Pueblo chico, infierno grande. Nunca una definición sonó tan bien para definir a Santa Rosa y a lo que políticamente sucede en el departamento del Este.
El conflicto que se vivió en ese lugar a raíz de que no les renovarían contratos a 320 empleados de la comuna sacó a luz las rencillas políticas que tienen el intendente, Sergio Salgado (PJ) y los diez miembros del Concejo Deliberante, incluso los de su propio partido.
El sainete tiene de todo: viejos enfrentamientos personales, cruce de fuertes acusaciones, dichos de extorsión, supuestas amenazas y una total falta de diálogo y de trabajo en conjunto, la tarea para que ambas partes fueron elegidos, en definitiva.
Entremedio de eso, está la gente a la que subestiman sin más, en una práctica que al parecer realizan desde hace mucho, y nadie se da, o quiere darse cuenta.
Yo peleo, tú peleas, nosotros peleamos
Los ediles y el jefe comunal vienen librando batalla desde antes de que el primero asumiera en diciembre pasado.
Y, como la propia gente del lugar dice “acá somos pocos y nos conocemos mucho”. Entonces cuando hay que sacar trapitos al sol para acusarse por algo del pasado o del presente lo hacen sin ningún problema y dejan traslucir lo peor como representantes del pueblo que son.
Salgado tiró la primera piedra. El miércoles por la tarde juntó a los municipales y les dijo que no les podría renovar el contrato para que sigan trabajando y les tiró todo el fardo a los concejales. Les explicó a los empleados que ellos no le habían autorizado una partida extra de presupuesto y entonces que no podría pagarles el sueldo.
Los empleados, obvio, desataron en furia y como se fueron a hacer escarches en las viviendas de los ediles para pedir explicaciones.
Los concejales, por su parte, contaron que esto no fue por iniciativa propia sino que hicieron eso mandados por el intendente, en donde también habían participado funcionarios de Salgado y se utilizaron vehículos comunales.
Los ediles también denunciaron haber sido amenazados de muerte y que hasta habían tenido que salir de madrugada con sus familias de sus casas por miedo a que les pasara algo. Y para colmo decidieron hacer una conferencia de prensa en una comisaría aludiendo que temían por su seguridad.
Entre extorsiones, viejos rencores y vetas mafiosas
La reunión de ayer a la tarde en el HCD –que había sido tomado por los empleados- juntó a todos los actores y ahí quedaron al descubierto que los ediles y el jefe comunal directamente no se soportan.
Salgado ya había declarado que los concejales lo extorsionaban constantemente con que si no hace lo que le piden como “echar a cinco miembros de mi gabinete” no le aprueban ordenanzas.
Los concejales, por su parte dicen que es un mal administrador, que tiene una planta de empleados superpoblada y que es exagerado lo que le han aprobado en presupuesto.
Además, afirman que el jefe comunal altera el orden público y crea falsas divisiones. Y directamente Gustavo Muñoz (PD), presidente del Concejo Deliberante dijo que “lo mejor que puede hacer Salgado es irse”.
Al parecer, Muñoz y Salgado tienen un enfrentamiento que data de muchos años atrás. No se hablan para nada y en el encuentro de ayer, el primero amenazó con irse de la reunión si el jefe comunal se hacía presente porque “nos vamos a reputear si me quedo”, señaló.
Al final no se fue, pero ante la presencia del intendente no habló pero puso cara de fastidio durante todo el tiempo que duró la juntada.
El bloque de concejales del PJ, tampoco gozan de la mejor relación con Salgado.
Ricardo Cobo, Ramón Moreno y José López, fueron corriendo a pedir que el ministro de Gobierno, Juan Marchena y al secretario General de la Gobernación que mediara en el conflicto.
Salgado tiene una pésima relación con el ministro de Jaque y ayer se cansó de repetir que con él no hablaría.
La jornada de este miércoles también tuvo relatos mafiosos. En medio de la discusión por el tema de los salarios para los trabajadores salieron a relucir actividades de la campaña. Mientras discutían feo Salgado y Cobo, el primero acusó al segundo de haberle querido incendiar su casa poco antes de asumir como intendente.
Cobo estalló de bronca y en su cara se vio las ganas que tenía de pegarle, pero no lo hizo.
El justicialista también se ocupó de subestimar bien –bah, de tratarlos como tontos- a los empleados municipales diciéndoles que él y sus camaradas habían frenado a Gendarmería Nacional que estaba yendo “a procesarlos” por haber cortado la ruta 7 –hecho que hicieron por la mañana-.
Cosa que no se puede hacer si no hay una orden judicial y que si además ésta existe, sólo pueden retirarlos del lugar que están interfiriendo y que se llega a procesarlos después de haberlo detenido.
El enfrentamiento terminó, como en todas las peleas, con ganadores y perdedores.
Ante la opinión pública el intendente se erigió en un héroe que se fue abrazado y aplaudido del HCD, los contratados estaban felices de volver a trabajar y los concejales enojadísimos con Salgado y acusándolo de “payaso”.
Así están las cosas, en Santa Rosa, un pequeño pueblo con un infierno grande en donde día a día se baten en una guerra campal entre quienes, en definitiva deben velar por la gente que los votó en octubre pasado.
Y parece que acá el amor no es el más fuerte, sino todo lo contrario.