Las auténticas mareas de hinchas de todos los países que colorearon las gradas del flamante estadio de Polokwane durante el Mundial ya se retiraron, dejando tras de sí, como en tantos otros del país, un gran vacío y un futuro incierto.
"Haremos un llamamiento a ofertas, quizás hacia fines de julio, para elegir una empresa que lo explote en el futuro", anuncia Ndavhe Ramakuela, jefe de los proyectos 2010 en la alcaldía de esta apacible ciudad de 500.000 habitantes. "También se discute con los clubes de fútbol y de rugby para ver si quieren utilizarlo", agrega, sin dar más detalles sobre la reconversión del estadio.
Ellis Park.
Con un costo estimado de 1300 millones de rands (unos 170 millones de dólares, o 135 millones de euros), el estadio Peter Mokaba fue el escenario de cuatro partidos de la primera rueda del torneo. Desde entonces, sólo las rondas de los guardias de seguridad brindan algún signo de vida humana en el coliseo.
No obstante, los gastos de funcionamiento no finalizaron con la partida de las selecciones y la municipalidad tuvo que acudir al Tesoro Público para pagar las facturas. El mantenimiento del estadio se calcula en unos 17 millones de rands al año.
Green Point.
En total, Sudáfrica invirtió 11.700 millones de rands en construir o renovar los 10 estadios del Mundial 2010, que pueden recibir, según el caso, desde 40.000 a 94.000 espectadores, y ahora es necesario evitar que se conviertan en pesos muertos. La apuesta parece muy fácil en las grandes ciudades como Johannesburgo, Durban o Ciudad del Cabo, cuyo atractivo turístico y las actividades deportivas habituales deberían asegurar la supervivencia de construcciones descomunales.
El gigantesco Soccer City, en la capital económica del país, tiene la certeza de ser en el futuro la sede de partidos de prestigio. Para comenzar, el 21 de agosto está previsto allí uno del torneo Tres Naciones de rugby, entre el anfitrión Sudáfrica y Nueva Zelanda.
En Ciudad del Cabo y Durban, donde ya existían grandes estadios, habrá que inventar nuevas ctividades para asegurar el porvenir del Green Point y del Moses Mabhida Stadium.
El primero apuesta por desarrollar actividades culturales y conferencias internacionales, mientras que el segundo lo hace por el rugby, tentando al popular equipo de los Sharks para que se convierta en su inquilino.
Las ciudades que renovaron sus estadios, Bloemfontein, Pretoria, o incluso el Ellis Park de Johannesburgo, no deberían complicarse, dado que desde ya sus infraestructuras prometen un lleno siempre que haya duelos de fútbol o de rugby. Sin embargo, las ciudades pequeñas como Polokwane parecen enfrentarse a una situación delicada. Apartadas de las grandes vías de comunicación, tampoco cuentan con equipos profesionales que atraigan a las masas de hinchas.
Polokwane.
Nelspruit (Nordeste), una ciudad de 200.000 habitantes, convenció a los Mpumalanga Black Aces, un equipo de fútbol que suele merodear las posiciones bajas de la tabla de la primera división, para que abandone su sede de Witbank, situada a dos horas de carretera, para jugar algunos partidos en su nuevo estadio.
Nelspruit.
Por su parte, la ciudad costera de Puerto Elizabeth (sur) será este año la sede del equipo de rugby Mighty Elephants, de la segunda división, por lo que difícilmente pueda absorber todos los gastos de mantenimiento.
"Si usted construye una carretera, no desaparece al otro día (de la final) de la Copa del Mundo", declaró recientemente el ministro de Finanzas Pravin Gordhan, refiriéndose a las infraestructuras mundialistas en general. Es cierto, salvo que la carretera de referencia no lleve a ninguna parte...
10 Los estadios que se construyeron o renovaron para el Mundial, con capacidades que van desde los 40.000 a los 94.000 espectadores; el gasto fue de 11.700 millones de rands, unos 1527 millones de dólares