Si alguien esperaba desde Chubut una señal para anticipar el año político puede ir consultando el oráculo, porque los comicios de este domingo en aquella provincia patagónica no resultaron determinantes. El segundo turno electoral de 2011 dejó más dudas que certezas empezando por el resultado, cuestionado por el Frente Para la Victoria; y porque aun si se confirmase el triunfo del candidato del gobernador Mario Das Neves, ello no significará un freno al entusiasmo kirchnerista, ni el repentino florecimiento de una oposición que luce ajada.
El gobernador Das Neves es precandidato a presidente del Peronismo Federal. Venía anticipando un amplio triunfo sobre el FPV en su provincia, y de paso preparaba la interna del 3 de abril contra Duhalde y Alberto Rodríguez Saá en Capital Federal. Los cálculos más pesimistas en el dasnevismo hablaban de una ventaja de unos 7 a 10 puntos del delfín de Das Neves, el intendente de Comodoro Rivadavia Martín Buzzi, con respecto al postulante kirchnerista, el intendente de Puerto Madryn Carlos Eliceche. Pero los números fríos dirán que el PF consiguió el 37, 8 % de los votos, contra el 37,2 % del kirchnerismo, restando escrutar 15 mesas. La diferencia de menos de un punto representa unos 1.550 votos, aproximadamente. El FPV anunció que pedirá un recuento, y revisar los casi 4.000 votos impugnados, recurridos, o anulados, la urna completa impugnada en la bella ciudad de Puerto Madryn, y –claro está- contar las 15 urnas que restan. Según sus propias cuentas, ellos ganaron por unos 700 votos. Es decir, el resultado en Chubut no se sabrá a ciencia cierta hasta que el último sufragio haya sido contado “boleta en mano”, sobre todo después de un escrutinio muy lento (casi siete horas para 352.000 votos), y muy criticado por el gobierno nacional y por el FPV, porque no fue online. Hubo además cuestionamientos a la carga de datos y acusaciones de manipulación. Hoy la situación es que Das Neves le adjudicó el triunfo a su elegido y dio el discurso de la victoria, pero Eliceche no reconoce la derrota y el kirchnerismo impugnará los resultados provisorios.
La tremenda paridad de la elección hace que su resultado no sea totalmente proyectable, aunque hay conclusiones que sí se pueden obtener. Cortemos el elefante en rodajas:
El ropaje K no es para todos. Como en muchos otros lugares del país, los kirchneristas chubutenses no tienen el ADN de Néstor y Cristina, y tal vez ni siquiera el de Zanini, Boudou, Timerman, o De Vido y Aníbal. Se trata de peronistas provinciales que se enfrentaron a Das Neves por cuestiones puramente regionales, y que buscaron el cobijo K para defenderse. La escalada presidencial del gobernador patagónico hizo que en el seno kirchnerista los recibieran como a hijos pródigos.
El resultado es lo de menos. Ambos peronismos concentraron el 76 % de los votos totales en Chubut. Por separado, fue casi un empate técnico aunque habrá un ganador, y probablemente sea el hombre de Das Neves. Semejante paridad sirve para poner paños fríos al triunfalismo exagerado del kirchnerismo. ¿Pero le alcanzará al Peronismo Federal para disputarle el poder a Cristina? Difícil. Otra vez, el triunfo en aquella provincia será de Das Neves si se confirma el resultado. No parece un cheque transferible por más que Solá, De Narváez, Graciela Caamaño y Javier Castrilli hayan viajado ayer a ponerle el hombro al gobernador de Chubut. Para el FPV, aunque perdiese en la revisión de votos (en la Argentina es difícil dar vuelta un comicio adverso en el recuento de escritorio), fue una gran elección. Los medios locales daban cuenta de encuestas con más de 20 puntos de ventaja a favor del oficialismo provincial hace apenas semanas. Desde ese punto de vista, los kirchneristas deben estar contentos.
Los factores locales y regionales. Las elecciones provinciales, aun enmarcadas en el mapa nacional, tienen particularidades que pasan de largo a los analistas y aun a dirigentes políticos nacionales, aunque no a todos: “Si el ‘Ruso’ hubiese estado, no se movía de Trelew en las últimas tres semanas” decía hace horas un dirigente chubutense del FPV en referencia a Kirchner. A cambio, en esta campaña, los kirchneristas de esa provincia debieron “remar” para conseguir a Amado Boudou, a Diego Bossio, y finalmente a Cristina. Hay más incidencias regionales: candidatos aliados a Das Neves ganaron en pueblos donde perdió la fórmula provincial, o ciudades en las que había dasnevismo o kirchnerismo hegemónico cambiaron de manos por cuestiones hiperlocales e incluso deportivas: el nuevo intendente de Puerto Madryn, del Peronismo Federal, fue presidente y dirigente histórico de Deportivo Madryn, el rival eterno de Almirante Brown, club de los amores del kirchnerista Eliceche. Se sabe que ambas hinchadas trabajaron mucho en esta elección.
Ganadores y perdedores. Goles son amores y votos, elecciones. El FPV hizo una gran elección pero en principio no le alcanzó para ganar, siempre que se confirmen los resultados provisorios que le dieron ventaja a Buzzi. La ola triunfalista nacional iniciada en Catamarca paró pero no se frenó. Das Neves ganó pero con menos del 38 % de los votos. Su candidato Martín Buzzi tendría una Legislatura adversa (en esa categoría el conteo provisorio dio ganador al FPV), y tres de las cinco grandes ciudades serán del FPV: Esquel, Comodoro y Rawson, la capital, donde el voto del empleado público expresa -probablemente- su distancia con el gobierno. El gobernador llegó a amenazar con “retirarse de la política” si perdía con el kirchnerismo en su provincia. Desde ese punto de vista, la campaña presidencial de Das Neves requiere dadores de sangre urgente, y regenerar expectativas dentro del mismo PF, donde compiten en dos semanas.
La UCR cosechó poco más del 11 % del electorado en su peor resultado desde 2003, tras 12 años de gobierno. Desde entonces no han ganado y es la segunda elección provincial en la que los radicales salen terceros. Hay que decir que tanto Ricardo Alfonsín como Ernesto Sanz visitaron los dominios de Das Neves en marzo.
Conclusiones. La elección de Chubut no indica tendencias definitivas ni permite especular con un mapa político nacional. Ni ola kirchnerista, ni resurrección opositora. El único indicio posible es justamente la paridad, que trae asociada la preocupación por la transparencia. Ayer, en Chubut, el conteo de votos no fue online. Por “problemas técnicos” quedaron 15 urnas sin cargar en el sistema del Tribunal Electoral Provincial (integrado por jueces de la corte local, un juez electoral y legisladores). Y generó escozor oír en las radios locales a un funcionario de este tribunal explicar las enormes demoras que hubo en el escrutinio, porque los operadores “estaban cansados” en un sistema donde los telegramas ingresaban por fax y eran “cantados” por otros operadores para que cargasen los datos. Tal vez por eso el FPV anunció anoche que no aceptará el resultado provisorio, planteará impugnaciones y pedirá el recuento de los votos hasta de mejor compañero, por las dudas.
Finalmente, las elecciones de Chubut –precedidas por una campaña muy agresiva, incluso “sucia”- fueron una muestra real de la crispación, los enfrentamientos y aun los odios personales con los que se vive nuestra política doméstica. Si estos son los botones de muestra, nos espera un año electoral agotador, confuso, agresivo, y más bien oscuro. De esos que alejan a los ciudadanos cada vez más de su clase dirigente, por incompatibilidad manifiesta.
(*) Ricardo Montacuto. Periodista. Ex director de MDZ Online.