Esta semana estuvo signada por una de esas tragedias que a uno le hacen pensar que está viviendo en un país de cuarta, siendo muy generosos. Se trata de la peor desgracia ferroviaria ocurrida en la Capital Federal y la tercera en toda la historia del país, lo cual no es poco decir. Aún en esta pobre republiqueta sojera (porque no producimos bananas) lo que pasó se percibe como demasiado, a pesar de que estamos acostumbrados a toda clase de malaventuranzas mayormente evitables y siempre causadas por cuatro o cinco desgraciados que, no casualmente, se han llenado los bolsillos rifándose la vida y los bienes ajenos. Pensemos también que ocurrió a dos cuadras de lo que fue República Cromagnon y a no más de seis o siete de la AMIA...pavada de recordatorios, como para que tengamos presente donde estamos y lo que en cualquier momento puede ocurrir con nosotros y nuestros miserables huesos.
Por cierto, menudearon todo tipo de consideraciones sobre culpabilidades, responsabilidades y posibles negligencias, y bien al dope porque mientras toda esa sarasa salía por los medios, estos mismos exponían en imagen y audio los “desgarradores testimonios” (por usar una frase que nunca se usó en los medios, justamente...) y eso era lo único que importaba, al menos en ese miércoles negro: tomar conciencia que, como dice mi tía Renata, “No somos nada” y en esta Argentina retorcida tendemos a ser menos aún en la consideración de quienes deberían cuidarnos (Estado) y servirnos (empresas) ya que prefieren aliarse para hacer negocios de todos colores antes que cumplir con las funciones para las que teóricamente existen. En este infausto caso empezó demasiado temprano el pase de facturas y el escrache político chorreante de oportunismo, cuando todavía la sangre estaba fresca, lo cual habla a las claras de la catadura moral de nuestra clase política, pero ya nadie debería sorprenderse. Se desató un torneo salvaje para decir antes “Yo ya lo había advertido...” como si eso tuviera el mágico poder de hacer justicia inapelable o de resucitar muertos, por ejemplo. Pero bueno, en Argentilandia somos así.
Ahora bien: obnubilados por la magnitud del desastre, casi nadie destacó un hecho más que notable, de alcance prácticamente revolucionario, que puede cambiar la historia de la comunicación, ojo... Porque si bien fueron millones los que vieron, pletóricos de indignación, la primera “No-conferencia de prensa” del Secretario de Transporte de la Nación y se les inundó de bilis la garganta al escucharlo decir que si el “accidente” hubiera ocurrido un día antes no pasaba casi nada porque era feriado y viajaba mucha menos gente, solo el Departamento de Chamuyología aplicada de esta columna “Cosa Seria” detectó el germen de una nueva tendencia lingüística que ni Noam Chomsky pudo prever, mirá lo que te digo. Juan Pablo Schiavi, el funcionario en cuestión, inauguró un estilo de “des-comunicar” que hará furor, ya van a ver. No conforme con prohibir que se le hiciera pregunta alguna y así transformar lo que debió ser un dialogo con periodistas en un monologo, sentó las bases de lo que la posteridad podría llamar “Ucronía excusatoria” (y si le encuentran un nombre menos rebuscado, se agradece desde ya). Este buen hombre buscaba presentar algo que no ocurrió como un elemento atenuante o excusador de lo que sí ocurrió, haciendo una pirueta temporal y conceptual que demuestra una imaginación que envidiaría Julio Verne. ¡Y después me vienen con que a nuestros políticos no se les cae una idea, por favor...!
Como dijimos, se trata de una modalidad llamada a perdurar, y nuestros expertos analistas de tonterías ajenas predijeron que será adoptada y profundizada por toda la casta dirigencial de nuestra sufrida nación. Veamos algunos ejemplos de lo que muy pronto escucharemos, nos guste o no.
RICARDO ALFONSIN: “Es cierto que me equivoqué al querer parecerme tanto a mi padre. Pero piensen que si me hubiera lookeado como Anibal Pachano los resultados serían peores”.
ELISA CARRIÓ: “Ya sé que fundé y fundí varios partidos y coaliciones, y que pasé del centro-izquierda al centro-derecha más derecha que centro sin solución de continuidad, hasta desvanecerme en el aire. Pero piensen que si me hubiera conformado con ser una simple ama de casa chaqueña, los fabricantes de camas solares estarían al borde de la quiebra”.
CRISTINA FERNADEZ DE ÉL: “Digan lo que quieran sobre mis cámporos queridos; pero piensen que sin ellos hoy muchos medios de la corpo antipatria estarían inventándole romances con vedetongas a mi hijo Máximo. Ahora tienen algo mejor con qué entretenerse”.
AMADO BOUDOU: “¿Que me mandé cualquiera con Ciccone Calcográfica y mi amigo el testaferro de apellido difícil? Si, claro, pero de no ser por eso solo me reconocerían por cantar peor que un Bull Dog con catarro y por mi novia pelirroja que está más buena que ganarse el Quini 6. ¿Quien se iba a acordar que soy el Vicepresidente?”.
CONCESIONARIOS DE TRENES Y TRANSPORTES VARIOS: “Sabemos que con nosotros la gente viaja como ganado, que hay accidentes horribles y que nos llevamos un fangote sin poner casi nada a cambio. ¿Pero se imaginan si se hubiera hecho el tren bala ese que quería Kristina? ¡Cuando uno de esos cacharros se pega un hostiazo sí que queda el plumerío, otra que la tragedia de Once!”.
NORBERTO OYARBIDE: “¡Me tienen podrido! Que mi anillo de 250 lucas verdes, que mis vacaciones chongas en el caribe, que le archivo las causas jodidas al gobierno...no me dejan en paz. Pero bien que si hubiera caído en la Suprema Corte hoy estaría dando conferencias por el mundo como los mejores y no me tocaban ni con un puntero láser, aunque tuviera una cadena de prostíbulos...upppsss”.
JULIO CESAR FALCIONI: Ya sé que me llevo como el tujes con todo el plantel de Boca, con los dirigentes, con los hinchas y con los periodistas. Pero piensen lo que sería si me hubiera dedicado a la televisión y vieran mi cara un par de horas por día, en alguna tira o leyendo noticias en primer plano... ¡Ahí si que tendrían motivos para quejarse de mí!
Como verán amigos y amigas todos y todas, el retorcimiento dialéctico que permite nuestra idiosincrasia no conoce límites ni fronteras. Solo es cuestión de tener la oreja atenta y pescar lo que te tiran desde arriba para luego decodificarlo y exponerlo, si es que el estómago te lo permite. Si ya escuchamos a Schiavi diciendo lo que dijo después de semejante desmadre, las posibilidades de escuchar cosas inauditas son incalculables. De hecho, mientras escribo esto oigo en la radio a uno de apellido Cirigliano (alto responsable de la empresa TBA, hoy inculpada hasta del fusilamiento del Coronel Dorrego si te descuidás) diciendo que el servicio del malhadado Ferrocarril Sarmiento es “aceptable”. Entonces creo que es momento de apagar la luz, cerrar con llave y tirarla a un pozo.
Será hasta el siguiente finde, espero.