Cuando comenzó la causa por amenazas al ex director de MDZ Online y hoy director periodístico de MDZ Radio, Ricardo Montacuto, tuvimos claro que se trataba de una acción destinada a acallar, atemorizar y censurar tanto al medio como al periodista.
A medida que fue avanzando la causa y que se descubrió que Fayad era el autor, muchos miembros de la clase política actuaron con tibieza. No faltaron dirigentes que incluso nos acusaron –igual que Fayad- de estar fabricando un caso en nombre de oscuras campañas que imaginan. Uno de ellos fue el ex senador Sergio Bruni, socio político de Fayad, quien hace poco denunció también a Montacuto acusándolo de desobediencia judicial. Amplificó luego esa denuncia a través de medios aliados, con grandes titulares y despliegues propios de mejores causas, donde dijo la verdad: lo que les molesta realmente tanto a él como a Fayad son las publicaciones de este medio independiente.
MDZ ha tratado el “Caso Fayad” con mesura a pesar de haber sido víctimas y sujetos de las amenazas, las injurias y las mentiras flagrantes del intendente. En su intento de despegarse del caso dijo una importante cantidad de disparates, apoyándose especialmente en grupos mediáticos que le brindaron protección por razones de negocios, o políticas; con el concurso de periodistas que decidieron acatar sin más, evitando hacerle alguna pregunta incómoda. Hemos publicado el avance de la causa ha medida que se han producido novedades en el expediente. Esperamos ahora sinceramente que se haga justicia. En un estado democrático, resulta intolerable que un intendente tome su teléfono oficial, cambie el chip para ocultar su identidad y amenace e injurie después a periodistas y opositores. No es este tipo de conducta la que votó la gente cuando eligió y reeligió a Fayad.
En lo político, es de esperar que el radicalismo de capital revise su actitud de encubrimiento del intendente. Especialmente el bloque de concejales, que ha denegado al periodista amenazado la posibilidad de asistir a la banca del vecino a ventilar este caso. Lo mismo con el resto de la clase política que le brinda a Fayad una suerte de “protección”. Hay que decir aquí que las costumbres y sanas prácticas de la democracia y el cumplimiento de la ley no pueden ni deben ser puestas por debajo de los acuerdos y simpatías políticas, por más convenientes que sean. El intendente está acusado de cometer un delito grave que resulta aún peor por su investidura e importancia institucional. Ahora va a juicio oral. Y debe rendir cuentas por ello.
Teníamos razón
Es inadmisible que un intendente tome su teléfono oficial, cambie el chip para ocultar su identidad y amenace e injurie después a periodistas y opositores. No es este tipo de conducta la que votó la gente cuando eligió y reeligió a Fayad.