Por José Calero, especial para NA.
El Gobierno salió a frenar como pudo la escalada inflacionaria con un acuerdo de precios hasta el primero de abril mientras libra otra batalla en el frente cambiario, con un Banco Central que sufre un goteo progresivo de reservas, en un año donde el oficialismo considera que el gran tema a resolver será la "competitividad" de la industria.
Uno de los objetivos de la política oficial también es atenuar la ya conocida para los argentinos carrera entre precios y salarios, con gremios cada vez más demandantes ante la necesidad de recomponer salarios carcomidos por la inflación.
En ese escenario, la Casa Rosada busca, además, poner un tope a las paritarias, utilizando como acuerdo testigo el de los docentes nacionales, que sorprendieron al Ministerio de Educación con un pedido de aumento del 30 por ciento.
Como contrapartida, el gobierno ofertó 17 por ciento, con la expectativa de llegar a un punto intermedio que no ejerciera más presión aún sobre las pretensiones de sindicatos de gran peso también como los de camioneros, gastronómicos, Luz y Fuerza, y comercio, entre otros que avanzan por un carril más cercano al 30 por ciento de reclamo de ajuste salarial.
La estrategia para quitar presión a la olla donde se cocinan los precios fue primero acordar un congelamiento por dos meses con supermercados, cadenas de electrodomésticos, el sector de útiles escolares y las empresas de medicina prepaga.
El convenio "de palabra" que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, definió con esos sectores dispone el compromiso de no tocar los precios hasta el primero de abril.
La mano derecha de Moreno, la subsecretaria María Colombo, pidió incluso a los argentinos "disfrutar" de este acuerdo, abriendo la duda sobre lo que pueda ocurrir a partir del primero de abril.
Si bien en el área de Moreno -funcionario de cada vez mayor confianza de la Presidenta- aspiran a estirar el plazo del congelamiento de precios más allá de esa fecha, las palabras de la combativa funcionaria podrían interpretarse también como un aviso para los consumidores de que aprovechen esta ventana de oportunidad que se les abre porque en abril el escenario podría dispararse la tormenta de aumentos.
El riesgo de que el día 61 la olla a presión vuele por los aires de la manos con remarcaciones varias está así latente.
También la posibilidad de que comiencen a notarse faltantes en las góndolas, ante un congelamiento que podría volver inviable los costos de reposición de productos.
Es que si los supermercados y demás sectores que acordaron comienzan a recibir mercadería con remarcaciones, podrían optar por mantenerla en stock a la espera de que se venza el acuerdo con el fin de no perder margen de utilidad.
Por ello, el trabajo de la secretaría de Comercio debería continuar sobre los formadores de precios que exceden la cadena comercial, que son los fabricantes, un sector que viene quejándose por la pérdida de competitividad a raíz de paritarias cada vez más duras.
Una coyuntura en la cual el precio de los alimentos escala a un ritmo sorprendente en el mundo le hace un flaco favor a la estrategia cristinista.
Los reclamos salariales amagan con elevar el costo laboral a niveles preocupantes para la industria, y la UIA ya alertó que aumentos de sueldos del 30 por ciento serían inviables.
Justamente Moreno fue quien planteó que el 2013 será el año para atender los problemas de competitividad, tras un 2012 donde se sintió el freno de la economía en abundantes sectores y por motivos diversos.
En el mercado inmobiliario consideran que este será otro año perdido y apuntan los pocos cañones que les quedan a mover el rubro alquileres y el de viviendas usadas.
Con un sector clave como la construcción parado, la economía argentina dará muchas ventajas y la actividad laboral seguirá viéndose muy afectada.
Desde el gobierno esperan que los planes de vivienda Procrear, que deberían empezar a concretarse este año, sumados a algunas obras públicas, permitan a la construcción recuperar algo del terreno perdido.
Pero la fuerte caída en los permisos de construcción -casi a la mitad en la Ciudad de Buenos Aires- anticipan un 2013 delicado para un sector medular en la estructura productiva argentina.
El frente cambiario
La fuerte devaluación superior al 30 por ciento anunciada por el gobierno de Venezuela para tratar de reducir el retraso cambiario del bolívar respecto del dólar, sumó ruido al ya de por sí desprolijo manejo para contener el alza de la divisa norteamericana en el mercado informal e impedir más fugas de capitales.
Venezuela -con su líder Hugo Chávez peleando contra el cáncer en Cuba- sufre un descalabro cambiario que con esta medida se trata de encarrilar, con múltiples tipos de dólar y un mercado paralelo que mueve muchos millones a diario.
La pregunta que se hacen en el mercado es si la Argentina seguirá en algún momento este camino, o mantendrá la estrategia que minidevaluaciones semanales que podría llevar a la divisa norteamericana oficial a 6 pesos cuando concluya el 2013, 20 por ciento más que en la actualidad, arriesgó Moreno.
Los exportadores industriales y agrícolas vienen presionando por una devaluación, porque eso les permitiría mejorar su competitividad.
Pero sería impensable que Cristina Kirchner buceara recorrer un camino similar al del gobierno venezolano, al que a veces desde la Casa Rosada se propone como modelo en la región, porque este año se juega su chance electoral de cumplir la segunda mitad de su mandato sin perder poder ante la imposibilidad de acceder a otro turno.
Desechada por completo esa opción, la administración de Cristina Fernández deberá buscar alternativas para revertir el progresivo debilitamiento de las reservas.
Las reservas cayeron a 42.300 millones y se perdieron 100 millones en apenas una semana.
A este ritmo, se acercarían al piso psicológico de los 40.000 millones cuando concluyera el 2013, con los tiburones del mercado cambiario listos para avalanzarse ante cualquier debilitamiento de la autoridad monetaria.