Hay una palabra que se ha puesto de moda en la política mendocina: gobernabilidad. Según la Real Academia Española, es la “cualidad de gobernable”, es decir, que se puede –precisamente- gobernar.
Sin embargo, el uso de la palabrita va mucho más allá de la definición del diccionario. La “gobernabilidad” a la mendocina, habla en realidad de la “ingobernabilidad”, y del estado crítico en que se encuentra el gobierno local, una gestión débil, bombardeada incluso desde adentro, y en su punto más bajo de popularidad y credibilidad. El 20 de Julio, un editorial de este diario decía que la provincia estaba cerca del desgobierno. Y desde entonces, ha transcurrido poco tiempo, pero han pasado muchas cosas. Entre ellas, los tres tarifazos que parecen una provocación, el malhumor social, la profundización de la crisis, la gripe A, y el Cadillacsgate, una muestra de cómo la debilidad política del gobierno ha transformado un affaire en una bomba de relojería que aun no ha explotado con todo su poder.
Por otro lado, el gobierno ha blanqueado que no tiene dinero, y que necesita unos 300 millones de pesos más. Esto significa que sin la ayuda nacional la provincia irá al default. En este contexto, muchos dirigentes sociales advierten que crece la sensación de pobreza e indefensión en muchos mendocinos.
¿De qué hablan entonces los dirigentes cuando hablan de “gobernabilidad”?
Lo que dicen, en realidad, es que el gobierno no gobierna. Y aparecen las fracturas en el gabinete, con ministros y secretarios pidiendo la renuncia del Secretario General de la Gobernación Alejandro Cazabán incluso a gritos, con el propio Cazabán hablando pestes de los ministros en una reunión con diputados del PJ; y reuniéndose a domicilio con los intendentes. Y con los caciques territoriales –especialmente los del peronismo, que quieren la reelección en 2011- en un estado de nervios, preocupación y angustia que no se había visto en los últimos años de la política mendocina. Y es allí cuando la palabra gobernabilidad entra en escena, en pasillos y reuniones, en cabildeos y fragotes. Entonces, los ministros “políticos” del gabinete se reúnen en el séptimo piso y se juramentan odio eterno a Cazabán y amenazan con renunciar en masa si no se va el todopoderoso Secretario… Los intendentes se reúnen por separado según su pertenencia interna y edifican sus estrategias… Los azules, de perfil bajo, purpurado y cardenalicio. Los que no, más explosivos, orejeando las cartas y vociferando sus penas en voz alta ante quien los quiera escuchar, en una falta envido con 24 casi histérico. Alguno ha encargado incluso una encuesta post electoral. Y el resultado, claro, no es favorable.
Todos, eso sí, y a lo largo y ancho del peronismo; están furiosos con Jaque. La pregunta es si eso les sirve de algo, porque la “gobernabilidad” es, justamente, con Celso Jaque. El peronismo desperdigado tras la derrota electoral, lo que debería hacer es unirse y ayudar al gobernador, dotar de política al gobierno, rodear a Jaque y poner en marcha un plan de políticas urgentes para los sectores a los que el agua les llega al cuello, entre ellos, los pobres más pobres. Y garantizar el funcionamiento de hospitales, centros de salud, escuelas, seguridad, pago de sueldos y proveedores, auxilio a la producción, reducción del déficit fiscal, entre otras materias, y definir la política de energía, agua y minería; sin la presión de los grupos económicos que han condicionado la gestión. Esta es la agenda, bien difícil de llevar adelante aun con un gobierno serio, un partido del gobierno cohesionado y una oposición que ayude, algo que está algo lejos de nuestra realidad.
Finalmente, el gobierno debe funcionar. No se puede frenar una administración por el estado de ánimo de quienes conducen, o por las luchas internas. Tampoco el gobernador tiene derecho a encerrarse en sí mismo y no hacer, escudado en el paraguas de aliados que lo han ido abandonando de a poco, la lectura correcta del resultado electoral del 28 de Junio. Muchos de los que conocen a Jaque en profundidad, dicen que aún no se despierta de aquella pesadilla. Pero, gobernador, ya es hora…
Jaque necesariamente deberá desembocar en cambios creíbles, palpables, y perceptibles por la población. ¿Qué rol juega en este escenario entonces la palabra “gobernabilidad”? El que le adjudiquen sus protagonistas. El diputado Carlos Bianchinelli, jefe de la bancada justicialista de la Legislatura provincial, es uno de ellos. Y dijo ante los micrófonos de una radio importante: “El gobernador no abandona nada ni se va, el gobierno está tan fuerte como asumió, y estamos trabajando para resolver las situaciones, la gobernabilidad no peligra… no sé quién anda detrás de esas especulaciones”. A Bianchinelli lo estaban consultando por la palabra de moda. Y los rumores dejan de serlo cuando el jefe político de los diputados les otorga entidad, y habla de ellos en público. Si alguien tiene un ejemplo mejor de frases poco felices de la política, por favor, que nos la envíe. En un peronismo confundido y temeroso del futuro, las palabras de Bianchinelli son como un baldazo de nafta sobre las brasas.
Mendoza ha perdido calidad institucional, eso es innegable. Pero hay una división de poderes, hay una Legislatura, un Poder Judicial, un Poder Ejecutivo que debe gobernar, y hay partidos políticos. Cada uno debe cumplir su rol, al pie de la letra, pegados a la ley y al sentido común. Gobernabilidad es no despilfarrar y atender las necesidades. Gobernabilidad es que gobierne quien debe gobernar, no sus “jefes”, ni sus “delegados”. Gobernabilidad es que la oposición señale los errores, colabore, denuncie, y muestre alternativas; y no una que aproveche las debilidades del gobierno para hacer sus propios negocios políticos. Gobernabilidad es escuchar a la gente, convocar, seducir, en pos de un objetivo que es mucho más grande que todos.
Pese al cuadro de terapia intensiva, la gobernabilidad mendocina no está en peligro, porque las instituciones están, y son fuertes. Sí es cierto que el gobierno pasa momentos de extrema debilidad, por sus propios errores. Es en estos momentos en que la clase política debe aportar lo mejor de sí, para que la “gobernabilidad” se transforme en un plan de acción concreto que les sirva a los mendocinos, y salve a la provincia del desastre inminente.
El asunto es que Jaque se deje ayudar. Y que haya quien quiera ayudar a Jaque. Tan simple como eso.