Un ingrediente más para un 2012 complejo: EEUU va a elecciones

Por lo que se escucha de parte de la dirigencia política de los Estados Unidos, el resto del mundo no podrá esperar sino que se profundice la "mirada hacia adentro" que suelen mostrar las elites del país del Norte.

Barack Obama va por la reelección. Foto: EFE
Barack Obama va por la reelección. Foto: EFE

Como si el panorama global de 2012 no fuera ya complejo, con una crisis económica sin precedentes y fuertes ajustes en las economías desarrolladas, desde el 3 de enero y hasta el 6 de noviembre la política norteamericana estará enfrascada en su carrera electoral para la Casa Blanca.

Por lo que se escucha de parte de la dirigencia política de los Estados Unidos, el resto del mundo no podrá esperar sino que se profundice la "mirada hacia adentro" que suelen mostrar las elites del país del Norte.

Había que verlo unas horas atrás al dirigente republicano Newt Gingrich, llorando en un evento público al recordar a su madre o escuchar el nivel de críticas del precandidato republicano mejor posicionado, Mitt Romney, al presidente Barack Obama.

"El está ahora en Hawaii. Nosotros estamos en el frío, la lluvia y el viento porque nos importa América. El está allá. Ahora terminó su nonagésima ronda de golf", enfatizó el postulante durante un acto de campaña. 

No parece haber mucho espacio en ese contexto para que la política norteamericana se enfoque en los grandes desafíos globales que enfrenta la economía mundial.

La carrera electoral comienza en forma oficial el 3 de enero, con los simbólicos Caucus de Iowa y una semana más tarde tendrán lugar las primarias en New Hampshire.

Los republicanos pelean por el lugar del contendiente de Obama, en una extensa travesía en la que la mayor preocupación de los postulantes parece ser la recaudación de fondos de cara a los comicios del 6 de noviembre.

En ese contexto, hay una duda extra: si los propios Estados Unidos podrán adoptar internamente una agenda económica que resulte beneficiosa para los estadounidenses pero que signifique también un primer paso para la recuperación internacional.

Como lo destaca el analista Robert Kuttner en un reciente artículo de la Revista Nueva Sociedad, cuando los niveles de aprobación de Obama tocaron un piso de 40% a mediados de 2011, la Casa Blanca ensayó un cambio de políticas, que habrá que ver tienen el tiempo suficiente de maduración en 2012 y si logran también un impacto positivo a nivel global.

Es que desde que Obama asumió, con un 70% de popularidad, buscó un permanente acuerdo con los republicanos que nunca llegó y que lo terminó acercando a políticas de achicamiento del Estado, reducción del gasto público y recortes impositivos, elementos clásicos del discurso de sus opositores.

Desde que hace unos meses anunció un nuevo plan de estímulo económico y creación de empleos -todavía muy tímido si se lo compara con el parate que sufrió la economía norteamericana y las consecuencias sociales que se registran-, su caída de popularidad se detuvo, aunque comenzó a crecer en forma moderada.

En ese contexto, Obama tendrá que pelear contra dos elementos que aparecen como retrocesos en el sistema político norteamericano.

El primero es la decisión de la Corte Suprema estadounidense de eliminar los límites para que las grandes empresas -muchas de ellas las más cuestionadas por el público, en Wall Street- realicen aportes de campaña.

El otro aspecto es la amenaza de que, por errores propios y acciones ajenas, se registre una importante caída en la afluencia a las urnas.

Es que en las elecciones de 2008, Obama logró entusiasmar a grupos de activistas de minorías y a jóvenes que se organizaron para impulsar su candidatura y convocar al voto.

Pero ahora, a partir de la búsqueda de un "consenso" que nunca logró y que no le rindió frutos, buena parte de ese electorado se muestra apático y desmovilizado.

A eso hay que sumarle los obstáculos que algunos Estados buscan imponer para hacer aún más difícil el acceso a las urnas.

Hace poco más de una semana, el gobierno norteamericano objetó una ley aprobada en Carolina del Sur, que obliga a los votantes a contar con una documentación especial para emitir su sufragio, en el marco de una disputa que amenaza con extenderse.

Es que para la Casa Blanca, ese tipo de medidas perjudicarían más a las minorías raciales, donde se concentra una buena parte de los votantes del actual presidente.

Según el seguimiento que realiza Gallup, Obama llega a fin de año con un nivel de aprobación del 43 por ciento y un rechazo del 48%.

Con final abierto, la campaña electoral norteamericana será un  elemento más de incertidumbre en un mundo en el que nadie se anima a predecir cuándo se registrará el final de una crisis económica en la que los liderazgos políticos de los países desarrollados aparecen cuestionados.

Fuente: NA