La crisis internacional va mostrando sus facetas más complejas, aunque no debieran ser inesperadas para los observadores con experiencia. Esta semana, con la caída de Bear Stearns, el quinto mayor banco de inversión en Estados Unidos, quedó demostrado que si hay algo que falla en el sistema americano son los controles preventivos.
De todos modos, esta caída es solo un símbolo, y a pesar que hay algunos balances un poco mejores a lo esperados, nadie puede asegurar que la corrida que recibió esta banca no se repita en otras cuyos activos son de dudoso valor.
Lo interesante, pero estresante a la vez, es que los grandes Fondos de inversión parecen haber cambiado de dirección en sus preferencias y esto posibilita cambios importantes en las tendencias de los últimos tiempos.
El principal argumento para los cambios de tendencia es que la recesión en Estados Unidos no afectará solo a este país, sino también a sus principales socios comerciales, como China e India. Bajo este argumento, los inversores grandes decidieron salir de los mercados de materias primas, mientras los que siguen, lo hacen negociando precios en baja.
Durante el mes de marzo fue posible observar esta tendencia claramente. El precio de la soja bajó de 560 dólares la tonelada a 460 en la jornada del jueves último, mientras el trigo cayó de 470 dólares la tonelada a 394 dólares por tonelada y el maíz también sufría perdidas importantes.
Pero esto no solo se registra en el mercado de los alimentos, ya que también se da en los de los metales, como el oro, que llegó a tocar 1040 dólares la onza y cerraba el jueves a 900. De la misma manera, el petróleo retrocedía a 98 dólares el barril, después de haber tocado 111 dólares a principios de la semana.
Pero el eje que comanda la tendencia de estos precios es el valor del dólar frente al resto de las monedas. Y esta es una tendencia que parecería haber comenzado a retroceder. Es que la moneda norteamericana ha comenzado, lentamente, a recuperar posiciones frente al euro. Los operadores consideran que el dólar está muy bajo, que es una buena oportunidad de compra y que el euro no podrá subir más porque Europa colapsaría.
Obviamente, los procesos son más lentos de lo que los concebimos los argentinos. Pero si el dólar comienza un proceso de recuperación, el resto de los commodities que cotizan en dólares comenzarán bajar su precio, medidos en la misma moneda y este puede ser el acelerador de un proceso inverso al actual, que tampoco se sabe donde puede parar.
El impacto sobre Argentina
En lo inmediato, la baja de precios de las materas primas, si se mantiene, implica desde ahora misma menor nivel de ingresos del comercio exterior y menores ingresos por retenciones. La semana pasada el gobierno anunció un sistema de retenciones móviles, es decir, que varían automáticamente según se modifique el precio internacional de referencia, por lo que el impacto mayor se sentirá en las cuenta públicas.
El gobierno debe enfrentar en el segundo semestre vencimientos de deuda por unos 6.000 millones de dólares y no puede recurrir a préstamos ni a la emisión de bonos, dada la situación en los mercados internacionales. Además, seguimos gozando de muy mala fama y eso hace que los que se arriesguen a prestarnos van a pedir tasas de usura.
Por otra parte, se corre el riesgo de que se presente una avalancha de productos importados, generados por los excedentes que comenzarán a tener quienes venden a Estados Unidos y, por la recesión, no podrán colocar todo. El riesgo es que lleguen a precio de liquidación y por eso la UIA le pide al gobierno mayor devaluación de la moneda. Pero esto no fácil con el dólar tan devaluado como está en el mundo.
Lo único que podría ayudar al gobierno en esta coyuntura podría ser que el dólar se revalúe en el mundo, porque también lo haría aquí, pero tendría el dato negativo de la baja de los precios de las materias primas.
La administración de Cristina Kirchner deberá agudizar el ingenio para aumentar el superávit primario para poder adquirir en el mercado local la mayor cantidad de dólares que pueda para enfrentar las deudas, sabiendo que difícilmente pueda emitir nueva deuda. Para esto, debe estudiar una fuerte reducción en los actuales niveles del gasto público.
El problema que deberán afrontar será eliminar gradualmente los subsidios que hoy se entregan a distintos sectores para mantener algunos precios controlados, aunque la inflación parece no contenida, sino solamente dibujada.
La mayoría de las decisiones deberán ser tomadas en los próximos dos meses con cara al segundo semestre, que será crucial. Además, deben aprovechar que este año no hay elecciones y que las que asoman son legislativas, para tomar aquellas medidas que vienen postergando desde el gobierno de Néstor Kirchner.
La crisis ya comenzó a pegarnos
La caída de los precios de las materias primas aparece como la amenaza más compleja para la situación fiscal, ya que implicaría una caída fuerte de las retenciones que obligaría a bajar drásticamente el nivel de gasto.