El nuevo escenario puso en el centro del centro al vicepresidente de la Nación. Julio Cobos se mostró conmocionado. Sin decirlo, su rostro denotó algo más que preocupación. Debe ser complicado saber que se murió un coetáneo. Debe ser muy difícil de entender que quien te impulsó a la segunda magistratura de la Nación y después se convirtió en tu peor enemigo, hoy está muerto.
Es el mismo Kirchner muerto ahora, del cual Cobos dijo hace no menos de 10 días que “se salía de la vaina” por ser candidato a la presidencia.
La vorágine política de esta Argentina es mortal. Kirchner lo sabía bien y su último discurso en Santa Cruz pareció un mensaje de retorno a las fuentes. Era un anticipo del regreso a casa de Santa Cruz, era su anuncio de salida del ring.
Aquel episodio abrió un espacio de análisis. Por ejemplo, Francisco de Narváez, un enemigo acérrimo de Néstor Kirchner aventuró que se estaba terminando una época, dijo que vio a un político anunciando su retiro.
El vecino de Néstor Kirchner, el chubutense Mario Das Neves dijo con la crudeza de estos tiempos que se trataba de otra jugada de Kirchner para asegurarse la libertad después del 2011. Y que el sucesor sería Daniel Scioli porque el actual gobernador bonaerense es de “amianto” y era la garantía de Néstor para no ir preso.
Todo este escenario descripto explica el pensamiento de Kirchner y tentativamente se entiende por qué eligió en su momento al moderado de Julio Cobos. El ahora traidor del oficialismo era un pieza necesaria para el andamiaje enclenque que era eso que ahora se llama (¿y se llamará?) kirchnerismo.
Kirchner había ganado las elecciones de emergencia con un escuálido 22 por ciento y por deserción del eterno (para disgusto de muchos) Carlos Menem. Su estructura partidaria era débil, más aún en Mendoza donde había salido tercero detrás de del puntano Adolfo Rodríguez Saá y del neoliberal radical Ricardo López Murphy. En el único lugar de Mendoza donde Kirchner ganó fue en la “Patagonia mendocina”: Malargüe, de la mano del modesto y extraño Celso Jaque.
Pero eso no era suficiente para enfrentar la estructura del peronismo que le era esquiva. Había que buscar afuera lo que no tenía adentro del PJ. Entonces pensó en un modelo con mucho marketing político que llamó Concertación Plural. Y encontró eco en un radical que tenía perfil de tipo común. La ecuación era perfecta. Se podía “partir” al radicalismo usando el concepto de la “política transversal” y de ese modo se consolidaba un gobierno por fuera de la estructura “pejotista”.
Bajo ese paraguas “transversal” la estrategia se completaría en 2007 cuando Kirchner levantó la compuerta para las “colectoras”, los pequeños partidos que llevaban en sus boletas la fórmula presidencial kirchnerista y sumaban los votos de los desprevenidos votantes.
Pero antes de ese descenlace, y a medida que Kirchner avanzó por fuera del PJ, dentro del partido algunos se fueron dando cuenta (como el súper asesor Juan Carlos Mazzón) que la acumulación de poder de Néstor era mucha. Y si hay algo que el peronismo no se puede permitir es que se acumule poder por fuera de su estructura.
La historia empezó el 25 de mayo de 2005 en la Plaza de Mayo cuando anunció la Concertación Plural y fue el espaldarazo implícito para que Cobos terminara de escalar en su carrera meteórica. La relación entre ambos se inició en 2004 y las charlas entre ellos eran cada vez más frecuentes. La idea tomó cuerpo en cada acto político. Cobos se mostraba reservado y cuidaba celosamente ese vínculo y anticipaba que la etapa que se venía era la de "la institucionalidad" de la mano de Cristina.
Todo concluyó el 25 de mayo de 2007. En el Teatro Griego Frank Romero Day. Allí Néstor y Cristina llevaron a Cleto de la mano. Pero Néstor ya se había asegurado un doble frente kirchnerista. La pata peronista en Mendoza era su crédito “patagónico” Celso Jaque. Por eso ese mismo día obligó al lasherino Rubén Miranda que apuntalara al malargüino. Miranda hasta ese momento zigzagueba entre el peronismo kirchnerista y el cobismo.
A esta altura, ahora se entiende cómo Kirchner movió las fichas. Se aseguró romper un bastión radical que lideraba Roberto Iglesias (quien había llevado a Cobos a la gobernación) y con Jaque se garantizaba un gobierno afín. También podría haber ganado el radical “arrepentido” César Biffi, el candidato de Cobos, pero no fue así. Kirchner jugó al límite como siempre y ganó.
A Alfredo Cornejo, el más peronista de los radicales mendocinos, se le atribuye la frase: “Cobos es un persona con convicciones pero transitorias”. La cita aparece en el libro ¡Cuidado con Cobos! de los periodistas Analía Boggia y Javier Polvani. Como dando razón a esa definición de uno de sus laderos, el ahora vicepresidente opositor se dejó llevar por la oleada K. Era tiempo de asentir dócilmente a las instrucciones de Néstor.
Hasta que llegó la rebelión sojera. El llamado “campo” decidió hacer un lock-out agrario contra la resolución presidencial 125 de la retenciones móviles a las agroexportaciones.
Entonces llegó el 17 de julio de 2008 (sólo14 meses después de aquel acto del Frank Romero Day) Cobos dio su tembloroso voto “no positivo” contra la 125 y contra Néstor Kirchner.
Ya nada sería igual. Cobos se transformó en un caballo de Troya. Cobos al fin volvería a ser Cobos y Kirchner, Néstor. Fue duro para el kirchnerismo pero ya estaba fuerte y con poder, y su camino también era de retorno hacia el PJ.
Ahora con la muerte se evidencia la conclusión: Cobos sin Kirchner no sería lo que es. A favor o en contra. Cobos fue porque fue radical K y Cobos es porque ahora es un radical opositor a Kirchner.
Por eso se entiende la conmoción de Cobos al conocer la noticia del año. Y si hay algo que Cobos traduce a la perfección es la política a lenguaje cotidiano: “Sin él ya nada será igual”, dijo en la vereda de su casa de la Sexta Sección. Tiene razón pero con una leve corrección: sin Kirchner ya nada será igual, pero mucho menos será para él. Porque le guste o no, Cobos también es un invento de Kirchner.
Será necesario para él y su proyecto mostrarse como alternativa y no estar atado al espacio institucional que ocupa votando en contra del oficialismo. El oficialismo que lo llevó a presidir el Senado de la Nación.
Quizá Cobos debería pensar en ser Cobos y dejar de ser una consecuencia del kirchnerismo, aunque las encuestas le aconsejen lo contrario.
¿Qué será ahora de Cobos que murió su inventor?
Un repaso de los hechos más sobresalientes que cimentaron la relación transitoria de Julio Cobos con Néstor Kirchner demuestran que quien ganó la pulseada política al final puede ser el ex presidente con su propia muerte. Qué rol ocupó el mendocino en el plan K y cuál será su destino opositor en la vicepresidencia sin su mentor como rival a vencer.