La caja de Pandora que deja al final de su mandato Francisco Pérez, y que todavía no se abre completamente, es una situación no habitual para Mendoza y de extrema complejidad.
Desde MDZ, en numerosas oportunidades, más de las deseadas, fuimos advirtiendo sobre los gruesos errores de gestión habituales del poder y sobre la gravedad de sus consecuencias, de no ser corregidos o rectificados. Lamentablemente, el derrotero del gobernador continuó imperturbable y hoy , el futuro gobierno y el actual, prácticamente ya ido, negocian una ley para afrontar de la manera menos traumática la difícil realidad económica financiera presente.
El proyecto de ley "de transición" o "de financiamiento" ha recalado en la Legislatura y allí de inicio, desafortunadamente, han emergido las diferencias de las diversas líneas, corrientes o intereses particulares que coexisten en el peronismo.
Hay actores ausentes, solo interesados en la campaña presidencial de Daniel Scioli para abrevar de esa fuente en el caso de que fuera electo presidente. Los barones territoriales vencedores en su distrito, molestos con Pérez por ser ignorados en la negociación, quieren asegurar mínimamente sus recursos futuros, por lo que van a imponer condiciones por medio de los legisladores de sus departamentos. Existen también "los molestos y enojados" por la política de Cornejo de poner límite al endeudamiento que solicitaba el Poder Ejecutivo años atrás, y que terminara en la no aprobación del presupuesto. En esta oportunidad fantasean con devolver atenciones al gobernador electo y hacerle sentir el rigor permanente de la negociación dura.
El radicalismo, con asombro y mucha preocupación, está descubriendo el "plácido futuro" que le aguarda, que no imaginaron ni en sus peores previsiones. Y tampoco puede recibir un cheque en blanco y tener las manos libres totalmente, porque no hay espacio ni confianza ciudadana para ello.
Reflexionemos que el financiamiento solicitado, prácticamente seis mil millones de pesos, tiene como único destino el pago de proveedores demorados y los fondos para sostener los salarios de la planta estatal. ¿Y los fondos para infraestructura productiva? ¿Y los fondos para activar la producción? ¿Y los destinados a promover inversiones? Eso es otro tema, de mayor importancia y prioridad y también de mucha dificultad.
Es tiempo de mucha responsabilidad y prudencia. De todos. Sobre todo de la política, la que viene y la que se va.
Y de nosotros, los ciudadanos, para estar atentos, ocupados y para prevenir más desaguisados. Lamentablemente, de nuevo vamos a tener que poner más sacrificio y no exigir demasiado. Pero si tenemos el derecho de no permitir ningún desvarío. No más de ello. Y estemos bien atentos.
Para la dirigencia, directa y especialmente la política, pero que también abarca la de los demás sectores productivos, laborales, sociales, no hay margen de error ni de especulación, pues a los problemas propios, hay que agregarles los naturales de todo proceso preelectoral nacional, con cambio de Presidente, y a la endeblez acentuada de la economía nacional y la casi ausencia de fuentes de financiación, o del alto costo que va a tener la que se consiga. Y nuestra provincia, en esta ocasión, si o si, va a necesitar ayuda de la Nación, pues no alcanzan los recursos propios para el funcionamiento del estado.
Un triste y patético ejemplo de ello lo vemos mes a mes, cuando el gobernador o algún funcionario cercano a él, anuncian, con alivio, que se han conseguido los recursos para el pago de los salarios a los agentes estatales.
En tanto penan los servicios públicos esenciales, el estado de la salud pública especialmente alarma, esta derrumbada la matriz productiva y se multiplican las quejas y amenazas de proveedores postergados, ya castigados por la mora inflacionaria, que incluso ahora temen por el destino incierto de facturas no ingresadas al sistema.
Es tiempo de la buena y correcta política. Señores responsables, honren en esta ocasión el voto que les dio el pueblo antes y ahora, o la responsabilidad de sus funciones de toda índole.
Las dificultades son muchas y los problemas serios.
Estén, por lo menos en esta ocasión, a la altura de las circunstancias. Con mucha responsabilidad y con prudencia.
Caso contrario, la provincia y muchos de sus ciudadanos van a sufrir mucho más de lo deseable y posible y lo demandarán.