El día después

Comienza la transición con las primeras definiciones que dejaron en claro las PASO. Las decisiones que hay que tomar.

Foto: Gonzalo Nizza/MDZ
Foto: Gonzalo Nizza/MDZ

La ciudadanía ha decidido quiénes son los candidatos que cada partido político llevará a la elección del 21 de junio. Ese día Mendoza elegirá un nuevo gobernador. Pero no tendrá nuevo gobierno sino hasta diciembre. Serán siete meses entre que se elija a un mandatario nuevo y que el que concluye su mandato le entregue los atributos institucionales.

Sin embargo, esa transición ya comenzó. Con los candidatos ya elegidos en las PASO de este domingo, son ocho los meses que quedan por delante hasta que asuma el nuevo gobernador. 

El primer mensaje de las urnas ha sido importante: la escasa paridad entre fuerzas políticas indica que hay que tender puentes, dialogar.

Aquí, entonces, la cuestión central es el tiempo disponible y qué se puede hacer (y qué no) en ese lapso. Y más allá de que en las elecciones generales la relación de fuerzas cambie, la existencia de nuevas figuras empoderadas por las urnas obliga a que sus voces sean escuchada a la hora de tomar decisiones, sin que deje de actuar el gobernador Francisco Pérez, cuyo deber y responsabilidad de gobernar es hasta el último día de gestión.

Hay cinco ejes que resulta fundamental tener en cuenta en este período de transición.

1- El traspado ordenado. El diálogo entre oficialismo y oposición ha inexistido. La situación en la que se encuentra Mendoza no permite que se continúe actuando de esa forma y debe asumirse el liderazgo sin caprichos ni infantilismos: un diálogo multisectorial serio y responsable. Diversos sectores sociales han propuesto (y se han ofrecido a trabajar en ello) las constitución de una "Mesa de Enlace" que analice rubro por rubro la situación de la provincia y, en un intercambio entre los más diversos sectores de la sociedad, se avance en una serie de coincidencias básicas para las cuales se reclame acuerdo político y políticas de Estado.

2- Empezar a soluciones los problemas. La continuidad electoral y la existencia casi permanente de campañas políticas no pueden distraer a los gobernantes de una misión central: resolver los problemas. Ha llegado el momento en que son más los inconvenientes que las soluciones que se tienen a mano y eso origina que la provincia se encuentre fuertemente endeudada con quienes proveen servicios los suministros que la hacen funcionar. También hay que realizar una ingeniería financiera con habitualidad para pagarle los salarios a los trabajadores del Estado. Esto debe ser solucionado y no es un tema que se pueda dejar "para más adelante". Mes a mes la situación se complica. Día tras día, las deudas crecen exponencialmente.

3- Recomponer la relación con la Nación. Mendoza es parte del país y no puede permanecer aislada. Bajo un régimen unitario en los hechos, no puede permanecer con los puentes rotos. Ni sumisión, ni rotura de lanzas, porque ninguna de esas actitudes benefician a la provincia. Hasta ahora, se ha vivido una lucha interna dentro del oficialismo en la que hasta los principales miembros del gabinete de la presidenta Cristina Kirchner llegaron a Mendoza a hacer campaña en contra del gobernador Francisco Pérez. Superada la instancia, la política partidaria debe dejarle lugar a la política pública, a la gestión y a la grandeza de ser parte de la clase dirigente del país y la provincia.

En los meses que vienen, el gobernador Francisco Pérez convivirá, primero, con dos candidatos a sucederlo y, después de junio, con un gobernador electo. Su poder se encuentra condicionado notablemente y necesitará del apoyo de todos, por Mendoza.

4-Ministros y funcionarios. Durante las PASO, en tanto, gran parte de su equipo de Gobierno y, entre ellos, varios de sus ministros, participaron como precandidatos: lo hizo Diego Martínez Palau, Guillermo Elizalde, Juan Gantus y Rolando Baldasso, pero también segundas y terceras líneas. Entre los que no participaron con candidaturas, también hay ministros a quienes el desgaste les ha llegado o las situaciones a su cargo los han superado y ya no tienen más nada que ofrecer a la misión encomendada.

Por ello, tal vez sea el tiempo de otorgarle al gobierno provincial una última bocanada de oxígeno. 

Y para que ello ocurra hacen falta gestos de grandeza: propios, de los que están en sus puestos y saben que ya no pueden aportar a la gestión y desde afuera, de los que deben considerar la posibilidad de tener un gesto cívico con Mendoza y aceptar un cargo en el Estado con fecha de vencimiento.

Los problemas coyunturales y estructurales no pueden esperar ocho, siete meses para comenzar a ser discutidos. El momento es ahora, que ya hay definiciones en torno a quiénes disputarán la gobernación y resulta más fácil sentarse a la mesa el poder futuro legitimado con la sociedad civil a gestar el cambio de época que la institucionalidad, la economía y la productividad de la provincia necesitan.

5- La ciudadanía. ¿No es la hora de que los mendocinos recuperemos el espíritu de los pioneros? Nos toca a todos reconstruir la provincia. Y aquí también la sociedad debe hacer una mirada introspectiva porque no todos hemos estado a la altura de las circunstancias. Cierto desinterés por la cosa pública, por la corrección en el proceder hace que la culpa de la situación no deba recaer por entero en la dirigencia política. Nosotros somos la misma sociedad que prefiere faltar a la carga pública de participar como autoridades de mesa en las elecciones; la misma que cuando un hijo es reprendido en la escuela, denuncian al docente, aunque tenga razón. Somos los que reclamamos a gritos que todo cambie y, sin embargo, prefiere "voto voluntario", tercerizando su poder electoral en desconocidos, en lugar de sumar su esfuerzo a hacer de nuestro lugar de vida el lugar que soñamos para nuestros hijos.

La disputa política no concluirá tras las PASO. Vienen nuevas peleas. Pero el gobierno no tiene por qué involucrarse de lleno en eso. Para esa tarea están los partidos políticos. Que el gobierno quede al margen de las peleas y se nutra de los mejores. Porque Mendoza no solo lo merece, sino que lo necesita en este momento.