Las cosas en su lugar. Luego de 14 años de un sistema previsional mixto, se puso fin al régimen previsional de capitalización individual. En 1994 bajo la presidencia de Menem, el superministro Domingo Cavallo impulsó la creación de las AFJP haciendo todo lo posible por denigrar al sistema previsional estatal, ya sea a través de la congelación lisa y llana de los haberes jubilatorios que permanecieron inamovibles por años, hasta la falsa promesa de mayores jubilaciones para quienes optaran por una AFJP.
Este sistema desde su propia concepción, se basaba en supuestos endebles y casi utópicos entre los cuales se pretendía que las crisis financieras internacionales no afectaran a nuestro sistema financiero y por lo tanto a los fondos de los afiliados volcados a este. No hizo falta esperar mucho para analizar las consecuencias del no cumplimiento de este supuesto. Justamente en el 94 se dio la crisis mexicana del tequila, a las que siguieron sendas crisis internacionales que terminaron golpeando financiera y económicamente al país y por lo tanto al dinero de los afiliados.
Y es justamente, en el marco de este crack financiero internacional de magnitudes todavía incalculables, donde el discurso de la ortodoxia neoliberal queda al desnudo en sus falsas soluciones. Descontando la actual crisis coyuntural, ya la rentabilidad de las AFJP en el último año había sido negativa. O sea, que Usted no sólo no había ganado dinero entregándoles su capital a las Administradoras, sino que incluso había perdido. Importante mencionar que mas allá de ganancias o pérdidas que las AFJP pudieran tener en el manejo de estos fondos, la rentabilidad de ellas se encontraba asegurada con el pago de una comisión periódica que salía de nuestro bolsillo.
Este perverso sistema de capitalización venía mostrando sus insostenibilidad desde hacía años. Un dato lo ilustra. Hoy, más de las tres cuartas partes de aquellos que reciben sus jubilaciones a través de una AFJP cobran parte, y en algunos casos la totalidad de sus haberes con fondos provenientes del Estado.
Como vemos, es justamente el vituperado Estado, el eterno castigado del discurso de los 90´, quién se convierte en el salvador de última instancia y termina como siempre rescatando estos experimentos neoliberales que como tantos otros sólo sirven a poderosos intereses económicos.