Fábrega, cada vez más devaluado

El mendocino Juan Carlos Fábrega está en el peor momento de su carrera política. Debilitado frente a Axel Kicillof, habría pensado en renunciar pero teme las represalias posteriores. Una interna que lo deja al borde de tener que devaluar en el corto plazo.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

 La puja contra Axel Kicillof, encuentra al mendocino Juan Carlos Fábrega cada vez más debilitado. Luego de haber sido duramente desmentido por el ministro de Economía de la Nación y la presidenta Cristina Kirchner, en el contexto de la negociación con bancos privados por los holdouts, el titular del Banco Central, pensó en renunciar.

No lo hizo por una simple razón: el temor al escarmiento que podría llegar luego de tomar esa decisión. No es un dato secreto, los principales diarios del país lo han contado con pelos y señales.

Lo cierto es que, inversamente proporcional a la pérdida de poder de Fábrega, crece imponente la figura de Kicillof.

La jefa de Estado, por caso, cada vez le da más relevancia y escucha sus consejos como no lo hace con ningún otro funcionario. Salvo Carlos Zannini y su propio hijo Máximo Kirchner, el caso del joven ministro de Economía es único.

Según publica hoy Carlos Pagni en diario La Nación, "Kicillof vive una ensoñación. La Presidenta colocó a sus pies la gran maquinaria peronista para que él ponga a prueba su tesis más controvertida: la que afirma que la Unión Soviética fracasó por un déficit de software".

La tesis del ministro es arriesgada, ya que según los manuales del comunismo ruso, la inflación y la recesión no se deben a un desequilibrio de las variables económicas, sino a la perversidad constitutiva del mercado.

"El precio, para Kicillof, no es el resultado de la oferta y la demanda; es el lugar donde se libra la lucha de clases. Donde el poderoso se apropia de la plusvalía del oprimido. Por lo tanto, es imposible que haya precio justo. Salvo que intervenga el Estado. En este caso, él", según Pagni.

Mientras tanto, Fábrega se encuentra en una encrucijada de la cual no sabe cómo salir. Es que no tiene la suerte de Kicillof de que Cristina le "tire un centro" y debe decidir qué hacer por su cuenta.

Con un aumento del gasto público del 56% en junio pasado, financiado con emisión monetaria, el titular del BCRA está al borde de tener que devaluar en el corto plazo.

El manual indica en estos casos que el Central suba 5 puntos la tasa de interés de las Lebac y Nobac y en cambio la bajó un punto, lo que motivó la suba de los tres dólares: el "blue", que tocó los $ 13,30, el dólar bolsa, que quedó en $ 12,50, y el contado con liqui, a $ 11,50, con subas importantes ante la baja de tasas.

Hay otro problema que tiene que ver con esa emisión monetaria y la que se viene este semestre, ya que los inversores, al no tener una tasa que los recompense, optarán por dolarizarse en esos tres tipos de cambio que mencionamos y, como la inflación de julio fue del 2,7%, el atraso cambiario es evidente.

Este es el escenario en el cual se libra la batalla más dura para Fábrega. En la cual se decide su propio futuro.

Por lo pronto, el titular del BCRA dijo a directivos de varias automotrices que, si el swap de reservas con China no llega a funcionar, deja el cargo. "No quiero soportar otro enero", habría dicho. 

El problema está a la vista: los expertos sostienen que el swap no se activará por más de 2.000 millones de dólares.