Himno a la demagogia

Perdón, señora Romano, su himno es malísimo, pero no es responsabilidad suya. Usted sólo es la consecuencia de una política cultural que le pifia en varios frentes. De esa forma analizó en la presente nota el periodista de MDZ Alejandro Frias la iniciativa del Ejecutivo provincial que dio como ganadora del concurso Roxana Matilde Romano.

Un himno que no dice nada de lo que somos. Foto: Archivo/ MDZ
Un himno que no dice nada de lo que somos. Foto: Archivo/ MDZ

Convengamos en que ya de partida se sabía que esto podía resultar así.

Y la primera pregunta que surge ya se hizo antes, aunque no por eso pierde vigencia y fortaleza: ¿era necesario convocar a un concurso para elegir un himno a Mendoza?

La respuesta, por supuesto, sigue siendo la misma, y excede lo legal que se planteó en su momento, porque la demagogia no tiene legalidades, o mejor, a la demagogia no le importa que haya legalidades.

Porque tras la convocatoria a escribir un himno a la provincia está, clara y visiblemente, un sistema que se sustenta en la demagogia. Convocar a la composición de una canción que pretenda representarnos es recurrir a la peor de las facetas de un pueblo, es echar mano a ese patriotismo que se cruza la raya para transformarse en chovinismo.

Somos mendocinos y lo demostramos con una canción que no diga nada de lo que somos, que se tome de la sensiblería y los lugares comunes, esos que no molesten, que no cuestionen, que no pongan en duda nada, para llegar justo al lugar que se quiere llegar, al de la fibra patriotera.

Perdón, señora Romano, su himno es malísimo, pero no es responsabilidad suya. Usted sólo es la consecuencia de una política cultural que le pifia en varios frentes. A usted no le vamos a achacar que se haya sentado a escribir como lo hizo (en una tarde, como aseguró) motivada por vaya a saber qué sueños y que el resultado haya sido una versión Billiken de una sociedad y un suelo complejos.

La señora Romano, lamentablemente para ella y ahora también lamentablemente para Mendoza, fue sólo una de las cientos de personas que se sentaron a escribir sin más criterio que el de unir palabras para decir cosas bonitas sobre la provincia. Claro que lo de “estirpe guerrera” deja mucho que desear en un mundo en el que, justamente, lo que menos necesitamos es seguir resaltando valores bélicos, y eso sí es sólo una visión suya.

El real responsable de esta abominación que ahora llaman himno a Mendoza es el genio creativo (que puede estar compuesto por la sumatoria de varios genios creativos) que vio tras esta convocatoria una forma de sumar las voluntades de gente que aún no comulgaba con su política.

Y hay más, porque genialidades como la creación de un himno también se cruza con un concepto de cultura for export que tiene más que ver con el turismo que con la vida propia de la cultura mendocina, porque está claro que ahora van a meter la canción en cuanto producto “cultural” para turistas se genere.

El texto de la señora Romano expone también la hipocresía que la demagogia necesita para intentar hacer fuertes esos pretendidos valores con los que nos engañamos a nosotros mismos. Somos un pueblo elegido, y de ahí no nos movemos. Y, en tanto elegidos, somos los mejores del mundo. Yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos.

Un himno a Mendoza era, desde la propuesta misma, un insulto. Pero lo peor es que ya tiene letra, y pronto tendrá música y será presentado con bombos y platillos, probablemente en la inauguración del espacio cultural que se habilitará en Guaymallén (no crean que esta es una especulación muy original, seguro alguien ya lo pensó). Y lo mostrarán orgullosos como el resultado de la apertura de una concepción cultural que incluye a las amas de casa, además de que demostrará que este gobierno (político y cultural) es inclusivo y mil cosas más con las que lo justificarán.

Pero lo cierto es que el texto de ese himno no vale ni el tiempo que podamos tomarnos en leerlo, aunque hay que volverlo a decir tantas veces como sea necesario: no es responsabilidad de la persona que lo escribió, sino de la demagogia, esa vieja amiga de la política que tantos buenos resultados da.