Finanzas públicas: un concierto de desatinos e improvisaciones

La necesidad de sincerar el estado de las finanzas públicas parece haberse instalado con fuerza en Mendoza. Durante los últimos días hemos asistido a un festival de declaraciones, marchas y contramarchas que ponen en consideración la posibilidad de establecer un rumbo claro y previsible.

Y tal vez como muestra, vayan algunos ejemplos. El ministro de Hacienda, Adrián Cerroni desató una nueva polémica cuando adujo que la Provincia no tiene dinero para los empleados municipales y que en todo caso, si aparece más plata, ésta deberá hacer que se resigne obra pública. En castellano, dijo que se debe condenar a todos los mendocinos a seguir padeciendo condiciones de infraestructura deplorables como las que existen en diversas áreas, desde la salud a la educación, pasando por la red vial, si finalmente se acceden a los pedidos de aumento de los municipios.

Otro paso de comedia es la posibilidad de que se saque para este ítem dinero pensado originalmente para paliar la difícil situación que Mendoza tiene en relación a la seguridad. Esto, configura dos aspectos. Uno, habla de un contrasentido al establecer por un lado que la base de sustentación del gobierno es su política de seguridad; pero por el otro, y ante la primera
emergencia, a lo que se le echa mano es al dinero destinado a la seguridad. ¿Curioso, no?

Todo esto, pensando y dando por hecho que, el dinero para seguridad efectivamente esté contemplado en el presupuesto. Más allá de la ley de emergencia o de las famosas partidas  prometidas durante la campaña y que hasta ahora el Gobierno no ha podido demostrar su existencia. En síntesis, los 40 millones que iba a enviar la Nación (así como tales) nunca llegaron.
Y por ende, como nunca alcanzaron a llegar, y antes de aterrizar en la Provincia, ya tendrían –según se desprende de las declaraciones oficiales-otro destino.

Entonces, parecería que en este aspecto, lo que prima es más la improvisación que el cumplimiento de pautas según un diseño político o estratégico. Durante todo este tiempo el gobierno de Celso Jaque se ha dedicado a tapar los temas, y hoy, casi como un manotazo de ahogado, sale nuevamente a pedir auxilio a la Nación pretendiendo que se coparticipen las retenciones. Causa justa si las hay, aunque tardíamente planteada, quizás más para salir del paso que motivada  en una defensa seria de los intereses de la provincia.

Asimismo, y tampoco hay que olvidarlo, gran parte de este entuerto financiero proviene del fin de la gestión de Julio Cobos, cuando en pleno clima electoral y violando la ley de Responsabilidad Fiscal, se otorgaron aumentos que no hicieron más que complicar el panorama. En este concreto caso, de su sucesor, que además, hizo silencio cuando debió oponerse y, como hemos dicho,  ha contribuido ya como gobernador aún más para agravar la situación.

Días atrás, al reflexionar sobre lo que habían sido los efectos del paro del campo, dijimos que aunque no lo quisieran ver, esta crisis también les tocaba a los dirigentes mendocinos. Y las pruebas están a la vista, cuando aún no se apagan los ecos de la protesta y la polémica, las dificultades de financiamiento, y las desigualdades producidas por un modelo de gobierno que
privilegia la amistad al federalismo, y la obediencia a la razón; los efectos suelen ser más profundos de lo que en apariencia son. Discernir y sincerar, debe ser la meta para alcanzar el valor del liderazgo más que la simpatía de los poderosos.