Los anuncios de la DGE

He leído con atención los cambios anunciados por la señora directora general de Escuelas, la profesora Iris María Lima. Al respecto, deseo señalar algunos comentarios, teniendo en cuenta que el cargo que la señora ocupa no debe ser entendido como un “premio” por alguna lealtad política o partidaria. El cargo de director general de Escuelas tiene jerarquía constitucional y no debería ocuparse así como así.

Durante mucho tiempo vimos cómo los exámenes globales fueron, primero, generando alguna bronca y desconcierto pero, luego, recibieron el respaldo de los alumnos en principio y de los padres después. Esto fue así porque los chicos se dieron cuenta que era bueno repasar todo lo aprendido para no tener que sufrir después a fin de año el dolor de tener que hacerlo. Así lo han reflejado los medios de comunicación durante mucho tiempo.

Luego, el ministro de Educación Daniel Filmus, quien además es un prestigioso académico y su por entonces funcionario Juan Carlos Tedesco (actual ministro nacional) elogiaron a rabiar la implementación de este sistema, al punto de proponerlo para todo el país.

Si mal no recuerdo, este gobierno provincial adscribe al nacional, que mantiene la misma línea anterior. Por ello, por ejemplo, debieron dar de baja a la política de seguridad que habían intentado aplicar sus aliados demócratas. Fue la Nación quien le bajó el pulgar y tuvieron aquí que arreglárselas como pudieron.

¿En Educación, un área tan especial, pueden hacer cualquier cosa, con tal de romper con el pasado reciente?

Mi pregunta apunta concretamente a lo siguiente: ¿hay tanto, pero tanto rencor con las anteriores autoridades, que aun sin tener un plan propio dan de baja lo bueno (ya sea poco o mucho, esa valoración que la haga otro) que hicieron con anterioridad?

El caso de los globales es paradigmático y por eso puntualizo en ello. Pero, por lo que leo en este prestigioso e independiente diario es que vuelven los programas que paralizaron durante siete larguísimos meses de parsimonia y dudas, pero con otro ropaje, con otros nombres propios, tanto de los mismos como de sus referentes, que seguramente serán militantes del actual gobierno.

Sinceramente, en mis largos años de vida no he visto tamaño despropósito en un gobierno para con la Educación, salvo, obviamente, en aquellas intervenciones de facto que no deben ser puestas en la misma balanza, por injustos e ilegales.

Creo que, poniéndonos una mano en el corazón, debemos poner una lupa a lo que se anuncia que se va a hacer una vez transcurrido medio año. Tengo la sensación de que no hay idea en el gobierno de cuál es el camino que una Educación acorde a la demanda de estos tiempos debe seguir.

Aguardo con gran interés que las autoridades se esperen en auscultar más sobre su verdadera capacidad de conducir estos delicados temas y aspiro a que, ya que se dicen tan cristianos, no nos obliguen al resto a la resignación, sino que hagan un mea culpa y sepan dar los pasos al costado que manda el Señor cuando uno no está cumpliendo con su deber.