La democracia de luto

Falleció Raúl Alfonsín, una noticia que no por esperada deja de conmover a todos. Más allá de las valoraciones que cada uno haga de su gobierno, fue indiscutiblemente un hombre de la democracia, que produjo un avance sustancial en la vida institucional del país. Falleció a las 20:30.

Tenía 82 años. Y hasta sus últimos días, peleó por las ideas en las que creía. Falleció Raúl Ricardo Alfonsín, el primer presidente de la democracia recuperada, que ocupó el poder entre 1983 y 1989. El deceso se produjo a las 20:30 de ayer. Murió tranquilo, en su domicilio. Y la noticia generó una fuerte conmoción nacional y repercusión internacional.

Alfonsín tenía cáncer desde hace un año, y se trató tanto en Estados Unidos como en el Hospital Italiano de la Capital Federal. Sus últimos momentos de lucidez los pasó en el mítico departamento de la Avenida Santa Fe al 1600. Casi no hay dirigente importante que no haya pasado por allí alguna vez en su carrera política. Estuvo acompañado por familiares y amigos hasta último momento. Su velatorio se desarrollará en el Congreso de la nación hasta mañana jueves, cuando será sepultado en el cementerio de La Recoleta.

Según indicó el médico de cabecera, Alberto Sadler, el líder radical, primer presidente desde el retorno democrático entre 1983 y 1989, murió "tranquilo, acompañado de sus familiares y en mucha paz".

"Estaba dormido. Todo ocurrió en un marco de suma tranquilidad", señaló el médico en la puerta del domicilio de Barrio Norte, donde se concentró un nutrido grupo de simpatizantes
para homenajear al ex mandatario.

Pese a que padecía un cáncer de pulmón desde hacía varios meses, la noticia causó fuerte conmoción en todo el país y también a nivel internacional, desde donde llegaron mensajes de
condolencias de varios líderes de la región, quienes lo recordaron con fuerte respeto y estima.

Una multitud, en tanto, se concentró frente al domicilio del ex mandatario en Barrio Norte, al punto que rápidamente el tránsito quedó cortado sobre la Avenida Santa Fe.

Minutos después de las 23.00 el cuerpo del ex presidente fue trasladado a la cochería a cargo de los servicios fúnebres, según se admitió extraoficialmente, previo a las ceremonias fúnebres en el Congreso.

La salud de Alfonsín había sufrido una fuerte desmejora el pasado domingo y su estado había ido empeorando con el paso de los días: este martes los médicos habían notado "mayor tendencia al sueño y dificultades para la respiración".

"No vemos mejoría, está peor que a la mañana, en un estado realmente delicado", había indicado Sadler luego de visitar por la tarde el domicilio de Alfonsín, donde permanecía con "aporte de oxígeno por vía nasal".

El ex presidente, quien cumplió 82 años el 12 de marzo pasado, sufría un cáncer de pulmón con metástasis ósea y tuvo una recaída a causa de una "neumonía bronquioaspirativa" con fiebre.

Sin embargo, los familiares del ex presidente decidieron no hospitalizarlo, sino que prefirieron que el ex mandatario pasara sus últimas horas acompañado por sus seres queridos. "Queremos que él realmente esté en su casa", señaló Ricardo al hablar con la prensa en la puerta del edificio, donde montaron guardia numerosos periodistas, junto con algunos seguidores que se
acercaron para darles fuerza a sus familiares.

En el momento en que se conoció su muerte, en el departamento de Santa Fe al 1600 se encontraba el vicepresidente Julio Cobos, quien tenía una relación muy estrecha con el ex caudillo radical que gobernó el país luego de 8 años de sangrienta dictadura militar.

Su gobierno, su historia

El gobierno de Alfonsín estuvo marcado por la recuperación democrática luego de la dictadura más atroz que haya sufrido la Argentina. El juicio a las juntas militares, la paz con Chile, el respeto por los Derechos Humanos, el debate permanente, los alzamientos de Semana Santa y de los “carapintada”, los 14 paros nacionales de la CGT, la defensa irrestricta de la democracia, las polémicas leyes de Punto Final y Obediencia Debida, las contradicciones, el fracaso de la política económica, la hiperinflación, el adelantamiento de la entrega del poder, fueron temas que dejaron marcada su gestión, para bien, y para mal.

En los últimos años, y a causa del regreso de un discurso intolerante y de los modos más crueles de la política, su figura comenzó a ser revindicada, y su gobierno, analizado con la perspectiva que brinda la historia. Tan así, que la presidenta Cristina Fernández y el ex presidente Kirchner lo homenajearon el año pasado, cuando se instaló un busto del ex presidente radical en la Casa Rosada. Fue la última aparición pública de Alfonsín.

