Por Ricardo Montacuto, Director de MDZ on line
Nadie puede sorprenderse por el resultado. Una sociedad de intereses entre un grupo mediático y uno político, que en este caso además gobierna Mendoza, no tenía muchas posibilidades de llegar a un final apropiado –ni mucho menos, beneficioso para los mendocinos- con tantos negocios millonarios en el medio y una administración débil, de mala gestión, cuentas pendientes de corrupción... Y golpeada tras un resultado electoral de catástrofe, apenas unos meses atrás.
El sacudón político que dio hoy Alejandro Cazabán en la Legislatura fue profundamente meditado, y consensuado incluso con la Casa Rosada de acuerdo a las fuentes que hemos consultado hasta el momento. Y es producto del distanciamiento cada vez mayor entre los propietarios de Uno Medios, José Luis Manzano y Daniel Vila; y el gobernador Celso Jaque y su entorno. El punto de quiebre fue –dicen- el farragoso trámite de aumento tarifario de Edemsa, y los reconocimientos de gastos a favor del grupo propietario de la mayor distribuidora eléctrica de la provincia. A ello se suman, afirman en el gobierno, numerosas presiones derivadas de la concesión de áreas petroleras, de la intervención de Obras Sanitarias, y –ahora- por el negocio del juego, en el que vinculan al Grupo.
La pregunta es… ¿Y Cazabán, de qué se sorprende?
Desde que asumió el gobierno, Celso Jaque ha hecho mucho por el Multimedios Uno. Empezando por la concesión de siete de las once áreas petroleras en disputa a principios de 2008, operación por la que después no se exigió el cumplimiento estricto del contrato en cuanto a inversiones y aportes de dinero; pasando por el pautado de publicidad oficial generosa y millonaria; hasta incluir en el aumento tarifario de Edemsa una serie de costos por fuera de la ley, que en diez años significarán unos 100 millones de pesos extra para la empresa. Sumemos allí las tertulias en San Isidro y en Buenos Aires, y las reuniones políticas y de negocios entre los hoy ex socios.
Como contrapartida, los medios propiedad de Daniel Vila y José Luis Manzano fueron un fuerte muro de contención, un apoyo incondicional para Celso Jaque en momentos de debilidad política, tensión social, y corrupción. No fue hasta el punto de quiebre, que Uno Medios descubrió la falta de gestión del gobierno de Celso Jaque, y que hay funcionarios corruptos en la administración. No fue hasta la pelea final, que comenzaron a aparecer en el diario Uno tapas de fuerte tono opositor, y editoriales adversas en los medios audiovisuales del Grupo. Hoy mismo, en Radio Nihuil se dijo en el "prime time" de la mañana que Celso Jaque está pintado. La misma persona, hace dos meses, era un estadista incomprendido.
¿Por qué fue la pelea?
Los motivos son varios. Pero hay dos que sobresalen. Uno, es la relación entre el gobierno y los empresarios dueños del multimedios por la tarifa de Edemsa. Días atrás, explicamos cómo Celso Jaque benefició con unos cien millones de pesos a la distribuidora eléctrica. El problema, parece ser, es que las cuentas del Grupo demandaban –según su propia evaluación- unos sesenta millones más al año, es decir, cerca de 600 millones de pesos en diez años, producto de los famosos “asuntos pendientes” entre Edemsa y el gobierno mendocino, retraso tarifario, e indexaciones futuras. El gobierno, débil y acorralado tras el resultado electoral, no estuvo a la altura de los requerimientos. La pulseada tarifaria por una de las mayores “cajas” del Grupo ocurrió cuando empezaba a recrudecer la disputa por la Ley de Medios, en la que Daniel Vila –Manzano también, pero lo hizo con reservas y desde un paso más atrás- se alineó con el Grupo Clarín y atacó con dureza a Néstor y Cristina Kirchner en esa pelea. El gobierno mendocino, tibio al principio para no abrir un frente de tormenta, y más firme después- defendió la polémica ley. El "vuelto" estuvo a la vista de todos.
