No voy más.
No cuenten conmigo. Me da vergüenza robarle el tiempo a la gente.
La audiencia pública en la que se trataron las impugnaciones y expusieron los apoyos al fiscal adjunto Joaquín de Rosas, esta mañana en el salón Rojas del edificio de comisiones de la Legislatura, fue una puesta en escena. Un montaje, una réplica de mala calidad de uno de los pocos mecanismos de democracia –aunque indirecta- que contempla la Constitución, para que el ciudadano de a pie pueda incidir aunque sea un poco en las instituciones de la República.
Sucedió -como casi siempre- que los denunciantes que presentaron impugnaciones a las que los senadores deberían estar atentos; estaban mal preparados, expusieron mal, o se dejaron meter en la cancha embarrada que propusieron algunos “barras” (sí, aunque con título de abogado en algunos casos) con la complicidad de la presidenta de la Comisión de Legislación y Asuntos Constitucionales, la senadora justicialista Elizabeth Fernández de Merino. Además, varios de los expositores lucían más preocupados por explicitar su ideología política, que por preguntarle a De Rosas por asuntos concretos.
Tan desprolijos fueron, que en ocasiones el aspirante a Fiscal se dio el lujo de protegerse con respuestas del tipo “este no es el ámbito para tratar el tema”. Entonces… ¿cuál es? ¿O Juan de los Palotes va a poder ir a la Fiscalía a preguntarle por los "aprietes" a funcionarios o ex funcionarios? ¿O Doña Rosa va a ir a su oficina a interrogarle por fallos, decisiones y dictámenes que mueven a la suspicacia, por lo menos? Difícil.
Las audiencias públicas, los funcionarios lo saben bien, son una puesta en escena para conformar a la gilada. Da la sensación de que en ese ámbito se puede preguntar, decir, y responde cualquier cosa con total impunidad. Ya lo vivimos el año pasado en la recordada kermesse por la designación de Carlos López Puelles en la DGE, cuando su padrino político Daniel Pereyra inundó la sala de aplaudidores y militancia rentada.
En la audiencia de hoy las prácticas extrañas fueron más disimuladas, pero existieron. Una señorita que se presentó como una desinteresada “vecina de Capital” en representación de “un grupo de vecinos” y en apoyo al fiscal; sería la novia de un empleado de la Fiscalía de Estado, los que fueron repartidos estratégicamente en el salón desde las 8:40, cuando llegaron los primeros avanzados.
El abogado Alberto Ortubia, que traía a debate público una promocionada denuncia por las relaciones presuntas entre el grupo Vila-Manzano y el fiscal De Rosas, no pudo deslizar ni una pregunta con claridad. Se enredó en expedientes y argumentos y se comió el apuro que le imprimieron, con picardía, desde la mesa. Alfredo Guevara Escayola, representando a Xumek, también perdió su oportunidad enredado en el discurso. Y la verdad es que los que apoyaron al fiscal se lucieron, aunque algunas de las ponencias daban un poco de vergüenza ajena. Sin embargo, hubo quienes se molestaron incluso en leer filosofía e historia antes de hablar, como la Licenciada Ana Araniti, nutricionista de fama y colega y amiga de la señora esposa del Fiscal.
Es decir, el “equipo De Rosas” tenía líder, estrategia, discurso, logística, generales y soldados. Los denunciantes, no. Y los senadores de la oposición completaron el papelón sin hacer ni una sola pregunta con respecto a las impugnaciones que pesaron sobre el Fiscal Adjunto, y que fueron publicadas en los medios, tanto como incluidas con fórceps en el debate. Ni uno, de ningún partido. Eso preanuncia una lluvia de bolillas blancas para el candidato, y que –posiblemente- el PD y parte de la oposición panradical podrían tener algún sitio en la Suprema Corte de Justicia en el mediano plazo. ¿Será así? ¿O será como dice un importante senador del cobismo, que en esas audiencias no vale la pena preguntar, porque eso corrompe el carácter secreto del voto de los senadores?
La causa de De Rosas contó sobre el final con un actor de lujo. Hay que sacarse el sombrero ante el senador Aldo Giordano (PD), que rescató del agua a su ex fiscal adjunto, y hasta se dio el gusto de retar a los periodistas como a niños malcriados en un recreo de primaria. Hizo uso de todo su histrionismo para correr el eje de las denuncias, ante una audiencia embelesada; y a los gritos afirmó que las impugnaciones por los casos que involucran al grupo Vila eran producto de la pelea de medios. Un maestro.
A modo de conclusiones:
Daba un poco de vergüenza escuchar a los denunciantes, mal preparados.
Daba un poco de vergüenza oír al senador Aldo Giordano achacar las impugnaciones a peleas mediáticas y rencores del pasado.
Daba un poco de vergüenza sentir cómo De Rosas se escabullía ante las pocas preguntas concretas que lograron hacerle.
Daba un poco de vergüenza escuchar al senador Carlos Aguinaga (PD), contestarle de mal tono a un participante de la audiencia, que se quejaba porque los legisladores tienen más tiempo para exponer, que el común de los mortales.
Daba un poco de vergüenza entender que ya no importa si el postulante es bueno, regular, o malo. Lo que interesa es que estas audiencias, así como están, no sirven de mucho. Ni siquiera si De Rosas hubiese ganado antes un premio Nobel de la ética y la transparencia. Ese no es el motivo de la discusión.
Daba un poco de vergüenza ver que había “apretadores” situados cerca de los denunciantes, para intimidarlos y apurarlos cuando hablaban, ante la tibia resistencia de la presidente de la Comisión.
Daba un poco de vergüenza ver cómo la oposición diluía el debate, en vez de escanear a fondo al candidato a defender los intereses legales, institucionales y constitucionales de la provincia.
Daba un poco de vergüenza entender que en estas audiencias jamás se llega al fondo de las cuestiones, ni se sabe la verdad sobre un candidato.
Daba un poco de vergüenza tanta farsa, por los poquísimos que fueron -de buena voluntad, como el Ingeniero Carlos Paoletti- a exponer su verdad y su apoyo incondicional a De Rosas.
Me parece recordar, en medio de una nebulosa de noticias que se tapan unas a otras; que las impugnaciones al candidato de Celso Jaque a la Fiscalía de Estado tienen que ver -en su mayoría- con la supuesta relación del postulante con un grupo económico, mediático y político, al que el propio gobierno denunció por extorsión pocos meses atrás.
¿No es de locos?
Conmigo, no cuenten.
No voy más. Les estamos tomando el pelo a los mendocinos.