En lo que a seguridad respecta, ”el toro se ha tomado por las astas” solo cuando se estuvo frente a un estertor.
La ultima reforma acordada por los tres partidos tradicionales apoyados por la sociedad, en particular la Coordinacion por la Vida y la Seguridad de las Personas, (ámbito plural y diverso que constituimos asociando de manera inedita la seguridad - bandera tradicional de las derechas no muy democraticas - con los derechos humanos), tuvo esa génesis.
1. La primer cuestion que resulta elemental considerar, es la de la seguridad publica democrática como POLITICA DE ESTADO. Esto no ha sucedido nunca.
Tampoco durante la gestion Lafalla. Sus referentes, Bruni, Cazaban y Orquin, definieron por escrito las buenas intenciones originales de la reforma con un desproposito; “el que gana gestiona, el que pierde controla”.
Si los inconsecuentes pergeñadores de tal iniciativa sostuvieron tal definicion fundacional, es perfectamente comprensible el devenir y el fracaso.
Las gestiones posteriores desandaron un camino y hemos llegado a una inseguridad que vapulea diaria y dramaticamente a los mendocinos.
La vida y la seguridad de las personas, tenidas en cuenta solo en la letra por la Constitucion del 16, supone que quienes se identifican con tal ideario y con la democracia, deben sacar de la agenda partidaria y electoral la problemática. Y garantizarla.
Frente a la peligrosidad potencial institucional que entraña la coyuntura, no se puede seguir improvisando.
El crimen organizado, el narcotrafico, la droga y los delitos en general, suponen conjugar esfuerzos para la implementacion de acciones efectivas.
Que para que lo sean tienen que ser duraderas y sostenidas en el pequeño, mediano y largo plazo y concebidas desde enfoques multidisciplinarios con ejecucion interministerial.
Sin perder de vista que tal estado de cosas reconoce como causa, aunque de ninguna manera unica, a la pobreza. Y consecuentemente deviene en inequidad del sistema penal; los ladrones de guante blanco, corruptos y corruptores estan a buen recaudo.
En otras palabras. El partido contra la inseguridad tiene que ser el de todos. Se impone definir su ideario democratico desde la diversidad; politica y social. Su proceso constructivo supone caracter participativo y reconocimiento social generalizado. Y los instrumentadores deben ser expresion de tal consenso. Mas claramente. El ministro del area puede o no ser integrante del partido que dirige el Ejecutivo.
Aunque debe poseer como atributo la ejemplaridad. Debe ser el mejor. El mas democratico, el mas valiente, el mas eficaz. Y contar con un fuerte poder que haga de su gestion una fortaleza: contar con el apoyo de casi todos.
Sin embargo, esta idea no va a prosperar. La grandeza que supone asumir tales definiciones, no existe en la dirigencia actual.
Esta es la razon fundamental por la que desde siempre los que nos gobiernan en materia se seguridad publica andan a los ponchazos.
Y van a seguir. Hasta que sea demasiado tarde o un nuevo estertor los obligue cambiar.
2. Un aspecto fundamental a considerar, de ninguna forma el unico, es el policial. Desde hace muchos años la “familia policial” es parte del problema y no de la solucion. Claro que esto es asi no casualmente.
Los responsables fundamentales han sido los Gobernadores; que son por definicion jefes de la milicia.
Hay un temor reverencial frente a la cupula uniformada. Cuando los dirigentes comienzan los discursos de ocasión hablando de “nuestra” policia, es porque estan temblando. Le temen. Unos por genuflexos y timoratos. Otros porque sabedores que los fulanos conocen sus cuitas y sus prontuarios (que oportunamente pueden ventilar) poca autoridad pueden exhibir. En algunos casos son rehenes. Conceden, conceden y finalmente “las mejores intenciones quedan sepultadas en el camino del infierno”.
Cuando algunos politicos dejen de ser conocidos como “POLILADRON” empezara a despejarse el panorama.
Hasta que algunos otros dejen de mantener relaciones con represores, como ha ocurrido hasta ahora con todos los gobernadores, todo seguira igual. O peor.
Otros temas y los 7 puntos son parte sin duda del debate.
Pero lo primero es lo primero.