Así, entre las disputas por negocios y la pelea política, la brecha entre los ahora ex socios se fue ampliando. Y terminó hoy en la denuncia pública por extorsión que hizo el Secretario General de la Gobernación, Alejandro Cazabán, contra Vila y Manzano, y la respuesta que dio más tarde Daniel Vila desde la tapa de su diario. “Cazabán está tratando de desviar la atención de los verdaderos problemas de Mendoza” dijo el empresario. Fue una réplica –si se quiere- liviana, ante el calibre de la acusación cuasi penal que le propinó Cazabán, principal operador de la relación entre el gobierno y el Grupo desde que Celso Jaque es gobernador.
El secretario Cazabán no pudo elegir un mejor lugar para la puesta en escena de esta tarde. La Legislatura es la Casa de las Leyes, pero también la Casa de la Democracia. Y es –desde hace un tiempo- la Casa Silente y del Asentimiento. Casi todos los acuerdos de convivencia entre los empresarios denunciados y el gobierno que lo denunció, han tenido respaldo legislativo. Se sabe, con nombre y apellido, quiénes son los legisladores que responden a qué intereses. Pero casi todos hicieron hoy un silencio monacal y vergonzante. Tenían la oportunidad de preguntar y poner a la luz de los mendocinos cuanto ocurre en Mendoza. Y no lo hicieron, por falta de capacidad, por temor, o por compromisos asumidos.
El gobierno y el Grupo Vila-Manzano, en el fragor de la pelea, han comenzado a comportarse ahora como elefantes danzando en un delicado bazar, en el que los ciudadanos son meros espectadores. La administración que Cazabán representa, como el ministro más importante de Celso Jaque, es la que ha terminado de hundir a Mendoza, la que no tiene un plan para casi nada, la que no puede resolver problemas de salud, empleo, pobreza, educación, ni seguridad. Últimamente ni siquiera puede asegurarles agua a todos los mendocinos. Por eso, el último recurso, el de victimizarse por el trato “extorsivo” de Vila y Manzano, es una jugada política apenas obvia en un gobierno inerme y desbordado por la situación. Tiene razón Daniel Vila cuando dice que Cazabán –el gobierno- no se ocupa de los verdaderos problemas de los mendocinos. Pero sus palabras pierden valor al repasar su alianza táctica con el gobierno, de casi dos años. Como actor económico de la provincia, y de ser ciertos los condicionamientos y extorsiones que se denuncian, él es parte de esos problemas.
Como funcionario, tal vez Cazabán debió realizar la denuncia penal por extorsión –el código Penal lo obliga, si es que en verdad vio un delito- y utilizar las reuniones con los legisladores para plantear un plan de gobierno para sacar a Mendoza del pozo. Lo demás, es algo de pan, y un tanto más de circo. Es la disputa de dos socios que se prodigaron atenciones hasta hace muy poco, a las espaldas de esa “Mendoza que debe ser de todos” que Cazabán proclama recién ahora, luego de gobernar dos años atendiendo los intereses particulares de unos pocos.
Dicen que Néstor Kirchner fue quien dio su acuerdo para el avance del gobierno mendocino contra sus ex aliados, tal como la Casa Rosada lo hizo contra Clarín. Dicen que en el gobierno han tomado valor, y están dispuestos a ir incluso por las áreas petroleras, Edemsa, y cuanto negocio del Grupo tenga intereses en la provincia, si los siguen atormentando. Son declamaciones de escasa credibilidad, en un gobierno que se va indefectiblemente porque no podrá sucederse a sí mismo. No estamos -hay que tenerlo claro- ante el “equipo de los mendocinos”.
Esta es, simplemente, la guerra declarada de los Primus inter pares. En esta lucha el gobierno tiene mucho más que perder, porque le quedan dos larguísimos años de gestión. Y habrá que ver si la pelea tiene retorno, o si es para siempre. No hay que olvidarlo: en política y en los negocios, como se sabe, hay lugar para casi todo.