Crónica de una detención anunciada (parte I)

Estar en una celda debe haber sido la última idea de Sergio Salgado. Pero sus antecedentes le tenían deparado su destino.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Muchos lo esperaban, a otros los sorprendió por lo inédito. Sergio Salgado fue detenido el pasado jueves y hoy pasa sus días en una cárcel común, acusado de corrupto, con otras causas abiertas, y perdiendo el único poder político que le quedaba: la intendencia de Santa Rosa, a la cual renunció ayer mientras estaba tras las rejas. 

La detención de Salgado fue el punto cúlmine de un proceso que inició hace más de ocho años y que estuvo atravesado por el escándalo, sacudiendo a una Santa Rosa sumida en el atraso económico y las garras del clientelismo y la corrupción. Un hombre que prometió un cambio en la vida de los vecinos santarrosinos pero solo legó polémicas y algún que otro logro por la asistencia externa. Alguien que llegó con la ilusión del cambio y terminó en la realidad de una celda.

Desde su asunción en 2007, Salgado protagonizó numerosos conflictos políticos y personales: cruces con dirigentes opositores, exfuncionarios y empresarios, denuncias por irregularidades, una demanda por violencia de género, una suspensión y varios intentos de destitución. A pesar de haber ganado tres elecciones consecutivas -lo cual ninguno de sus predecesores había logrado hasta ahora-, el ahora ex jefe comunal es una figura polémica en sus pagos, provocando amores y odios en los vecinos santarrosinos.

Ya en las elecciones del 2007, cuando Salgado derrotó al entonces intendente Antonio Ponce (PD) por nueve puntos (40% a 31%), el flamante jefe comunal asumió su cargo sin la presencia de su competidor debido a los antaños cruces entre ambos, cuando el ganador aún era concejal por el PJ. Con la victoria fresca, Salgado acusó a Ponce de tener un municipio con mucho personal contratado y de no generar políticas de desarrollo. Así dio sus primeros pasos en las peleas políticas.

Pocos meses después, en febrero del 2008, llegó su primer escándalo mediático. El conocido dúo Pimpinela participó en el Festival de la Cueca y el Damasco, pero luego denunció que había actuado a la fuerza y amenazó con iniciar una demanda contra la Municipalidad. Fue la primera vez que Salgado negó el hecho, como un preludio de sus interminables desmentidas.

Los conflictos políticos comenzaron a surgir en el municipio, mientras Salgado declaraba por primera vez que Santa Rosa sufría una crisis financiera e intentaba conseguir fondos nacionales y provinciales. Aquí también nace el odio entre el intendente y los ediles. El 1 de octubre del 2008 estalló la primera bomba, cuando centenares de empleados contratados tomaron el Concejo Deliberante; Salgado acusó a los concejales de ser responsables por la desvinculación de esos trabajadores y de obstaculizar su gestión desde que asumió. A su vez, los ediles (tanto oficialistas como opositores) contraatacaron y sostuvieron que el jefe comunal había superpoblado el municipio con empleados y objetaron el destino de importantes partidas de dinero. En medio se sucedieron acusaciones cruzadas de amenazas, peleas y rencillas personales.

La (no) destitución

Decididos a no perder el tiempo, los concejales juntaron diversas denuncias por irregularidades e iniciaron un proceso de suspensión que rápidamente fue aprobado, por lo cual Salgado fue desplazado de su cargo el 30 de octubre del 2008. El edil José López (PJ) asumió las funciones ejecutivas. Inmediatamente comenzó el trámite para la destitución. Durante esos días, Santa Rosa fue un escenario de guerra donde los vecinos oscilaban entre el enojo, la desilusión y la sorpresa, y los políticos se ensañaron en una pelea que repercutió velozmente en el Gobierno provincial y dejó al desnudo las feroces internas que desgarraban al justicialismo, poniendo al entonces gobernador Celso Jaque (aliado de Salgado) entre la espada y la pared.

