En un nuevo aniversario del golpe cívico-militar-eclesiástico la enemiga de la democracia vuelve con sus pretensiones docentes y de veedorasocial. La Iglesia Católica, representada por una camarilla de gerontes pagados por el Estado argentino, emitió un documento referido a la campaña electoral próxima a iniciarse (“Las elecciones, exigencia de compromiso ciudadano”). Le agregó una ronda de consultas donde se “invita” a los candidatos a presidente a buscar una agenda común.
Sin ningún tipo de vergüenza la enemiga de las libertades laicas pone en práctica lo que históricamente ha hecho: jugar el rol de “garante de la unidad nacional”, en palabras de Mallimaci. El mismo rol que cumplieron en la última dictadura militar cuyos criminales la premiaron por haber “bendecido” el genocidiojustificado en la beatísima fórmula “civilización occidental y cristiana”, recibiendo cuantiosos beneficios aún hoy existentes.
Y lo hacen con la servil y torpe clase política de nuestra joven democracia. Siempre con espíritu parasitario, por cuanto necesitan imperiosamente del Estado para seguir succionándole recursos, privilegios, prebendas y acomodos, en nombre de mayorías sociológicas inexistentes que, paradójicamente, no representan porque no fueron elegidos por ellas.
1.La ideología autoritaria detrás de la jactancia democrática
A los charlatanes les encanta “orientar”, “iluminar”, dar “consejos”. Está muy bien para aquellos que así lo quieran y permitan que les manipulen a más no poder sus conciencias. El problema es que pretenden enseñar sobre una forma de estado - y de vida de los argentinos- que combaten y no practican dentro de su golpista institución.
Basta con hacer un repaso a la historia democrática de nuestro país para darse cuenta que la entidad religiosa, cada vez que pudo, pisoteó sin miramientos la Constitución Nacional avalando todos los golpes militares, desde el primero de 1930 hasta el último de 1976.
La actitud antidemocrática de la iglesia fue impiadosa hasta con sus propios cuadros, abandonados a su suerte frente a los dictadores de turno para su persecución, tortura y muerte, incluyendo su guiño para el robo de bebés, entregados a familias “normales”.
Aquel comportamiento criminal fue – y es – justificado por una ideología que considera a la democracia como un “sistema” y respecto al cual la iglesia puede prescindir sin ningún tipo de complejo, acompañando a cualquier funcionario golpista. Los ejemplos de Honduras (2009) y Paraguay (2012), son los más próximos y prueban la vigencia de la misma.
Con un hipócrita “aprecio” hacia el sistema democrático (capítulo octavo), la Doctrina Social manifiesta: “La Iglesia respeta la legítima autonomía del orden democrático; pero no posee título alguno para expresar preferencias por una u otra solución institucional o constitucional” (Nº 424 último párrafo).
Se leyó bien, les da lo mismo cualquier forma de gobierno; una democracia que una dictadura. De cualquiera de ellas se sacaran “jugosos” resultados para la institución religiosa, sobre todo, para la clerigalla sexista y de gerontes que la gobierna.
2. El documento: “Haz lo que yo digo, no lo que hago”
Es una verdad de Perogrullo sostener que en la Iglesia Católica la democracia no existe. No sólo no existe sino que su funcionamiento y organización violan sistemáticamente derechos humanos y constitucionales que los católicos sí tienen puertas a afuera de la institución.
Hagamos una breve comparación: mientras que en el documento se pide a “nuestros hermanos argentinos” que participen políticamente, a los católicos se les prohíbe opinar y participar hasta en la elección de un monaguillo, ya que no se reconoce el ejercicio de derechos políticos dentro de la institución; mientras se lanzan loas a las notas republicanas (periodicidad en el mandato, publicidad de los actos, responsabilidad de los funcionarios, igualdad ante la ley), dentro de la iglesia brillan por su ausencia.
El caso de la igualdad es todo un emblema de la discriminación institucionalizada. Si no pregúntese a las católicas que “no son consideradas sujetos morales, porque la doctrina moral la elaboran varones conforme a unos principios patriarcales. No son sujetos teológicos porque la doctrina teológica también la elaboran varones, a partir de una Congregación para la Doctrina de la Fe que impone una autoridad que no necesariamente es la que mejor responde al espíritu originario del cristianismo. No son sujetos religiosos ya que no pueden acceder a la esfera de lo sagrado si no es través de la mediación de los varones (sacerdotes, obispos, papa…). No son sujetos eclesiales ya que no pueden ejercer funciones directivas, ni asumir puestos de responsabilidad en la comunidad cristiana” (Cf. Tamayo, Juan José, “Otra Teología es necesaria”, en www.atrio.org/author/juan-jose-tamayo/).
Mientras se aconseja a los candidatos que competirán en las campañas electorales a que “ofrezcan sus propuestas sin incurrir en agresiones” (N° 3), la doctrina clerical contiene una enumeración exhaustiva de insultos hacia sectoresque la propia iglesia ha marginado (gays, curas casados, laicos divorciados vueltos a casar, mujeres), todos disfrazados de empalagosos eufemismos.
