Lidiar con la Telefónica

Que la empresa oligopólica Telefónica hace lo que quiere no es ninguna novedad, pero vale la pena exhibir un ejemplo para actualizar esta máxima que reina en la empresa desde su extranjerización.

El 20 de octubre, solicité al 112 el cambio de domicilio, tarea que se comprometieron a realizar en los 21 días subsiguientes. Durante ese lapso, me comunicaron que aunque no tuviera servicio, tendría que pagar por él (1 a 0).

Después de aceptar un canon extra de alrededor de 200 pesos por el traslado (más el pago habitual del mes), esperé los 21 días correspondientes, sin novedades.

El 10 de noviembre, me comuniqué nuevamente al 112 y ¡oh sorpresa!, el cambio de domicilio no estaba registrado (2 a 0). "Tenemos que tomar nuevamente el pedido y tendrá que esperar otros 21 días" (3 a 0 con promesa de goleada).

La indignación fue en aumento, sobre todo porque la nueva telefonista puso en duda que yo haya pedido cambio de domicilio en aquel 20 de octubre. "Ustedes dicen que la conversación queda grabada, revisala", le sugerí.

Como ocurrió anteriormente, me comunicaron que el pago de noviembre tenía que efectuarlo como si estuviera disfrutando el servicio de telefónica e internet.

El lunes 5 de diciembre, a 25 días del segundo llamado y ante ninguna novedad de instalación, me comuniqué y del otro lado dijeron: "Ahora lo ponemos en 'urgentes', claramente se han pasado los 15 días". ¿Son 15 o 21? A esta altura da igual.

Martes y miércoles a la mañana transcurrieron sin novedades y hoy decidí dar de baja al servicio, previo a un fin de semana largo que me hizo prever que los instaladores lejos estarían de mi domicilio. Ni siquiera sospeché lo que escucharía del otro lado de la línea.

"No puede darse de baja porque hay un pedido hecho por usted. Tendrá que esperar cinco días hábiles para que nos llamen de servicio y que nosotros podamos confirmarle que el pedido será cancelado. Recién ahí podrá hacerlo" (9 a 0).

Conclusión: soy preso de Telefónica. Me siento prisionero de esta empresa, literalmente. No tengo poder de decisión. Hasta que a Telefónica se le cante, seré su usuario y deberé pagar hasta tanto por un servicio que hace más de un mes, no dispongo.