Incansable luchador de las causas justas, fue el desahogo que la sociedad argentina encontró en 1983 a la salida del oscuro túnel de la dictadura, y de su secuela de muertos, desaparecidos, torturas, persecuciones y proscripciones.


Lo que sigue, es una breve reseña de la historia del ex presidente Alfonsín.

Alfonsín nació en Chascomús el 12 de marzo de 1927, hijo de Ana María Foulkes y Serafín Raúl, fue primer hijo, sobrino y nieto de una gran familia que hoy suma mas de 80 integrantes en Chascomús.

Cursó estudios primarios en la Escuela Normal Regional de Chascomús y a los 13 años ingresó al Liceo Militar General San Martín graduándose como bachiller. Se graduó como abogado en la Universidad de Buenos Aires y desde su juventud militó en la Unión Cívica Radical destacándose como dirigente juvenil.

Se casó con María Lorenza Barreneche, con quien tuvo seis hijos: Raúl Felipe, Ana María, Ricardo Luis, María Marcela, María Inés y Javier Ignacio. Actualmente tiene 24 nietos y varios bisnietos.

Inició su participación política atraído por la prédica de don Ricardo Balbín, Crisólogo Larralde y Moisés Lebensohn en el Movimiento de Intransigencia y Renovación. En 1951 obtuvo el mandato de vocal en el Comité de su ciudad natal y en los comicios municipales de 1954 una banca como Concejal.

Durante el alzamiento militar de 1955 sufrió prisión. Luego obtuvo la presidencia del Comité de Chascomús y dos años más tarde fue convencional provincial de la UCR.

En 1958 fue electo diputado provincial. En 1963 llegó al congreso de la Nación y fue distinguido por sus correligionarios con la vicepresidencia del Bloque.

Autor de numerosos proyectos de ley, afirmados en una clara y dinámica visión social, dejó su banca en 1966, cuando fue derrocado por la Fuerzas Armadas el gobierno constitucional que presidía el doctor Arturo Illia.

Fue co-fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos firmando decenas de Hábeas Corpus por desaparecidos en los años de dictadura militar. Fue durante esa época que publicó el libro “La Cuestión Argentina”. Posteriormente presentó dos obras más: “Ahora, mi propuesta política” y “Qué es el radicalismo”.

El 30 de octubre de 1983 ganó las elecciones nacionales con 7.725.173 votos, el 51,74%, contra el 40,15% que obtuvo el peronismo. Asumió como presidente al 10 de diciembre de 1983, entre sus primeras medidas de gobierno dispuso el procesamiento de los ex comandantes en jefe, o sea a los integrantes de las tres juntas militares que se sucedieron en el poder a partir del 24 de marzo de 1976. Sus principales argumentos de campaña fueron la defensa de la institucionalidad y la democracia, el juicio a los militares responsables de la represión, y la denuncia de un pacto militar-sindical. Su  saludo de campaña con las manos tomadas a un costado, eran su “abrazo” a los argentinos, y lo caracterizaron durante su vida política desde el ´82 en adelante. Como discurso, solía pronunciar el Preámbulo de la Constitución Nacional.

Ejerció la Primera Magistratura de la Nación hasta julio de 1989. Durante su gestión de gobierno se llevó a cabo el plebiscito que logró la paz con el vecino país de Chile, la creación de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) que concluyó con el libro “Nunca Más”, traducido a más de 15 idiomas, y el juicio y condena de las Juntas Militares responsables del gobierno de facto.

Debido a la grave crisis económica, Alfonsín entregó el mando a Carlos Menem seis meses antes de concluir su período. Y cargaría con ese estigma durante mucho tiempo. De aquel gobierno quedaron algunas frases memorables del ex presidente, como aquella de “con la democracia se come, se cura y se educa”, o “a vos no te va tan mal gordito”, o “la casa está en orden”.

Años después, fue el artífice del “Pacto de Olivos”, que permitió la reelección de Carlos Menem en 1995, hecho por el que fue muy criticado hacia dentro de su partido, aunque para él significaba un gesto de pacificación del país, un tema que le obsesionaba.

Hasta sus últimos días, aun retirado de la vida pública, fue un hombre de consulta permanente del radicalismo, e incluso de distintas fuerzas de la oposición, o aun de muchos peronistas.

Sus últimas manifestaciones políticas fueron el apoyo a la alianza de la UCR con Carrió, y propiciar el regreso de Julio Cobos al partido.