La novedad del día en el terreno opositor es la resurrección de Alfonsín.
Mientras todos los sondeos previos le auguraban a Ricardo (el hijo de) Alfonsín una amarga derrota, el hombre de Chascomús arrasó y le pegó un portazo a Julio Cobos justo en el momento en que asomaba las narices en la puerta de un comité radical, por primera vez, tras haber sido expulsado del partido.
Pero no es la única noticia.
También lo es Cobos, a pesar de su derrota o, precisamente, debido a esa situación.
Ricardo Alfonsín logró revertir el imperio de los Moreau, Storani y Nosiglia en territorio bonaerense. Y eso es visto como un mérito importante, un aggirnamento del radicalismo.
Además, consiguió que las huestes le corearan “¡Alfonsín!, ¡Alfonsín!” en directo por televisión para todo el país, impulsando un nuevo estado de ánimo en la tropa más retro, la que más ganas tiene de “volver a ser gobierno como en el 83”, según el tradicional estribillo que saltea –ex profeso- la vez que volvieron para irse pronto, en 1999.
Alfonsín es el hombre del diálogo y crece con él. Fue el único radical invitado a la Cena del Bicentenario. Es el que habla con el Gobierno, pero también el que garantiza el equilibrio en el golpeado Acuerdo Cívico y Social, con socialistas y carriotistas. Por ello, le valió el artero ataque, silencioso pero corrosivo, de ser como su padre, pero no como el estadista, sino el del Pacto de Olivos. Corrió por los comités y Traffics bonaerenses el rumor de que, ahora, el traidor tenía las siglas RA y que ya no lo era el mendocino que acompañó a Cristina en la aventura electoral del 2007.
Cobos, mientras tanto, sabe que crecerá en función de todo lo contrario: el choque, la pelea, el enfrentamiento. Pero si algo que desnudó la movilización del domingo es que Cobos ya no es solamente Cobos, el intrépido, el incómodo, el “yo no fui”. Julio Cobos –quedó claro al sumarse al juego político bonaerense- es Leopoldo Moreau, Federico Storani y Enrique Nosiglia.
Ahora, ¿es suficiente ser lo que son para sustituir los métodos que se le critica al kirchnerismo?
Cobos y Alfonsín representan “lo nuevo”, lo que emerge y crece en la búsqueda del poder desde la oposición. Pero, a la vez, surgen en andas de lo más viejo, lo anacrónico y no demuestran, en definitiva, haber aprendido la lección.
En un país de fuertes contrastes, también hay que hacerlo aquí. Vale decir: hay que medir al radicalismo con la misma vara con que lo hacemos con el peronismo y con Kirchner, sin perdones ni atenuantes.
Por eso, vale reflexionar que Alfonsín y Cobos, como Kirchner, tuvieron que dejar de renegar de las viejas estructuras. Los unos, dejándose empujar por ellas, poniendo sus rostros (nuevo e ingenio el uno; generando melancolía boina blanca el otro) al frente de los de siempre. El otro, “pejotizándose” y abandonando la idea motora de la transversalidad superadora de lo partidario.
En definitiva, un resultado como el del domingo no cambia mucho, pero es un buen ejercicio para que la sociedad reflexione sobre su dirigencia política y se anime, de una vez por todas, a participar activamente, a abandonar el mero rol de espectadores y sumarse a pegar un salto cualitativo. Claro, siempre y cuando lo que realmente se busque sea cambiar el estado de las cosas en el país, que tanto criticamos.
Si ganaba, Julio Cobos perdía igual
El vicepresidente Julio Cobos perdió las elecciones internas de la UCR, en su primer intento por retornar a la agitada vida interna del partido que lo expulsó y que ahora le exige disciplinarse. ¿Qué deja al descubierto la competencia de ayer? Alfonsín dio la sorpresa en los comicios bonaerenses y derrotó a la estructura "mañosa" del radicalismo de Moreau, Storani y Nosiglia, las espadas de un Cobos que dejó de ser el inocente, el intrépido, el espontáneo.