¿Libertad religiosa?

El autor del libro "El ateísmo", comenta, en esta nota, conceptos vertidos por el obispo auxiliar de Mendoza, Sergio Buenanueva, siguiendon un debate siempre vigente.

El 20 de diciembre ppdo., el Sr. Sergio O. Buenanueva publicó en el diario Los Andes una nota sobre religión y libertad, acerca de la cual poco vale la pena contestar. Pero hay un párrafo que no es posible pasarlo por alto: “La Iglesia Católica ha reconocido la libertad religiosa como perteneciente a lo más genuino de su tradición. Lo ha hecho suyo del modo más auténtico: No como quien abre un espacio a un cuerpo extraño o tolera una excrecencia, sino como una asimilación armónica y coherente del contenido central de su propia fe…”.

Pido al lector que sin mayores comentarios previos ponga atención especial en dos afirmaciones: “…lo más genuino de su tradición…” “…no como quien abre su espacio a un cuerpo extraño o tolera una excrecencia…”. Frente a tales afirmaciones es imposible olvidar la formación y consolidación de la iglesia constantineana con el trato marginante y humillante de la cristiandad para con los judíos; las guerras contra los islámicos conocidas como “Las Cruzadas”; la evangelización de las poblaciones aborígenes precolombinas; la extinción de los Cataros y Templarios; la sangrienta Noche de San Bartolomé, en fin “La Santa Inquisición” en cuyas trepidantes hogueras cayeron moros, judíos y herejes…

Están además como testimonios de la singular manera de entender la libertad religiosa los gloriosos documentos pontificios que condenan sin anestesia las libertades modernas. Gregorio XVI, en la encíclica “Mirare Vos” de 1832, nos habla del “Delirio de la libertad de conciencia” y de la “Monstruosidad de la libertad de la imprenta”. León XIII, con lenguaje algo más educado apunta a similares objetivos: En la “Diuturnum illud” de 1881 condena el principio de la voluntad del pueblo como base de la convivencia política, en la “Inmortale Dei” de 1885, añora las épocas en que: “El sacerdocio y el imperio en fausta concordancia, dispensábase los buenos oficios”, al tiempo que declaraba que los distintos cultos “No pueden ser todos iguales…”. Por otra parte en la encíclica “Libertas” de 1888 sostiene León XIII que la libertad política: “…consiste en que, mediante la ayuda de las leyes civiles podamos más fácilmente vivir según la exigencia de la ley eterna…” (Ley eterna que obviamente, su interpretación y aplicación está en manos de la Iglesia Católica).

Podríamos abundar en mayor cantidad de citas; el lector interesado puede recurrir (entre otros) al libro “Encíclicas Políticas de los Romanos Pontífices” compiladas por A. Redin – Edit. EMCA- Bs. Aires 1945. Allí podrá comprobar por ejemplo si considerar la libertad de conciencia como un delirio, pertenece a la tradición más genuina de la Iglesia Católica, o es una excrecencia que la iglesia tolera.

Claro está que desde esas épocas hasta la actualidad estuvo de por medio el Concilio Vaticano II, cuya declaración “Dignidatis Humanae” el Sr. Buenanueva menciona –junto a la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas- 17 años anterior al comenzar su artículo. Pero no nos hagamos ilusiones: Que tengamos noticia alguna que la encíclica ya citada “Libertas” halla sido derogada;  volvamos a ella: “No obstante la iglesia como verdadera madre que no olvida cuan grande es la dignidad humana y cuan impetuoso el torbellino que en nuestro época amenaza llevarlo todo; espíritu y cosas. Por ese motivo, sin conceder derecho alguno a lo que estuviera fuera de toda razón, tolera a veces que el Estado consienta cosas ajenas a la verdad y al bien”. (Verdad y bien obviamente definidos por la iglesia católica) “Siempre que ello sea para evitar un mal mayor o para conservar o conseguir algún bien (pag. 62)…” Si, pues, en razón de circunstancias llegara la iglesia a tolerar algunas modernas libertades, no por aceptarlas en si, sino para juzgar ser ello de momento inevitable, cuando cambiaren las circunstancias a ser más favorables, volverá ella de nuevo a hacer cumplir su divina misión que es la de procurar la salvación eterna de las almas” (pag. 63). Como no están ya de moda las torturas y las hogueras, las cosas se reducen a razones, ruegos y exhortaciones, pero claro está exclusivamente de la Iglesia Católica.

Para resumir, que quede en claro: “…sin conceder derecho alguno…tolera a veces que el Estado consienta cosas ajenas y  la verdad y el bien”.  Pero, “…cuando cambiaren las circunstancias volverá de nuevo la iglesia ha hacer uso de su libertad…”. Las otras religiones, no tienen derecho alguno, pues los distintos cultos no pueden ser todos iguales”. ¿Cambiarían las circunstancias viniendo a ser más favorables a la iglesia católica? ¿En tal caso olvidamos las ilusiones de la libertad religiosa que ingenuamente ofrece el Concilio Vaticano II ?. Por qué lo permanente suponemos que la Voz de Dios es inmutable? Es que la iglesia católica sigue teniendo la posición de LA VERDAD y por lo tanto tiene todo derecho a imponerla.