Finalmente, ¿Sudáfrica perdió el Mundial?

Un informe especial de Foreign Policy da cuenta que "tras la euforia futbolística, la pregunta es ¿hasta qué punto resultó rentable el Mundial a un país con el 50% de sus habitantes bajo el umbral de pobreza?

En debate para qué le sirvió el Mundial a Sudáfrica. Foto: Foreign Policy
En debate para qué le sirvió el Mundial a Sudáfrica. Foto: Foreign Policy

El Mundial de Fútbol no ha salido barato. Un total de 40 billones de rands (4,2 billones de euros) han sido necesarios para poner a punto las infraestructuras del país anfitrión. De ellos, 12 han ido destinados a estadios (3,3 al flamante Soccer City de Johannesburgo) y el resto a pavimentar las aceras del centro de las ciudades, renovar aeropuertos, carreteras y centros comerciales. Obviamente, la inversión en infraestructuras ha generado también empleo y beneficio para los surafricanos (hay datos que hablan de 695.000 trabajos derivados del evento). El Gobierno prometió modernos sistemas de transporte para las ciudades que acogieran los partidos de la Copa, promesa que se materializó en el Bus Rapid Transit, que conecta el centro de las principales ciudades con los estadios. Pero, ¿quién se va a beneficiar en el futuro de todo ello?

Sudáfrica es un país marcado por las desigualdades sociales. Pasear por St George's Mall, en pleno centro de Ciudad del Cabo, es parecido a caminar por las calles de Berlín o Barcelona. Sin embargo, sólo con desplazarse unos pocos kilómetros hasta los suburbios de Khayelitsha, es posible ver cómo familias enteras malviven en casetas construidas con materiales de desecho y a vagabundos durmiendo a ambos lados de la carretera. La gente de Khayelitsha no obtendrá rentabilidad del Bus Rapid Transit System. Lo mismo sucederá con los diez estadios construidos para la ocasión. Con 48 millones de habitantes y más de un 25% de desempleo según cifras oficiales, resulta difícil para el Gobierno surafricano recaudar los impuestos necesarios para mantener estas infraestructuras deportivas de élite, cuyo uso quedará seguramente relegado a acoger un par de conciertos al año.

Los populares bed and breakfast son uno de los mejores ejemplos de las expectativas frustradas por el Mundial. Algunos surafricanos renovaron sus viviendas con la esperanza de albergar en ellas a turistas. El proyecto hizo aguas en muchos casos, bien porque los visitantes no estaban dispuestos a pagar los precios desorbitados (100 euros por día), o bien por el bajo número de entradas vendidas y la pésima coordinación a la hora de anunciarlos.

Asociaciones como el Foro Social de Durban han denunciado la injusticia de haber colocado una “alfombra roja” a los extranjeros, mientras se daba la espalda a los agudos problemas del país (desempleo, brecha entre ricos y pobres, delincuencia y problemas raciales derivados del apartheid, entre otros). Prueba del doble rasero entre turistas y surafricanos ha sido la venta de entradas por Internet, cuya difusión en el continente es muy escasa. La cultura africana del trueque incluye la costumbre de pagar en metálico y recibir el producto a cambio, pero no la de lidiar con complicados procesos burocráticos. Un hecho que quizá explica las 40.000 entradas vendidas a africanos, frente a las 230.000 a extranjeros.

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