Enfoque: Necesitamos una sociedad activa

¿La oposición se prepara para gobernar? ¿O simplemente espera agazapada que le vaya mal a quien gobierna? La necesidad de discutir sobre cómo romper con la medianía mendocina y avanzar en una verdadera discusión sobre qué futuro tiene Mendoza.

Cuando los desaciertos de los gobiernos, o bien el desencanto que desencadenan en la sociedad son grandes, se produce un desequilibrio en la capacidad de análisis crítico de los mendocinos y de los argentinos en general.

Esto es: las tintas son cargadas sobre el que está al frente al mismo tiempo en que un manto de piedad cubre al espectro opositor.

Esto último se repite una vez tras otra en estos 25 años de democracia recuperada y fortalece nuestra miopía política.

Confundimos la democracia participativa con salir a la calle a golpear cacerolas cada vez que una medida nos afecta individualmente y creemos que la democracia representativa pasa por elegir al candidato que mejor se vende publicitariamente para acceder al Congreso.

Por eso, cuando todavía falta algún tiempo para las elecciones legislativas, es importante reflexionar sobre cierta mediocridad de un electorado que recurre a la repetida formula de castigar a uno y premiar en demasía a cualquiera que se le ponga en frente.

En este camino, es buena una autocrítica sobre la propia ciudadanía, mientras aguardamos que la haga, también, la dirigencia política.

Por ejemplo, tenemos que aceptar que resolvemos la discusión sobre la calidad institucional proponiendo un par de reformas políticas de manual, aquellas que alguna vez escuchamos como oportunas de algún canal de TV europeo y, si es español, mejor.

Y nada más.

O aplaudiendo cuando algún outsider de la política se mete a competir en las listas, creyéndolo la renovación y cuando, en realidad, caemos en la trampa de partidos políticos que se autodestruyen con esto, con tal de evitar una imprescindible actualización.

No es necesario que nos distraigamos tomando como ejemplo a la siempre difícil realidad nacional. Quedémonos en Mendoza y veamos qué nos pasa aquí.

Pocas veces, sino nunca, entramos de lleno en la problemática que representa la persistencia en esta medianía: estancamiento en el desarrollo de la provincia; falta de visión estratégica y, por lo tanto, reacciones desatinadas para afrontar la coyuntura; despilfarro de los ahorros o lo que es peor: no ahorrar; imposibilidad de programar y facilidad para desarticular cuestiones en marcha, generando infinidad de programas atomizados que lo único que logran demostrar con su proliferación es que no hay políticas públicas.

Cuando nos reunimos en cualquiera de los encuentros a los que denominamos Pensando Mendoza nos imaginamos, siempre, que encontraríamos allí un espacio despojado de oportunismos y cargado, contrariamente, de oportunidades para diseñar el futuro de la provincia.

Lo hicimos en un año no electoral y, por ello, imaginamos que había tiempo para hacerlo y, además, generamos el espacio y el clima propicio para zafar de la coyuntura, por unas horas al menos.

A pesar de que esta tarea resulta difícil, Pensando Mendoza ha logrado aportes importantes. Y es difícil no decirlo. Nos sentimos orgullosos por poder hacer este aporte.

El senador Sanz, en nuestro último encuentro dijo algo muy claro y que nos define como parcos en una provincia en donde siempre sostenemos que “somos pocos y nos conocemos mucho”. El senador radical admitió que se trataba de “la primera vez que lo invitaban a participar de un encuentro tan fructífero y pluralista”.

Y esa era nuestra intención, precisamente. No solo del último Pensando…, sino de todos los anteriores en los que personalidades de la política, el gobierno, la justicia y el empresariado mendocino formularon análisis, diagnósticos y hasta propuestas relevantes.

Como ha dado frutos, creemos que seguir con estos encuentros servirá para romper con la medianía.

Para que Mendoza esté bien, habrá que redoblar los esfuerzos de todos por avanzar.

El de los políticos, pero también los del resto de la sociedad.

A los políticos mendocinos les resulta muy difícil despojarse de la receta rápida para problemas que ya son acuciantes. Probablemente sea cierto que no hay estadistas: se buscan; los necesitamos.

Se desperdicia tiempo precioso hablando como si se estuviera viviendo en una permanente campaña electoral, como si hubiese frente a cada uno de ellos una cámara de TV encendida y, detrás, millones de personas ávidas por obtener la más picante, pícara, astuta y encantadora respuesta.

¿Dirá algún dirigente, del gobierno o de la oposición, que ya no sirve el antiguo esquema de producción que hizo de Mendoza lo que hoy es, pero cuya vigencia sin transformaciones deshará todo aquello para relegarnos a un lugar todavía incalculado?

¿Seguirá la oposición recurriendo a juntarse para ganarle a quien gobierna, sin antes reunirse, siquiera, para pensar cómo afrontar la realidad e inventar un futuro, más allá de las demandas de la coyuntura?

Pero es hora de que el electorado, la ciudadanía, también abandone la parsimonia y su propia mediocridad de asistir a las elecciones como única justificación de la vigencia democracia y, al hacerlo, asistir al cuarto oscuro como quien busca ofertas, primeras o segundas marcas en la góndola de un supermercado.

Es hora, por cierto, no sólo de auscultar y exigir al máximo a los gobernantes, sino de reclamar formación, calidad y programas a los opositores.

¿Alguna vez se habló de esto en la Argentina?

El facilismo nos ha llevado siempre a que el recambio lo encabece el que más se distancia de lo que no queremos y no el que mejor preparado está para gobernar; o como dijo el rabino Sergio Bergman durante el último encuentro de MDZ Pensando Mendoza: no hay campañas electorales, sino competencias de marketing.

Si no salimos de este pantano, seguiremos eligiendo al menos peor y no al mejor. Porque, otra vez, no estará en ninguna lista.