Mientras se aconseja (cínica e hipócritamente), que “en temas importantes y permanentes, sea posible acordar entre los distintos partidos y sectores sociales políticas de Estado que se desarrollen más allá de los cambios de gobierno” (N° 4.1),es harto conocido cómo los obispos se han opuesto a todas aquellas políticas públicas laicas acordadas por los partidos que han sido contrarias a su ideología e intereses. Es más, hasta tienen un listado de “principiosy valoresno negociables” contenidos en la “Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”, aprobada por el papa Juan Pablo II el 21 de noviembre de 2002, aún vigente.
La Nota, pinta a los charlatanes de la democracia de cuerpo entero: “Ocurre así que, por una parte, los ciudadanos reivindican la más completa autonomía para sus propias preferencias morales, mientras que, por otra parte, los legisladores creen que respetan esa libertad formulando leyes que prescinden de los principios de la ética natural, limitándose a la condescendencia con ciertas orientaciones culturales o morales transitorias, como si todas las posibles concepciones de la vida tuvieran igual valor” […] “Si el cristiano debe «reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales», también está llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo moral, nociva para la misma vida democrática, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida social, no son “negociables” (N° 3).
La “frutilla del postre” antidemocrático es la orden que se les da a los legisladores que practican el catolicismo de no legislar sobre los temas “no negociables”, pisoteando el principio de soberanía popular, el de representación y las instituciones laicas de la república: “Análogamente, debe ser salvaguardada la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal” (N° 4, tercer párrafo).
Resulta claro que los charlatanes de la democracia desprecian visceralmente los intereses y problemas sociales anteponiendo sus propios intereses políticos, y sobre todo, los de un jefe de estado extranjero como es el papa católico.Y van más allá: atentan contra el funcionamiento de las instituciones republicanas.
Aconsejan que“la elección de gobernantes, en los poderes ejecutivos y legislativos de todos los niveles, no debe ser el resultado del “marketing” (N° 5), pero lo utilizan sin empacho alguno para publicitar el “cambio” de rol llevado a cabo por el papa Francisco, elabanderadode la prestidigitación.
Hasta aconsejan a los candidatos para que dialoguen y trabajen para el bien común (N° 3), lo que no está mal. Ahora, ¿a qué bien común se refieren? ¿El bien común desde la anacrónica ideología clerical? ¿Entran, por ejemplo, los derechos sexuales y reproductivos en esa noción? ¿Entran los elaborados por las teorías de género? ¿Caben las perspectivas que reafirman la autonomía de varones y mujeres en materia moral? ¿Están incluidas las cosmovisiones opuestas al catolicismo?
Con razón se preguntaba el teólogo KarlheinzDeschner:“¿!En qué otra institución hallamos esa mezcla pasmosa de aullidos de lobo y dulzainas de paz, de mensaje navideño y hogueras inquisitoriales, de hagiografía y crónica patibularia!?”
3. La estulticia de la clase política
Dice el refrán popular: “La culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer”. El mismo lleva a preguntarnos qué responsabilidad tiene la clase política - puntualmente, los candidatos a presidente -en escuchar y darle espacio a quienes representan una institución antidemocrática con un frondoso pasado criminal. Vaya si la tienen.
Esa responsabilidad se agranda cada vez que la dirigencia, haciendo gala de su estupidez e ignorancia, busca legitimar sus candidaturas y eventuales cargos en los altares de personajes que no apuestan un centavo por la vigencia de libertades y derechos en un marco de convivencia democrático y laico. Sobre todo, las libertades de decisión y elección de ciudadanos y ciudadanas.
Con una actitud propia de lacayos, fomentan la debilidad de las instituciones republicanas y laicas, únicas que garantizan un marco social plural, inclusivo y participativo, de pleno respeto de las libertades de todos y todas e igualdad ante la ley.
Permiten que se naturalice la influencia de sujetos que representan una institución que no tiene (ni tendrá) competencia en asuntos temporales, sino en religiosas y sobrenaturales, por cierto, inverificables.
Y es, además, un síntoma de cómo se gobernará si llegan al poder: a espaldas de los mayoritarios sectores de creyentes que no practican religión alguna, bautizados que no creen en dogmas ni doctrinas, y catolicismos diversos; en contra de las minorías religiosas; de los crecientes sectores agnósticos y ateos, en suma, de la mayoría de la población.
Como diría el teólogo alemánlos candidatos,fascinados con su propia bobería, continúan permitiendo que los charlatanes de la democracia “sigan confundiendo a Dios con su propia ventaja, y a su propia ventaja con Dios”.
El nuevo aniversario del golpe cívico-militar-católico permite observar, lamentablemente,que los políticos argentinos “se dejan embelesar y atolondrar con fullerías de prestidigitador, con latín y embustes, con pathos pastoral, con ademanes de santidad y con los espantos y delicias del más allá” (Deschner).
No significa otra cosa el documento “Las elecciones, exigencia de compromiso ciudadano”, elaborado por la enemiga de la democracia y sus nepotes.
Y los que pierden son siempre los mismos: la república, la democracia y los ciudadanos.
(*) Carlos Lombardi. Prof. de Derecho Constitucional, Facultad de Derecho, UNCuyo.