El comienzo fue el final para Rudolph Giuliani

El error de cálculo que hundió en un resonante fracaso al ex alcalde de Nueva York, una de las figuras más notorias del Partido Republicano. Florida fue una doble ganancia para John McCaine y la confirmación del duelo de titanes que libran Hillary Clinton y Barack Obama por la candidatura demócrata.

En los Estados Unidos, la interna partidaria es un complejo ajedrez en el que cada error se paga muy caro y en el que jamás está dicha la última palabra.

En el terreno republicano, la sorpresa ha sido el inmenso error de cálculo de Rudolph Giuliani, un hombre al que se creía dotado de un claro sentido estratégico y que, sin embargo, planteó tan mal su estrategia de campaña que su tardío lanzamiento sería también la temprana muerte de su candidatura.

Entre los aspirantes republicanos, Giuliani era la figura más conocida junto con John McCain. Al viejo senador de Arizona se lo conoce por su larga y prestigiosa carrera legislativa, por sus posiciones independientes y a veces poco conservadoras, aunque principalmente por haber enfrentado a George W. Bush en la elección interna del  2000, representando a la derrotada ala liberal y moderada del partido.

La fama de Mitt Romney, más que por gobernar Massachussets, deviene de haber sido el efectivo organizador de las olimpíadas en Salt Lake, mientras que el gobernador de Arkansas Huckabee y los demás precandidatos figuraban prácticamente en calidad de tapados.

En cambio Rudolph William Louis Giuliani era conocido en todo el país, también en el extranjero, por la fama que cobró como alcalde de Nueva York. Sobre todo por la notable disminución del delito que implicó en la “Gran Manzana” la aplicación de su resonante programa de seguridad conocido como “tolerancia cero”, el nombre con que bautizó a la mano dura.

En los Estados Unidos, ser la foto de tapa de la revista Time es una suerte de indiscutido certificado de fama y trascendencia a nivel nacional. Y “Rudy” habitó esa portada, así como también puso su nombre en los titulares de los diarios merced a la eficiencia del operativo que personalmente comandó en la masacre del 11 de setiembre del 2001.

Ahora bien, la fama de Giuliani lo hacía fuerte en las grandes urbes, sometidas al flagelo de la inseguridad y temerosas del terrorismo devastador, pero se debilitaba en esos estados rurales con ciudades chicas y vida pueblerina.

Con las encuestas mostrando esa debilidad en las cuatro primeras estaciones del viaje hacia la candidatura, Rudolph Giuliani decidió su estrategia de alto riesgo: resignar esos estados pequeños que aportan pocos delegados a la Convención Nacional partidaria, para concentrarse en el primer plato fuerte de la contienda: Florida.

La apuesta del ex alcalde neoyorquino fue ganar en la estratégica Florida el tiempo de campaña que los otros invertían en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur.

Mientras los otros disputaban las escuálidas sumas de delegados que aportan esos estados pequeños, Giuliani hacía campaña en Florida con todo el escenario para él solo. Ergo, con toda la posibilidad de llevarse el suculento botín de delegados con un triunfo contundente y en la antesala del “supermartes”, una de las fechas más decisivas en el calendario de las internas.

Esa victoria resonante que lo colocaba en posición privilegiada para la decisiva jornada del martes cinco de febrero, era posible porque en Florida viven muchos hispanos, comunidad en la que Giuliani tiene buena imagen, y por ser el Estado con mayor inmigración proveniente de Nueva York, el bastión inexpugnable de este nieto de italianos  nacido en Brooklin.

La estrategia tenía lógica, sin embargo falló estrepitosamente. A pesar de estas largas semanas de campaña con el escenario para él solo, Giuliani quedó en un remoto tercer puesto y con su aspiración herida de muerte.

¿En qué se equivocó? Posiblemente en que sin bien Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur aportan pocos delegados a la Convención que define la candidatura, lo que aportan es protagonismo en los diarios, la radio y la televisión.

Y en esas primeras cuatro estaciones se instalaron los nombres de Mitt Romney y John McCain eclipsando al neoyorquino.

No es la primera vez que Giuliani se equivoca. Se equivocó cuando pretendió hacer creer que la anulación de su primer matrimonio fue por el descubrimiento tardío de que era primo en segundo grado de su mujer. Y volvió a equivocarse al anunciar públicamente su tercer matrimonio antes de haber puesto fin al segundo. Dos errores que lo estigmatizaron en el sector religioso y moralista del electorado republicano.

El hecho es que el gran ajedrecista se planteó mal el tablero y su primer movida fue la última, lo cual constituye un doble triunfo para John McCaine, porque Florida implicó para el senador vencer nuevamente Romney y continuar la marcha sumando los votos que hubieran sido de Giuliani y con el ex alcalde como colaborador de su campaña.

¿Por qué? Por la afinidad política. Mc Cain y Giuliani son los más moderados y menos conservadores de los aspirantes republicanos, mientras que el resto se identifica con el conservadurismo duro y religioso de Bush.

A esta altura, el electorado republicano parece tener en claro que la única posibilidad de retener la Casa Blanca será con el candidato menos parecido a Bush, ese que haya mostrado independencia y actitud crítica frente al actual gobierno.

Y el hombre es John McCain. El único que podría competir contra un demócrata por la presidencia sin cargar el lastre del desprestigio de Bush.

Por eso la carrera republicana influye también la que, paralelamente, se está dando en la oposición. Aunque todavía no está claro si un triunfo del prestigioso senador veterano de Vietnam favorecerá a Hillary Clinton o a Barack Obama.

Lo único claro en la interna demócrata es que John Edwards, tras perder en su propio Estado (Carolina del Sur) repitiendo luego en Florida el lejano tercer puesto que ocupó desde el principio, ya tiene sus aspiraciones desahuciadas. Mientras lo de Clinton y Obama ya es una contienda de pesos pesados en la que uno gana un raund y el otro se impone en el siguiente.