No pasó mucho tiempo, y a fines de noviembre Salgado fue destituido por votación unánime. Los ánimos se caldearon aún más: protestas en las calles del departamento, feroces cruces entre los concejales y funcionarios provinciales e innumerables declaraciones que buscaban una inexistente normalidad. Obviamente, el intendente echado recurrió a la Suprema Corte provincial, que tras una vacilación inicial decidió analizar el pedido de inconstitucionalidad contra la resolución de los ediles. Luego de varios meses turbulentos, en febrero del 2009 el máximo tribunal ordenó la restitución de Salgado. Aunque se mostró eufórico por su retorno, el otra vez intendente debió afrontar nuevos inconvenientes financieros con asistencia de la Provincia, que también celebró el fallo y reforzó su alicaída posición.

En los meses siguientes reinó una tensa calma, que no estuvo exenta de altercados, hasta marzo del 2010, cuando se destaparon dos escándalos que lo tuvieron a Salgado como protagonista. El primero, y más recordado, fue la elección de la Reina Nacional de la Vendimia del 2010, cuando fue electa la soberana de Santa Rosa, María Flor Destéfanis -quien del trono pasó sin escalas a la dirección del Centro de Congresos y Exposiciones-. 

Como no pasaba desde hacía mucho tiempo, surgió un fuerte descontento social debido a que la joven santarrosina fue señalada como una "acomodada" en el 'trono vendimial' gracias a Salgado y al entonces ministro de Gobierno Mario Adaro, con beneplácito de Jaque. Esto sería una dura carga para Destéfanis, quien años después estaría otra vez en el ojo de la tormenta por su polémica designación como jefa de auditorios.

El segundo hecho, más grave, fue la denuncia contra Salgado por parte de un hombre llamado Julio Ojeda, que lo acusó por golpes y amenazas que recibió a manos del intendente durante una aparente discusión en la vivienda de la víctima, en Las Heras, a causa de una mujer: la ex reina de Santa Rosa Bárbara Dorcemaine, con quien Salgado había iniciado una relación (que éste negó) y Ojeda era su esposo legal, aunque estaban separados. Como condimento, Salgado utilizó un automóvil municipal para realizar el viaje hasta la vivienda del hombre. El destino quiso que el intendente y la exreina vivieran, en unos años, una especie de karma.

El uso del vehículo municipal sirvió de impulso a los ediles para iniciar, junto con otras denuncias por irregularidades y mal administración de fondos públicos, un nuevo proceso de suspensión contra Salgado. Sin embargo, la intervención del Gobierno provincial salvó al afortunado intendente, ya que el pedido no alcanzó los votos necesarios para ser aprobado.

Ese mismo año, pero en noviembre, Salgado montó en cólera por la aparición de una fuerza política multipartidista llamada "Santa Rosa Florece" (que se unió al Frente Cívico Federal provincial), encabezada por el radical Walter Soto. Esto provocó el despido de tres empleados municipales (entre ellos la actual concejala de la UCR Norma Trigo) por sus colaboraciones con esa agrupación. Un mes después, Salgado se cruzó nuevamente con los ediles por un pedido de endeudamiento de 7 millones de pesos, y los legisladores opositores lo acusaron de ser un "dictador".

El "renacer"

El 2011, un año electoral donde el kirchnerismo tuvo todas las de ganar en Mendoza, tampoco fue un periodo tranquilo para Santa Rosa y su polémico intendente. Militantes de la UCR denunciaron aprietes y amenazas por parte del oficialismo municipal, los concejales acusaron otra vez a Salgado de "autoritario" y lo señalaron como responsable del incremento del déficit financiero local. 

A pesar de todo, Salgado logró la reelección como intendente con el 50% de los votos, venciendo a Soto por 15 puntos. Esta victoria le permitió tender puentes con el electo gobernador Francisco Pérez, cuya esposa Celina Sánchez es santarrosina e intercedió entre ambos funcionarios. Con un nuevo periodo, Salgado buscó imponerse y aquietar las agitadas aguas santarrosinas. Cada vez le faltaba menos para descubrir que no sería así.

Continuará en la edición de MDZ de mañana...