado de las preguntas que surgen, de los cientos de comentarios que hacen llegar los lectores a MDZ y que sintetizan, de algún modo, los dos sentimientos reinantes en la sociedad en la víspera del acuerdo: esperanza y desconfianza.
La gran respuesta que Mendoza aguarda, cada vez con menos paciencia, debe ser construida con recursos técnicos, humanos y económicos aptos por quienes deben conducir el Pacto y que son los que tienen en sus manos el Gobierno. Obviamente, acompañados por todos, ya que no hay espacio para mezquindades cuando de la vida de las personas se trata.
Esa gran respuesta esperada, que se traduciría en una provincia en la que se pueda vivir cotidianamente en paz, resultará perceptible si, antes, se logra contestar a decenas de pequeñas preguntas.
En la capacidad de encontrarle una solución veraz y posible a cada una de las incógnitas que siguen, radica una porción del éxito de la convocatoria formulada por Celso Jaque.
1. ¿Seguirá midiéndose la inseguridad con sensaciones, se esperará al año que viene (tal como se anunció) para contar con un sistema de recolección de datos fiable o tendremos ahora mismo, para arrancar con el Pacto, un mecanismo que permita planificar las acciones a desarrollar?
2. ¿Será posible contar con una policía con condiciones técnicas y humanas intachables?
3. ¿Se perseguirá con todos los medios el tráfico ilícito de todo tipo de objetos, sustancias y productos; armas, drogas y mercancías?
4. ¿Tendremos una estrategia de prevención y desarticulación de bandas y grupos mafiosos?
5. ¿habrá un plan para accionar contra la evasión fiscal de grandes y pequeños contribuyentes por igual?
6. ¿Se revertirá la característica de “círculo vicioso” que constituye el sistema penitenciario provincial?
7. ¿Sabrá el Estado orientar en una alternativa de vida dentro de la ley a quienes delinquieron y pagaron por ello?
8. ¿La gente más desfavorecida tendrá oportunidad de dejar de depender de las dádivas que el Estado le da para recuperar la dignidad de comer en familia?
9. ¿La Justicia arbitrará todos los medios que hacen falta para que la gente no se vea presionada a resolver por sí mismos los conflictos? ¿Se animarán los magistrados a utilizar todas las herramientas legales, sin prejuicios, para esclarecer los crímenes y dejar sin espacio a la impunidad?
10. ¿Se garantizará fehacientemente que todos los niños y jóvenes que están en edad escolar efectivamente vayan a la escuela?
11. ¿No habrá más jóvenes y niños viviendo en las calles de Mendoza, ya sea de la caridad o bien de apropiarse de lo ajeno?
12. ¿Podrán abrirse las escuelas los fines de semana y, de ser necesario, durante las 24 horas del día y de la noche, en función de ofrecer un espacio alternativo a quienes no lo tienen o no lo encuentran? ¿Volverá a practicarse la educación física en las escuelas?
13. ¿Esto último se podrá hacer de una vez, sin que medien presiones sectoriales o factores presupuestarios?¿Habrá algo más que playones deportivos en los barrios; se generará la posibilidad de que niños y niñas conozcan los deportes en vivo y en directo, sin necesidad de tener que verlos por televisión?
14. ¿Logrará articular el Estado con los clubes ya existentes un plan que logre múltiples objetivos: revivirlos, activarlos, integrarlos, renovarse generacionalmente y, además, brindarse como espacios no sólo de contención, sino de formación?
15. ¿La iluminación y la limpieza de terrenos baldíos será una acción prioritaria de todos los municipios, a fin de ganarle terreno a los delincuentes?
16. ¿Se garantizará el acceso igualitario a los servicios públicos esenciales a toda la población?
17. ¿Podrá la gente percibir que existe un “Estado amigo”, no violento y a su servicio, cada vez que vaya a una escuela, un hospital, un registro civil, un centro de salud o una comisaría?
18. ¿Se orientará a las familias que quedaron excluidas socialmente en torno a su reinserción en el mundo actual, valorando y respetando los vínculos intrafamiliares y su pertenencia a la comunidad?
19. ¿Las soluciones habitacionales tendrán en cuenta factores que tienen que ver con la calidad de vida de sus habitantes y del resto del barrio, como el hacinamiento o los servicios básicos que llevan dignidad a las personas?
20. ¿Habrá en Mendoza un abordaje integral, eficaz y con los recursos humanos y económicos suficientes de la problemática de las drogas?
Son demasiadas las cosas que hay que hacer para que el Pacto funcione. Aun, cuando esta es una de las tantas enumeraciones posibles.
Pero, sin ninguna duda, el Pacto Social por la Seguridad no obtendrá resultados si, por lo menos, todas y cada una de estas preguntas son respondidas afirmativamente, con un plan de acción y una agenda de trabajo a lo largo del presente año para dar por iniciado el cumplimiento de estos objetivos.
La sociedad y la dirigencia, deben acompañar el proceso que se propone para Mendoza.
Quienes se animaron a convocarlo, apostando todo, jugando su última carta, tienen el deber de no defraudar.